Monedas en las que el infausto rey Fernando aún se titulaba «hisp. et balearium rex»
Historia
Operación Pitiusas: el truco semántico para trocear Baleares y servirla a Cataluña
El catalanismo se olvida que Baleares es la denominación usada para todo el archipiélago desde el siglo IV cuando Roma creó la provincia autónoma «Insularum Baliarium»
«Els noms dels nadons a les Illes Balears i Pitiüses» (título de un artículo publicado en la revista Llengua i ús: revista tècnica de política lingüística). «El turisme a les Balears i Pitiüses. Breu història gràfica» (exposición organizada por la Universidad de las Islas Baleares). Estos dos títulos pueden parecer, en principio, inocentes, pero denominar al archipiélago balear como «Illes Balears i Pitiüses» no esconde más que una parte de la estrategia catalanista de fracturar y eliminar la milenaria identidad balear para así integrar las islas en la megaidentidad de la utópica Gran Cataluña. Es una nomenclatura utilizada habitualmente en publicaciones de doctrina catalanista.
Es común en sus autores, en la Universidad de las Islas Baleares, en la Generalidad de Cataluña, y en el Instituto de Estudios Catalanes (un ejemplo, el Catalan Historical Review publicado en 2009). Y, cómo no, en el partido político Esquerra Republicana de Cataluña, que su sede de Baleares lo es de «Illes Balears i Pitiüses».
Pero el catalanismo se olvida que Baleares es la denominación usada para todo el archipiélago desde el siglo IV cuando Roma creó la provincia autónoma «Insularum Baliarium» y que llegó hasta la Constitución de 1812 con la denominación «Provincia de las Islas Baleares» y actualmente es la «Comunidad Autónoma de las Islas Baleares». Hasta la creación de la provincia romana si que se distinguía entre Baleares (o Gimnesias) y Pitiusas, pero ya han pasado casi dos mil años.
Cuentan los clásicos que los honderos llegaron a las islas Gimnesias (actuales islas de Mallorca y Menorca) a principios del siglo XII a.C. huyendo de la guerra de Troya. Licofrón de Calcis en su poema «Alexandra» (siglo III a.C.) detallaba que los fugitivos procedían de Beocia: «Los que a las rocosas islas Gimnesias (los beocios) habrán arribado, vestidos de cuero, semejantes a cangrejos, vivirán desnudos y descalzos armados de tres hondas de dos cabos»; mientras que Estrabón en su «Geographiká» (siglo I a.C.) afirmaba que los honderos procedían de la isla de Rodas: «algunos dicen que las islas llamadas Gimnesias fueron fundadas por ellos (los rodios) después de su partida de Troya». En esos siglos Estrabón también denominaba a las islas de Mallorca y Menorca con el nombre cartaginés de Baleares, así como el mar existente entre Iberia y ellas: «Frente a la desembocadura del Ebro, hacia el sur, se hallan las Baleares, islas memorables, en razón de las cuales el mar se denomina allí Baleárico; a estas islas los griegos las llamaron Gimnesias». Y también añadía a las islas Pitiusas: «De las islas próximas a Iberia, las dos Pitiusas y las dos Gimnesias están frente al litoral comprendido entre Tarracon y el Sucron (río Júcar)».
Se estima que alrededor del siglo VIII a.C. los griegos dieron al conjunto de Mallorca y Menorca el nombre de Gimnesias en referencia a los honderos, a los que llamaron gimnetas debido a su escasa indumentaria. Al siglo siguiente, los cartagineses se establecieron en la actual isla de Ibiza donde fundaron Ibosim en el año 654 a. de C., en honor al dios Bes. Desde allí llegaron a las costas de las Gimnesias con distinta suerte ya que no pudieron establecerse en ellas al ser recibidos a pedradas por sus habitantes.
Ba' lé yaroh fue el nombre con el que denominaron a los honderos debido a su maestría en el lanzamiento de proyectiles, de ahí el nombre de Baleares. Pero no acabaron ahí las denominaciones, faltaban aquellas acabadas en «–usa», que eran las utilizadas por los foceos para señalar sus rutas comerciales en las costas del Mediterráneo.
