Aleix Reynés
Palma
El arquitecto que 'salvó' el Consulado de Mar: «Se creía que estaba bien, pero el edificio era una ruina»
Aleix Reynés rememora la reforma integral de un conjunto arquitectónico que fue desde prisión hasta hospital, y que hoy funciona como sede del Govern balear tras descubrirse tesoros ocultos en sus muros
En el actual Paseo Sagrera de Palma se encuentra un bellísimo conjunto arquitectónico gótico conformado por la Lonja y el Consulado de Mar, que fue ideado por el arquitecto y escultor mallorquín Guillem Sagrera. La primera de esas dos edificaciones se construyó en el siglo XV, mientras que la segunda se levantó también en esa misma época, si bien con posterioridad experimentó varias reformas, que incluyeron elementos renacentistas. En su origen, ambas construcciones eran las dos principales dependencias del Colegio de la Mercadería de Mallorca, un colegio que a partir del siglo XV y en las dos centurias siguientes fue la institución gremial más importante en la isla en el ámbito comercial, en consonancia con lo que ocurriría también en otros enclaves marítimos del Mediterráneo.
Tras este periodo, a partir del siglo XVIII la Lonja palmesana pasaría a tener sucesivos usos, entre ellos los de almacén, taller de fundición, prisión, hospital o salón de baile, hasta llegar a su función actual, que es la de un espacio que se utiliza esencialmente para exposiciones y eventos culturales. Previamente, en 1983, se constituyó allí el primer Parlamento autonómico balear, que luego pasó a tener su ubicación definitiva en otro edificio histórico, la antigua sede del Círculo Mallorquín, situada en la calle Palacio Real.
Fachada principal del edificio tras la reforma
Esquina calle del Consolat con calle de Sa Llotja : esquina del siglo XIX de Isidoro González y último cuerpo ampliado en la calle de Sa Llotja
Por lo que respecta al Consulado de Mar, se convirtió en la sede de la presidencia del Ejecutivo regional aquel mismo año. Desde entonces, han ocupado sus salas siete presidentes autonómicos, en concreto, Gabriel Cañellas, Cristòfol Soler, Jaume Matas, Francesc Antich —fallecido en enero del pasado año—, José Ramón Bauzá, Francina Armengol y Marga Prohens, quien en unos meses cumplirá ya tres años en el cargo.
Un reconocido arquitecto
El autor de la reforma más reciente del Consulado de Mar fue el reconocido arquitecto mallorquín Aleix Reynés (Palma, 1948). De su dilatada trayectoria laboral cabe destacar que trabajó de manera sucesiva en la antigua Diputación Provincial de Baleares, en el Consell de Mallorca, en el Consell General Interinsular —antecedente directo del Govern— y, finalmente, en el Gobierno balear, ocupando en dicha institución el cargo de jefe del Departamento de Arquitectura desde su creación hasta su jubilación en 2013.
Fachada gótica descubierta sobre galería
Su trabajo más conocido es, sin duda, la citada reforma del Consulado, aunque podemos citar también otros destacados proyectos suyos, como por ejemplo varias rehabilitaciones en la Lonja, la renovación de los edificios en donde hoy se ubican la Consejería de Servicios Sociales y la Consejería de Presidencia, diversas actuaciones de mejora en el Palacio de Marivent y reformas integrales en los edificios de Son Vent. «La reforma del Consulado de Mar me la encargó el Consell General Interinsular en 1979», rememora. Las obras empezaron a finales de ese mismo año y concluyeron a principios de 1981.
En conversación con El Debate, Aleix Reynés confirma en primer lugar que «tanto funcionalmente como arquitectónicamente, el Consulado y la Lonja formaron siempre un conjunto». Aun así, desde el principio estuvieron separados por una pequeña explanada, un llano que nuestro interlocutor considera «un gran acierto arquitectónico» y que todavía hoy existe. «La Lonja estaba destinada básicamente al mercado y albergaba a la vez los órganos de gobierno del Colegio de la Mercadería», destaca, para añadir: «Por su parte, el edificio del Consulado se construyó ante la necesidad de tener salas y recintos cerrados».
