Cabras salvajes
Mallorca prohíbe alimentar a las cabras salvajes para frenar su expansión
El Consell instala carteles informativos en miradores, calas y aparcamientos y advierte de multas
La postal idílica de turistas ofreciendo pan o galletas a las cabras en los miradores de Mallorca ha quedado atrás. El Consell de Mallorca ha decidido poner fin a esta costumbre, que hasta ahora parecía inofensiva, y ha aprobado una norma que prohíbe expresamente alimentar a estos animales salvajes. Quien incumpla la norma se expone a sanciones económicas y administrativas.
La decisión se ha tomado tras constatar un aumento de incidentes provocados por las cabras, cada vez más confiadas y agresivas. Según el consejero Pedro Bestard, «alimentarlas altera su comportamiento natural, genera dependencia, agrupa a los ejemplares y puede provocar situaciones de agresividad».
La nueva norma, publicada en el Boletín Oficial de las Islas Baleares (BOIB), prohíbe expresamente «alimentar artificialmente o atraer con comida a las cabras salvajes y asilvestradas en zonas concurridas por el público». El objetivo de esta medida es garantizar la convivencia entre la fauna y las personas, proteger a la cabra salvaje mallorquina y mantener el equilibrio ecológico de los espacios naturales
Para ello, se instalarán carteles en tres idiomas con el mensaje Prohibido alimentar a las cabras en puntos estratégicos: miradores, aparcamientos y zonas de baño. La primera de estas señalizaciones se colocó este martes en Cala Murta, Pollença, en un acto acompañado por Bestard, agentes medioambientales y representantes de la Fundación Rotger Villalonga, propietaria de la finca.
Propietarios, arrendadores de inmuebles, responsables de establecimientos y trabajadores podrán colocarlos para reforzar la concienciación ciudadana y evitar prácticas que alteren el comportamiento de la fauna.
Colocación de carteles de prohibición
El incumplimiento de la norma conllevará sanciones según la Ley balear de caza y pesca fluvial. La legislación contempla multas de 60 a 450 euros para infracciones leves, entre 451 y 2.000 euros para las graves y hasta 20.000 euros en los casos muy graves, incluyendo la posible retirada o suspensión de licencias de caza. La norma no afecta a los titulares y gestores de cotos que actúan siguiendo las normas cinegéticas autorizadas.
La proliferación de cabras salvajes en Mallorca plantea riesgos ecológicos y sanitarios. Los animales dañan la vegetación autóctona, alteran los ecosistemas y, al congregarse en zonas humanas, generan situaciones de agresividad. La dependencia de la alimentación humana provoca además un desequilibrio en la distribución natural de la especie, concentrando animales en espacios que no serían los habituales de su hábitat.
La Fundación Rotger Villalonga, propietaria de Cala Murta, participó en la colocación de carteles junto a su presidente, Pere Antoni Borràs, y su gerente, Joan Comas, así como representantes de los gestores de caza, Gabriel Santacreu y Gabriel Canaves, y el responsable agrícola de la finca, Joan Vanrell. La entidad, sin ánimo de lucro, trabaja para destacar los aspectos culturales, patrimoniales y ambientales de esta finca emblemática de Pollença, un espacio que ahora se convierte también en ejemplo de gestión responsable de la fauna salvaje.