Un cierto aire de regeneración
Marga Prohens acaparó la atención general en la presentación de El Debate en Baleares. Todos querían acercarse a ella, lo que pronto se convirtió en misión imposible
El Hotel Meliá Gran Victoria se llenó para la presentación de El Debate en Baleares
Damas elegantes, caballeros encopetados. El espléndido salón del Meliá Victoria lucía como un palacio vienés en la anochecida mallorquina. Los invitados llegaron muy pronto y el amplio espacio se llenó en un santiamén. Joan Monjo, experto en el recuento de personas y votos, calculó mentalmente la asistencia: «Aquí hay 250 personas, como poco».
El comentario de los discursos -solemnes unos, alegres y esperanzadores casi todos- no corresponden al ámbito de esta contracrónica. Yo me fijé en la gente, muchos de ellos conocidos e incluso amigos de toda la vida, y en el ambiente que su delicada presencia creó en aquel extraordinario marco. Una de las primeras personas que pude saludar fue María Salom, la senadora, quien mantiene toda su influencia y poderío en la ribera diestra del Pecos. Su indumentaria era colorista y su charla, en la línea de lo habitual, muy interesante, aunque nunca ha sido dama proclive a dar exclusivas.
En eso llegó la presidenta Prohens. Vestía de color claro -no totalmente blanco, como es su tendencia- con una chaqueta tipo cropped y un elegante jersey de color negro. Clásica y elegante, como siempre. En segundos, Marga acaparó la atención general. Todos querían acercarse a ella, lo que pronto se convirtió en misión imposible.
Fue una noche solemne, festiva, pero por encima de todo flotaba una especie de espíritu como de regeneración. Por cierto, el gracioso de turno, que nunca falla, emitió justo a mi lado el primer comentario mordaz de la velada: «Premio para el primero que avizore un socialista»
Era verdad, no estaban. Sin embargo, alguien contó que Francina Armengol había excusado su asistencia a través de una carta «extremadamente cariñosa». Algo es algo, pero a su cohorte palmesana no se la vio y tampoco creo que se la esperase.
Este tipo de fiestas ayudan al reencuentro con el amigo lejano. Saludé a Tomeu Berga, con quien compartí afanes comunicadores en los lejanos, ay, tiempos de El Día. Y a Ignacio Deyá, presidente del Círculo Mallorquín. Idoia Ribas, diputada disidente de Vox, estaba muy guapa. Yo diría que prepara «algo» pero solo se trata de una intuición personal, no vayan ustedes a creer.
Durante el acto me coloqué en un plano discreto, más o menos en la mitad del salón, junto a Monjo y Xisco Miralles, siempre sonriente. Como me ocurre a menudo, saludé a personas que dijeron conocerme de toda la vida pero a las que, en aquel momento, no supe ponerles nombre. Finalizado el acto formal menudearon los corrillos. Eran tan interesantes que en algún momento eclipsaban la exquisitez del cóctel, en el que no faltaba casi de nada. Picotear libreta en mano -ya saben, yo soy de la vieja escuela- se me hizo un tanto difícil. Al final, naturalmente, se impuso la obligación profesional. Con el canapé en una mano y la copa en la otra me situé en un rincón de la sala con Xisco Fiol -que fue mi conseller y ahora es mi abogado-, presidente del Consell Econòmic i Social, y María Antonia Garcías, su esposa, una eminencia en economía. Recordamos un lejano viaje a Nueva York con el expresidente Matas, ha llovido. En aquel corrillo, por cierto, estaba el «hombre misterioso» sobre cuyas recias espaldas ha recaído la responsabilidad de traer El Debate a Baleares. Como hacen las personas verdaderamente importantes, él prefiere situarse en un segundo o tercer plano. Solo revelaré un detalle del personaje: le gustan mucho las sobrasadas de Santa Margalida.