Artesonado en plena restauración
Los nuevos tiempos
«El Consulado de Mar había albergado antes de mi reforma diversas entidades o instituciones, entre ellas la Junta Provincial de Agricultura, la Escuela de Magisterio femenina, el Museo Marítimo o la Jefatura Provincial del Movimiento», explica a continuación. El edificio en su conjunto sería cedido a finales de los años setenta al Consell General Interinsular por parte del Estado.
Ante las necesidades del nuevo tiempo político, «las obras de reforma se llevaron a cabo con una cierta premura y respondieron a la vez a descubrimientos, investigaciones, decisiones y ejecuciones muy rápidas», que en cualquier caso serían consensuadas con «expertos en las diferentes materias del patrimonio artístico».
Fachada gótica lateral descubierta
Un hecho que recalca Aleix Reynés es que antes de que acometiera la reforma «se creía que el edificio estaba en buen estado», por lo que el primer encargo que se le hizo contemplaba únicamente «la sustitución de la cubierta en mal estado, en la parte primitiva del edificio». Sin embargo, «al empezar las obras se descubrieron zonas del edificio antiguo que estaban ruinosas y acabó siendo una reforma integral del edificio antiguo, junto a un remate digno del nuevo edificio ejecutado».
Una compleja actuación
La intervención que se llevó a cabo en el Consulado de Mar se desarrolló en tres zonas distintas. La primera zona en la que se actuó está conformada por la planta baja abovedada, la capilla situada justo al lado, el gran salón de plenos ubicado en la primera planta, los despachos establecidos en la segunda planta y la fachada con galería porticada renacentista que se puede observar desde el Paseo Sagrera. En la planta baja se intervino «eliminando toda la tabiquería que impedía la visión de los arcos, de las bóvedas y de los espacios tal como fueron concebidos, y se restauraron los arcos y las bóvedas». Además, en los paramentos verticales, que estaban en muy mal estado, se ejecutó un forro de piedra arenisca, «dándole a los paramentos el necesario aspecto de sobriedad y severidad».
En las plantas primera y segunda se evidenció que los forjados se hallaban en un estado «penoso», en especial el forjado sustentante del artesonado del salón de plenos, «que se podía declarar en ruina». Por tanto, se realizaron nuevos forjados y se consolidó estructuralmente el artesonado, tanto en la parte interior del edificio como en la galería exterior. Precisamente, «al levantar la cubierta que cubría la galería renacentista se descubrió una fachada gótica anterior, desconocida hasta aquel momento». Asimismo, fueron hallados restos de la fachada gótica, que incluía varias ventanas, en lo que sería la fachada lateral del primitivo edificio. Dichos restos se conservaron y hoy forman parte del interior de un despacho.
Aleix Reynés también nos detalla en qué consistió la intervención realizada por él en la zona lateral y posterior del edificio, una zona que a principios del siglo XIX ya había sido remodelada en parte por el arquitecto Isidoro González. «En esta zona, muy dañada por diversas intervenciones a lo largo del tiempo, se recuperaron en la planta baja los arcos existentes, si bien en algunos casos sólo pudo ser de forma testimonial, dejándolos enmarcados en los enfoscados», especifica. Ya en la primera planta, se reformaron los espacios situados a ambas partes del salón de plenos, «con una antesala por la parte de acceso a través de la escalera ovalada, y con despachos por la otra parte».
Artesonado apuntalado
La mejor valoración
En el nuevo cuerpo de edificación iniciado por Isidoro González en la parte posterior del edificio también se llevaron a cabo más actuaciones. Así «en la intervención se consiguió que las plantas fueran funcionales y bien comunicadas con las del edificio primitivo y los otros cuerpos de edificación». En ese sentido, se cuidó el estilo de una forma especial, para que no fuera una prolongación de las antiguas construcciones, «sino que armonizara con el conjunto».
La labor global que llevó a cabo Aleix Reynés en el Consulado de Mar sigue siendo muy elogiada hoy por expertos y estudiosos, casi medio siglo después de su ejecución. Una de las primeras valoraciones positivas estaba recogida ya en el libro El Consolat, publicado por el prestigioso historiador y jurista Román Piña Homs en 1995.
Vigas antes de la restauración
Para dicho especialista, a partir de los años ochenta Baleares no sólo volvió a tener «la capacidad de decidir en buena medida su destino», sino que además lo hizo en un edificio que recuperó «la dignidad y el respeto que más de doscientos años de nuestra historia le habían negado sistemáticamente».