Mensaje de agradecimiento de la trama por la «agilidad» en el pago
«Gracias por el pago tan ágil»: la gratitud de la trama al Gobierno de Armengol por el abono exprés de las mascarillas
La UCO acredita el servilismo del gobierno socialista, que abonó 3,7 millones en seis días por un lote inservible y ante la propia incredulidad de los cabecillas
El servilismo de Francina Armengol con la trama de Koldo García queda patente en el último informe de la UCO. El sumario desnuda la trastienda de aquel pelotazo de abril de 2020 —la compra de un millón y medio de mascarillas que resultaron inservibles—, donde la gratitud de los comisionistas era directamente proporcional a la docilidad mostrada por el Ejecutivo balear.
«Quería agradecerte el pago tan ágil. Muchísimas gracias por todo», llegó a escribir por WhatsApp el cerebro operativo de la red, Íñigo Rotaeche, tras comprobar que las arcas públicas de las islas acababan de soltar 3,7 millones de euros con una celeridad inaudita a Soluciones de Gestión SL, la empresa de la que era éste era administrador y el instrumento pantalla con el que Víctor de Aldama y Juan Carlos Cueto conseguían contratos públicos en el momento más dramático de la pandemia.
Mientras el país permanecía confinado, la maquinaria del IB-Salut trabajó a destajo para regar de liquidez a la empresa de la trama y culminar un pago exprés que los propios cabecillas celebraron como un éxito de su infiltración en el Ejecutivo socialista.
El informe apunta a que Koldo García, el hombre que, según la UCO, actuaba como el brazo ejecutor de una organización criminal, no era extraño en el Consolat de Mar, la sede del Gobierno balear en la anterior era de Armengol. Los investigadores detectan el primer contacto entre la administración balear y la mano derecha del entonces ministro José Luis Ábalos el 25 de abril de 2020, en el momento más crítico de la pandemia y con la población confinada.
El móvil de Francina Armengol, entonces presidenta de Baleares y hoy tercera autoridad del Estado, recibió un mensaje ese día. «Buenos días, presidenta. Ayer la llamé. Caí en la cuenta que igual no tiene mi móvil. Soy Koldo García, estoy con José Luis Ábalos, si puede por favor me llama cuando pueda», le escribió el fontanero de Transportes a las 6.23 horas vía WhatsApp.
Con la población balear encerrada en sus casas y los hospitales al borde del colapso, Koldo logró así franquear la sede del Gobierno autonómico para poner en marcha la maquinaria de un pelotazo que acorrala hoy a la presidenta del Congreso.
Ese mismo día, el Servicio balear de Salud (IB-Salut) se puso al servicio de la trama -investigada ahora por la Audiencia Nacional-, para adquirir un millón de mascarillas FFP2 por 3,7 millones de euros. Un lote que resultó ser un auténtico fraude, ya que en lugar del material de protección comprometido, la red terminó endosando al Ejecutivo balear otra partida de calidad ínfima, inservible para el personal sanitario que en ese momento se jugaba la vida en primera línea.
Las evidencias halladas entre más de 80 dispositivos y un millón de correos electrónicos dibujan una relación de familiaridad. Mientras el director de Gestión del Servicio balear de Salud, Manuel Palomino, se ponía en contacto ese mismo día con la trama pidiéndole las fichas técnicas de las mascarillas, los cabecillas Víctor de Aldama e Íñigo Rotaeche se repartían los contactos de los altos cargos baleares.
Quería comprar FFP2
Palomino contactó enseguida con Koldo a las 14.43 horas en el mismo día que el asesor de Ábalos se comunicó con Armengol. El alto cargo de Armengol reconoció que quería comprar FFP2 -y no mascarillas quirúrgicas, que fue lo que se le proporcionó de una calidad inferior-.
La UCO sostiene que este cargamento iba destinado originalmente al Ministerio de Ábalos pero la intermediación de Koldo logró desviarlo a Baleares en un avión que «consiguieron esa misma mañana».
