Misa y descendimiento del Cristo de la Sangre en la iglesia de la Sangre, en Palma, en 2025
Palma arranca el fervor de su Semana Santa: devoción, recogimiento y la tradición de la Sangre
Más de 4.000 penitentes y 33 cofradías custodian en las calles una fe viva desde el siglo XVI, con la procesión del Santo Cristo de la Sangre como cima de la devoción mallorquina
Las 33 cofradías de la capital balear ultiman ya el despliegue de 4.500 penitentes y 45 pasos para una Semana Santa que recupera su pulso histórico. Con el Domingo de Ramos superado, la ciudad encara sus días grandes bajo la hegemonía del Cristo de la Sangre, una tradición que desde 1554 vertebra la fe y la identidad palmesana. Entre efemérides y el 75 aniversario de la Santa Cruz, Palma vuelve a exhibir en la calle su sentir espiritual que, cuatro siglos después, sigue marcando el calendario de la isla.
El presidente de la Asociación de Cofradías de la Semana Santa de Palma, Bernat Riera, ha explicado a El Debate cuál será el programa de las procesiones previstas a partir de este lunes, una vez celebrado ya el Domingo de Ramos. «El lunes habrá cuatro procesiones, el martes saldrán dos y el miércoles habrá tres», señala, al mismo tiempo que recuerda que las procesiones del Jueves Santo y del Viernes Santo serán, de nuevo, las más importantes que acogerá la ciudad.
La primera de estas dos multitudinarias procesiones, denominada del Sant Crist de la Sang —Santo Cristo de la Sangre—, partirá el jueves a las 19.00 horas desde la Iglesia de la Anunciación y recorrerá algunos de los espacios más simbólicos de Palma, como la Plaza del Hospital, La Rambla, la calle San Miguel, la Plaza Mayor, la calle Colón y la Plaza de Cort, hasta culminar inicialmente en la Catedral de Mallorca y de forma definitiva en la Iglesia de la Anunciación de nuevo. El actual recorrido se inició hace aproximadamente una década, con el objetivo de que la duración de esta procesión no fuera tan larga como antes, ya que en ocasiones finalizaba en torno a las tres de la madrugada o incluso un poco más allá de esa hora.
Todas las cofradías
«En la Procesión del Jueves Santo participarán las 33 cofradías de la ciudad, con la presencia de entre 4.200 y 4.500 penitentes, que procesionarán con un total de 45 pasos», avanza Riera. La más antigua de las hermandades palmesanas, la Antiquísima Cofradía de la Cruz de Calatrava, fundada en 1902 y con sede en la Iglesia de Nuestra Señora del Socorro, será una de las protagonistas del Jueves Santo, junto al resto de cofradías, que, con sus estandartes, túnicas y penitentes, transformarán las calles de Palma en un escenario de devoción compartida.
La imagen del Santo Cristo de la Sangre estará acompañada un año más por la imagen de La Dolorosa, que procesiona con la Real Cofradía de Penitentes de la Virgen Dolorosa —a la que pertenece Riera—. Esta segunda imagen, que empezó a procesionar en 1890, se ideó de manera expresa para acompañar al Cristo de la Sangre.
Por otro lado, Riera destaca que la Cofradía de Penitentes del Santo Cristo de Santa Cruz cumple este año su 75 aniversario, una conmemoración que dicha cofradía está celebrando estas últimas semanas con distintos actos. Hace dos años, en 2024, había habido ya otras dos efemérides relevantes, en concreto, el centenario de la Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza y de la Paz, con sede en la Basílica de San Francisco, y el centenario de la Agrupación de Penitentes del Santo Cristo de la Agonía, en el Convento de Santa Clara.
Tradición secular
Con raíces que se remontan al siglo XVI, la Semana Santa en Palma tiene como origen precisamente la Procesión del Santo Cristo de la Sangre, documentada por primera vez en 1554. La citada imagen, profundamente venerada por los mallorquines, estuvo desde sus inicios vinculada al Hospital General, fundado en 1456 por una bula del Papa Calixto III, donde se le rendía culto.
A partir de 1564, la Cofradía de la Sangre organizó esta procesión con el fin de recaudar limosnas para el hospital, consolidando así un acto que con el tiempo se convertiría en el más emblemático del calendario pascual de la ciudad. Tal como recoge el interesante estudio Notas sobre la evolución de las cofradías de Mallorca en los siglos XVI al XVIII, de Vicente Montojo, «las cofradías no sólo fueron ámbitos de culto y sociabilidad, sino también modos de organizarse para fines asistenciales e identitarios».
Este especialista también resaltaba en las conclusiones de su estudio que «las cofradías de Mallorca, fueran penitenciales, de gloria o de otro tipo, se desenvolvieron en los siglos XVI al XVIII de modos muy diversos, pero en ellos se muestra —sobre todo a través de su litigiosidad— una interrelación entre distintos sectores poblacionales, como autoridades eclesiásticas y civiles, artistas, músicos, conventos de frailes o distintos gremios».
Compromiso espiritual
De algún modo, esa dinámica se mantendría igualmente en los convulsos siglos XIX y XX, hasta llegar a nuestros días, en donde en este 2026 las distintas procesiones programadas en Palma y en el resto de municipios de la isla recorrerán las calles con la solemnidad de los siglos, reafirmando una tradición que sigue tan viva como en sus orígenes.
Un hecho específico que merece ser mencionado en el caso de Palma es que en 1984 hubo por vez primera mujeres cofrades en las procesiones, una circunstancia que además contribuyó a revitalizar la Semana Santa en la capital balear. Una de esas mujeres pioneras fue la política popular Catalina Cirer, que pertenece a la Cofradía de la Santa Faz. Desde aquel año, Cirer ha participado siempre en las procesiones, incluso cuando era la alcaldesa de Palma o cuando posteriormente fue la consejera autonómica de Servicios Sociales.
Cirer será, por tanto, una de las miles de personas que recorrerán estos días las calles de Palma para reafirmar su fe católica. Como ha recordado el alcalde de Palma, Jaime Martínez, en el programa de la Semana Santa de este año, «todos los cofrades, sean nazarenos, penitentes, costaleros o músicos, guardan estos días un compromiso espiritual que contribuye a preservar unos valores, como la reflexión y el recogimiento, que hemos de hacer extensivos a todo el año».