La presidenta del Congreso, Francina Armengol, en el Congreso de los Diputados el pasado martes
Análisis
El 'milagro' de la exculpación: Armengol confunde no cobrar mordidas con no abrir la puerta a la trama
El socialismo balear se lanza al ataque tras las palabras de Aldama para obviar que, con o sin 'mordida', la expresidenta balear puso la alfombra roja a una organización criminal por orden de Koldo
El entorno de Francina Armengol tardó apenas unos minutos en poner a funcionar el ventilador del optimismo tras la declaración de Víctor de Aldama este jueves. Lo curioso es que esta vez sí dio veracidad a las palabras del conseguidor de la trama, que dijo este jueves ante el juez Ismael Moreno que no le consta el cobro de comisiones directas en Baleares a diferencia de lo ocurrido en Canarias. Fue suficiente para que el PSIB pasara de la defensiva al ataque, canonizara a su jefa de filas y, además, exigiera disculpas públicas a través de su coro de medios afines.
Sin embargo, el socialismo balear parece confundir el lucro con el del trato de favor a la trama. En su apresurado relato de inocencia, omiten que no se cuestiona si Armengol se llevó o no un sobre al bolsillo –ni se juzga, ni siquiera había indicios–, sino por qué puso la alfombra roja y abrió las puertas de par en par a una organización criminal por el simple hecho de que venían de parte de la planta noble de un ministerio amigo.
Lo que Aldama ratificó no fue precisamente una oda a la transparencia del anterior Govern balear, sino una rendición. El empresario confirmó que pagaba 10.000 euros mensuales a Koldo García no por un trabajo concreto, sino por asegurar su «capacidad de influencia» y acceso al poder. Y esos pagos incluían, por tanto, las gestiones para que el Govern de Armengol comprara las famosas mascarillas fake por cerca de 4 millones de euros que la dirigente socialista almacenó hasta que caducaron sin darles uso.
Aldama relató cómo Koldo presumía ante él de su relación estrecha con Armengol, confirmando que ella era el contacto necesario para que la trama pusiera el pie en las islas. Y no se sabe aún si fue ese colegueo lo que provocó que tardara tres años en mover un papel para reclamar las mascarillas inservibles y caducadas que compró a la presunta red corrupta que operaba bajo el paraguas del Ministerio de Transportes.
La estrategia de defensa de la presidenta del Congreso se centra ahora en defenderse de una acusación de lucro personal que nadie había formulado formalmente, para evitar hablar de todas las facilidades que dio a la trama y, de paso, cómo lo gestionó con sus subalternos de Salud. El reproche que planea sobre su gestión no es que se llevara dinero al bolsillo, sino que puso la alfombra roja a una organización criminal solo porque venían recomendados por el ministerio de José Luis Ábalos.
Resulta difícil explicar desde la gestión técnica por qué el anterior Gobierno balear de la socialista Armengol compró material inservible a una empresa sin experiencia, por qué se guardó en un almacén durante tres años y por qué no se reclamó el dinero hasta que el PSOE vio las orejas al lobo tras perder las elecciones en 2023. Porque con otras compras fallidas no vinculadas a la trama sí tuvo la diligencia de reclamar la devolución del dinero.
El PSOE balear de Armengol marea la perdiz declarando a la prensa afín que «Aldama confirma una vez más lo que hemos dicho siempre: que Armengol ni su Govern han estado jamás en ninguna trama de corrupción, que lo único que siempre hicimos fue proveer a los sanitarios de material y que además siempre nos basamos en criterios técnicos para cualquier gestión de la pandemia».
Incluso desde el entorno de la expresidenta balear se atreven a pedir una rectificación pública a «la derecha» por dos años de «difamaciones». «Del mismo modo que han dado difusión a cada bulo de Aldama, hoy que ha dicho que en Baleares nadie pagó ni cobró mordidas, se disculpen por llevar dos años difamando», arremeten contra el PP.
Mientras el PSIB exige perdones, sus socios habituales les compran el relato y culpan de todos los males a «Madrid». Més per Mallorca no cree que el PSIB fuera consciente de la trama y afirma que los socialistas isleños fueron «utilizados por sus compañeros de Madrid», señalando directamente a la organización central del PSOE.
Para el PP balear, sin embargo, este intento de pasar página de Armengol es un insulto bajo una capa de victimismo: «Sabíamos ya que Armengol y su Govern abrieron las puertas de par en par a la trama, les compraron las mascarillas fake, nunca las usaron porque no servían y, sin embargo, nunca reclamaron por ello en tres años». La clave, para los populares, no está en si Armengol se llevó o no un sobre bajo mano —extremo que nadie ha judicializado aún—, sino en la «máxima complicidad» de quienes permitieron una «estafa millonaria» en plena pandemia.
«Ahora sabemos que Koldo cobraba por hacer aquellas gestiones en Baleares», apunta el portavoz del PP en el Parlament, Sebastià Sagreras, subrayando que la Audiencia Nacional debe depurar responsabilidades por esa mezcla fatal de acción u omisión que dejó las arcas públicas tiritando mientras la trama hacía caja. Hoy aún colea una reclamación a Soluciones de Gestión SL que sí inició Prohens por todo el importe desembolsado en tiempo récord a la trama de Koldo más los intereses de demora.
El entorno de Armengol celebra hoy que no hay «mordidas» certificadas por el comisionista, pero no sigue sin aclarar por qué renegaba de Ábalos, Koldo y Aldama hasta que salieron a la luz los 65 WhatsApps de la UCO.
Hasta la aparición del informe de 200 páginas, la versión oficial se apoyaba en la comparecencia de Manuel Palomino, exdirector de Gestión y Presupuestos del IB-Salut, como primer eslabón de contactos con la trama. Palomino sostuvo ante la comisión de investigación que el contacto con la trama fue directamente con él, de forma fortuita y desde una centralita. Pero los mensajes cruzados revelaron una Armengol facilitadora con Koldo.
La investigación acreditó que Koldo remitió a Víctor de Aldama un pantallazo de su conversación con la entonces presidenta balear para confirmarle que el hilo directo estaba abierto. Ella -no Palomino- era la centralita.