El 25 de abril de 2020, mientras el país permanecía confinado, la trama operaba a pleno rendimiento. A las 10 de la noche de ese mismo día, sin contrato firmado y con las mascarillas aún volando desde China, Rotaeche apretaba al director de compras del Servicio de Salud para que, si estaba conforme, le enviara la aceptación digital o un «sí» por mensaje. La respuesta del Govern fue una alfombra roja: «Ok. Traedlo», sentenció el subdirector Antonio Mascaró.
Al día siguiente, el 26 de abril de 2026, a primera hora, De Aldama llamó por WhatsApp a Rotaeche y a continuación éste le participó que las cargas de material estaban saliendo ya desde China.
«Fue bien» y un beso
La mediación de la actual presidenta del Congreso queda sellada en sus propios mensajes, aunque sigue defendiendo que se mantuvo al margen de toda operación y que nunca maniobró a favor de la empresa de la trama, Soluciones de Gestión SL.
Ese 26 de abril, Armengol escribió a Koldo García para confirmarle que su subordinado Manuel (Palomino) le había dicho «que fue bien». En un alarde de confianza, la presidenta llegó a tantear precios para comprar mascarillas infantiles. Ante la disposición de Koldo -que le pedía unas horas y «lo arreglo»- , la socialista le respondió con un elocuente «sólo faltaría» acompañado del icono de un beso. La sintonía era tal que, cuando el asesor de Ábalos le respondió horas más tarde que 800.000 euros por ese nuevo lote, ella le remitió de nuevo a «Manuel» (Palomino).
La Guardia Civil destaca que la compra de este lote inservible de mascarillas por parte del Govern de Armengol se ejecutó sin contrato previo -bajo el paraguas de la situación de emergencia- y con una empresa ajena al sector sanitario -Soluciones de Gestión SL- al que se dio de alta de forma urgente como proveedor.
«¿Me dirás qué opinas? Quiero tener la seguridad de si cumplen o no», llegó a preguntar el subdirector de Compras del IB-Salut, Antoni Mascaró, a sus técnicos sobre las calidad de las mascarillas antes de comprarlas. Aun así, el IB-Salut dio de alta a Soluciones de Gestión de forma urgente y, más tarde, ordenó el pago en tiempo exprés sin la aparente diligencia de revisar el material.
La docilidad de la administración balear fue tal que los propios cabecillas de la red no daban crédito y escribieron para darle las «gracias por todo». La gratitud de la trama era lógica porque habían conseguido colocar un avión y cobrarlo íntegramente sin que nadie pusiera pegas a la baja calidad del material.
La consigna política del Gobierno de Armengol fue pagar y no reclamar. El 4 de mayo, Mascaró ordenó tramitar la factura «lo antes posible» bajo el epígrafe de emergencia. Ese mismo día, el entonces director general del Servicio de Salud, el socialista Juli Fuster, firmó una resolución que amparaba la contratación de emergencia de diverso material sanitario, en el cual se incluían las mascarillas de Soluciones de Gestión. Un día después, dio la orden de pago.
El resultado fue un abono en apenas seis días y siete veces más rápido que la media en ese momento (43 días), lo que provocó el entusiasmo de Rotaeche y su efusivo agradecimiento por la «agilidad» del trámite.
Dos días después, el IB-Salut fabricó un expediente de contratación amparándose en la situación de emergencia que se vivía a raíz de la pandemia del coronavirus que permitía saltarse varios trámites para ganar agilidad.
Incluso cuando la trama ya había endosado las mascarillas, Koldo volvió a la carga el 18 de mayo pidiendo nuevos favores: «No te olvides de mí… igual me puedes ayudar». La respuesta de Armengol fue, una vez más, facilitadora: «Te llamo enseguida que pueda». Y más tarde: «Ahora te llama Manuel por las mascarillas». En esta ocasión, quería encasquetarle otro lote pero la operación se frustró por la aparente falta de espacio en el almacén.
Esta red de mensajes cruzados, donde los pormenores de la contratación se pactaban por WhatsApp entre «besos» y llamadas perdidas, dejó como saldo un millón y medio de mascarillas inservibles pudriéndose en una nave industrial en Marratxí, cerca de Palma.