Según relataba el griego Heródoto de Halicarnaso, durante su expansión hacia el Mediterráneo occidental a principios del siglo VI a.C. los foceos habían llegado hasta el mar Adriático, el mar Tirreno y también a las costas de Iberia. Además de fundar Massalia, Emporion y Hemeroskopeion, en su periplo dejaron los nombres de Pitekusa (actual isla de Isquia), Iknusa (la isla de Cerdeña) y Kotinusa (en la bahía de Cádiz). También recalaron en las actuales islas Baleares dando un primer nombre particular a cada una de las islas. Kromiusa para Mallorca, debido a la abundancia de cebollas silvestres. Melusa era Menorca, debido a la abundancia de ganado o animales pequeños, mientras que Pitiusa era Ibiza, la isla de los pinos, y Ofiusa era Formentera que significa la isla de las serpientes.
De todas las denominaciones la que se consolidó fue la dada por los cartagineses, Baleares, ya que fue la que se propagó entre los romanos durante los más de cien años que duraron las denominadas Guerra Púnicas (264 a. C. y 146 a. C.). Los romanos tuvieron que enfrentarse contra los honderos baleares, que ya llevaban batallando más de dos siglos contra los griegos en Sicilia en la vanguardia de los ejércitos cartagineses.
Además de la victoria púnica en la batalla de Akragás (406 a.C.), la más célebre de las victorias frente a los griegos fue la que aconteció en el año 311 a.C. en Eknomon, donde 1.000 honderos lucharon para Amílcar, hijo de Gisgón. Los honderos baleares siguieron batallando en los ejércitos cartagineses de Aníbal Barca contra los romanos durante las Guerras Púnicas. 2.000 honderos acompañaron a Aníbal en su famosa travesía de los Alpes en el año 218 a.C., logrando victorias clave contra Roma en Trebia, el lago Trasimeno y Cannas. Pero finalmente Aníbal y sus honderos fueron derrotados en el norte de África en la batalla de Zama (202 a.C.), ante Escipión El Africano. Con ella acabaron las noticias de los honderos durante casi un siglo, hasta la conquista de Baleares.
Después del desastre de Zama, Roma destruyó Cartago consolidando su dominio sobre el Mediterráneo. Roma conquistó poblaciones clave en Grecia, Hispania y Asia Menor, entre ellas las estratégicas islas Baleares. Cuenta Tito Livio, que Quinto Cecilio Metelo para poder desembarcar (123 a.C.) tuvo que extender pieles sobre las cubiertas de sus naves para evitar el impacto de los proyectiles lanzadas por los honderos.
Tras una campaña de dos años, incorporó las islas a la provincia de Hispania Citerior, y fundó las ciudades de Palma y de Pollentia. Desde entonces se olvidó el nombre griego de Kromiusa y Melusa para las dos islas Baleares por uno más sencillo, pasando a llamarse «insula maior» e «insula minor», para derivar en «Maiorica» y «Minorica». Por sus éxitos V Cecilio Metelo fue premiado por el senado romano con el triunfo de Balearicus, la denominación de Baleares había quedado para la posteridad. Por su parte, las islas Pitiusas mantuvieron su autonomía comercial como ciudad federada hasta el año 70 d.C., cuando el emperador Vespasiano las convirtió en municipio romano, integrándolas plenamente en la estructura administrativa del Imperio. Tres siglos después el archipiélago balear ya eran todas las islas. Así rezaba mil años más tarde en los preparativos de la conquista aragonesa de Mallorca de 1229: «insulis Maioricarum scilicet Minoricarum atque Evice et in omnibus aliis Balearibus insulis» (islas de Mallorca, Menorca, Ibiza todas ellas islas Baleares).
Después de la constitución del reino cristiano de Mallorca, la denominación Baleares tuvo que dejar sitio a la de «Regne de Mallorques». No fue hasta finales del siglo XVI cuando el cronista Juan Binimelis amplió su historia del reino de Mallorca hasta llegar a la Edad Antigua, de donde recuperó la milenaria denominación de Baleares.
En un juicio de 1606 se documentó la Real Audiencia como la «Regia Audientia Regni Balearium». La posterior historia del reino de Mallorca del cronista Juan Dameto (1633) ya fue la «Historia General del reyno Balearico». Un siglo más tarde, en un tratado notarial de 1725, se referían a la denostada lengua balear: «Formularium testamentei Baleari lingua».
Con la desaparición del reino de Mallorca a partir de los Decretos de Nueva Planta de Felipe V la milenaria denominación de Baleares fue recuperando su lugar. Durante la Guerra de Independencia se acuñaron las últimas monedas en las que el infausto rey Fernando se tituló «hisp. et balearium rex» y no «hispaniarum et balearium et pitiusarum Rex».