El diputado de Més per Mallorca en el Congreso, Vicenç Vidal, junto a las portavoces del partido en el Consell y en el Ayuntamiento de Palma, Catalina Inés Perelló y Neus Truyol, respectivamente, frente al monolito de Sa Feixina
La asociación que intentó derribar el monolito Sa Feixina de Palma monta ahora una colecta para pagar las costas
Memoria de Mallorca, que fue condenada a pagar 3.200 euros de costas tras el blindaje judicial del monolito, insiste en que es un monumento franquista
El intento de derribar el monolito de Sa Feixina de Palma le ha salido caro a Memoria de Mallorca. La asociación, principal ariete junto con los partidos de izquierda contra este monumento levantado en recuerdo de los fallecidos en el crucero franquista Baleares, se encuentra en una situación de asfixia financiera. La justicia blindó el obelisco e impuso a la entidad el pago de las costas procesales. La factura asciende a algo más de 3.200 euros, una cantidad que la entidad no tiene y que debe abonar «de manera inmediata» para evitar el devengo de intereses.
La portavoz de la asociación, Maria Antònia Oliver, anunció una colecta para recaudar fondos. Tildó de «vergüenza» que una entidad sin ánimo de lucro sea condenada económicamente por intentar mantener el espacio público «limpio de monumentos franquistas».
Según Oliver, el monolito de Palma es el vestigio de la dictadura «más grande» que queda en España y resulta «ofensivo» para una parte de los ciudadanos.
Pese a las críticas de Memoria de Mallorca, el obelisco ya fue despojado de la simbología franquista en 2010 para cumplir con la ley de Memoria bajo el mandato de la socialista Aina Calvo y con el apoyo del PP en la oposición.
Se suprimió todo vestigio de exaltación y se eliminó el águila imperial, los yugos y las flechas. Se quitó también la inscripción que rezaba 'Mallorca a los héroes del crucero Baleares. Gloria a la Marina Nacional. Viva España'. En su lugar luce ahora una placa contextualizadora que deja claro que recuerda a los marineros fallecidos en el hundimiento del barco y sirve como «símbolo de la voluntad democrática de no olvidar nunca los horrores de las guerras y las dictaduras».
Una condena por «defender la dignidad»
Miembros de Memòria de Mallorca sostienen la foto de los fundadores de la entidad en su 20º aniversario
Pero la entidad no quiso zanjar el debate de la simbología y se empeñó en llevar el derribo hasta el Tribunal Supremo, donde los magistrados dictaminaron que el monumento debe protegerse por su valor arquitectónico, rechazando la tesis de la entidad memorialista.
«Es una condena por defender la dignidad y la democracia», insisten desde la asociación, que fía ahora su viabilidad a la respuesta de los colectivos afines para cubrir un agujero contable que amenaza su actividad diaria.
El monumento levantado en 1948 en memoria de los fallecidos en el crucero franquista Baleares sigue en pie en el glacis de la plaza Sa Feixina, en el barrio de Santa Catalina de Palma, y gozará finalmente de una protección máxima integral, en contra del empeño de los partidos de izquierda que intentaron sin éxito derribarlo en la última década.
Por otro lado, Oliver adelantó que la asociación elevará una queja formal ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). El motivo es la demora en la apertura del juicio oral contra el presidente del Parlamento balear, Gabriel Le Senne, investigado por un presunto delito de odio tras romper una fotografía de Las Rojas del Molinar durante un pleno.
La portavoz llegó incluso a comparar los tiempos de la justicia, señalando que la causa contra el exfiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, se ha tramitado con celeridad mientras que el caso de Le Senne sigue «a la espera».