Repostando el coche con aceite de girasol

Repostando el coche con aceite de girasol

Insólito

El gasóleo es tan caro que algunos conductores optan por llenar el depósito con aceite de girasol

Se trata de un biocombustible de primera generación que puede hacer funcionar un motor diésel. Otra cosa es que sea recomendable

No se trata de ninguna leyenda urbana, los motores diésel de los coches pueden funcionar con aceite de girasol en lugar de gasóleo, especialmente los motores más antiguos. El problema de los modernos no es que no funcionen, sino que tienen muchos filtros y elementos electrónicos que pueden estropearse con el girasol.

Más allá de que funcione, está el hecho de que sea recomendable, pues podemos provocar una avería muy importante en nuestro vehículo si decidimos usarlo. El problema es que, con la subida de precios de los carburantes –y especialmente del gasóleo–, no son pocos los conductores que habrán pensado en usar un combustible alternativo.

Mi coche está aceitoso...

A día de hoy, no es raro encontrarnos el litro de gasóleo en torno a los 2 euros, mientras que podemos encontrar el aceite de girasol entre 1,50 y 1,60 euros, lo que se traduce en un ahorro instantáneo.

Garrafas de girasol para un viejo Citroën Xsara Picasso

Garrafas de girasol para un viejo Citroën Xsara Picasso

Tal y como muestra el propietario de un Audi A6 2.5 TDi de 1999, es posible rellenar el depósito con aceite de girasol sin apreciar el menor problema de funcionamiento en el coche, como puede verse en este vídeo distribuido en redes sociales.

De hecho, estaríamos hablando de un biocombustible de primera generación, un producto que en su momento se usó mucho en algunos países pero se dejó de utilizar porque consume mucha semilla de girasol y recursos agrícolas en general, lo que provoca que se dispare su precio en los mercados internacionales, lo que perjudica a los países en vías de desarrollo. Por este y otros motivos se desaconsejó su utilización.

Así, se siguen utilizando biocombustibles de segunda generación, que en este caso no tienen su origen en productos salidos de cultivos, sino en excedentes agrícolas, algas e incluso los restos de cosechas que no son válidos para el consumo o aceites vegetales usados, como por ejemplo el de las freidoras.

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