Gabriel Bibiloni, ex profesor de la UIB, denuncia a una cajera de Leroy Merlin

Un conocido lingüista mallorquín denuncia ante Consumo a una cajera que le habló en español

Gabriel Bibiloni, defensor de que el castellano es una lengua impuesta en Mallorca, señala a Leroy Merlin y pide sanciones legales para la «agresión lingüística»

Es lingüista y ya está jubilado como profesor de la Universitat de les Illes Balears (UIB) pero el mallorquín Gabriel Bibiloni sigue dando lecciones de catalán en sus redes sociales a periodistas y políticos que se salen del tiesto normativo. Pero esta semana, este doctor en filología románica catalana, conocido por sus tesis contra el español -defiende sin reparos que «la única lengua impuesta en Mallorca es el castellano»-, mutó en policía lingüístico señalando públicamente a un comercio de Mallorca porque una empleada le atendió en castellano.

«Una cajera de Leroy Merlin me dice que no me entiende y que no me atiende si le hablo en [icono de la bandera española]», publicó Bibiloni en un mensaje en su cuenta de X, anunciando una «demanda» lingüística ante la oficina de Consumo del Govern balear.

El departamento de Consumo se dirigió al comercio para conocer su versión y permitirle presentar alegaciones. Entonces Leroy Merlin informó a Consumo de que había telefoneado al cliente para pedirle disculpas. Un perdón que no fue suficiente porque, según Bibiloni, «no hay sanciones legales previstas».

«Consumo me dice que tengo diez días para presentar alegaciones contra las alegaciones [de la tienda]. Resumen: como no hay sanciones legales previstas, esto acabará en nada y en una pérdida de tiempo», se quejó en su hilo de mensajes en X.

Lamentó también que «los consumidores baleares estamos totalmente desprotegidos en nuestros derechos y sometidos a los abusos de las empresas» [privadas], pero refiriéndose sólo a los catalanohablantes.

Bibiloni es un fiel defensor del requisito obligatorio del catalán en la administración pública. En 2023, en una entrevista concedida a Diario de Mallorca, criticó la decisión del Govern del PP de Marga Prohens de eliminar esta exigencia a los médicos y enfermeras ante la falta de profesionales.

«Si no puedo ir al médico y hablar catalán, mis derechos como ciudadano quedan en papel mojado», rebatió entonces, subrayando que la atención sanitaria en catalán era intocable.

«Para ejercer mi derecho a hablar y escribir en catalán es necesario que la persona que me atiende y cobra de la Administración tenga que hablar en catalán», insistía en aquella entrevista. Por tanto, consideraba «natural que la Administración exija el conocimiento de nuestra lengua [la catalana] como un requisito fundamental».

Defensor del catalán como requisito

Tras señalar a los funcionarios públicos, ahora su planteamiento se amplía a los trabajadores de las empresas privadas para no sentirse «indefenso», como ha denunciado que fue su caso.

La Plataforma per la Llengua, entidad multisubvencionada por la Generalitat de Cataluña, se apresuró a pedir toda la información a Bibiloni para documentar esta «agresión lingüística» en su memoria anual. Una especie de lista negra de comercios señalados que atienden en castellano y a quienes la autodenominada ONG del catalán reprocha que no les deje «vivir plenamente en catalán».

Bibiloni reconoció entonces que el incidente ocurrió hace meses pero decidió sacarlo a la luz ahora, tras la notificación de Consumo y en vistas de que «parece que no hay nada más que hacer útil».

«Rotulación monolingüe española»

Desde el comercio no han querido alimentar la polémica públicamente. En las redes, muchos aplausos y propuestas de boicot al establecimiento, aunque también hay un usuario que desmiente al denunciante y asegura que la cajera fue amable y le ofreció a Bibiloni que pasara a otra caja donde le podían atender en mallorquín. «Pero no te dio la gana. Estabas molestando a los clientes de detrás», explicó este perfil anónimo, que a su vez fue desmentido por el profesor jubilado: «Mentira».

Un día después de su denuncia pública, Gabriel Bibiloni se felicitó públicamente por la repercusión de su tuit, que superaba -por entonces- las 141.000 visualizaciones. Y por eso concluyó que «toda agresión lingüística ha de ser denunciada con la máxima difusión en las redes sociales y allá donde se pueda. ¿Lo habéis visto, Leroy Merlin?», preguntó enlazando directamente con el establecimiento.

Luego lanzó otra pataleta por la rotulación «completamente monolingüe española». En su opinión, «otra muestra de cómo respetan la lengua del país». Naturalmente, no se refería a la lengua oficial del Estado.