Montaje con algunas pateras llegadas en los últimos días

Montaje con algunas pateras llegadas en los últimos díasFuerzas y Cuerpos de Seguridad

La ruta que no para de crecer

Junio arranca con alud de pateras y 400 ilegales: las islas chillan mientras el Gobierno ningunea la crisis

La ruta argelina, la más consolidada y que más crece en el Mediterráneo occidental, vuelve a poner a prueba la capacidad de respuesta de unas islas excluidas del foco nacional

En el ideario popular español, Baleares son, muy probablemente, esas islas bellísimas, bañadas por el Mediterráneo y el sol, con atardeceres de ensueño, locales glamourosos, puertos con megayates y lujo, por qué no decirlo, una comunidad donde el precio de la vivienda quita el sueño. Que no todo va a ser purpurina y fantasía. Lo que cuesta mucho –por no decir que ha sido imposible– es colocar en la agenda nacional el drama de la inmigración ilegal que asola las islas. Poco (más bien nada) cuentan los medios nacionales sobre este fenómeno que comenzó a dispararse en 2019, se asentó en la pandemia y se ha estabilizado plenamente hasta llegar a la actualidad. En Baleares, cuando el pronóstico de la mar es tranquilo, los partes de organización de medios cuentan con una activación especial por llegada de pateras. Lo saben aquí y lo saben en Argelia, la plataforma desde donde las mafias lanzan a esas personas que buscan llegar a Europa. Las «tarifas» varían pero de 1.000 euros por inmigrante no bajan.

Junio no iba a ser menos. Mientras las islas operan ya a todo gas en el plano turístico, las costas de Formentera, Ibiza y Mallorca –fundamentalmente Cabrera– tienen al servicio Marítimo de la Guardia Civil y Salvamento Marítimo trabajando sin descanso. «¿Alguien hará algo?», se pregunta uno de los efectivos policiales tanteados por este medio. «¿Acaso Madrid no entiende la lacra de mafias que nos traen a ciudadanos ilegales de cientos en cientos?».

Vamos a las cifras: Entre el viernes y este lunes, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y Salvamento Marítimo han intervenido en la llegada o rescate de 389 personas .

El viernes fueron interceptadas o rescatadas 91 personas en distintos puntos de Formentera, Ibiza y Mallorca. El sábado la presión continuó con nuevas llegadas a Cabrera y Formentera, donde se localizaron embarcaciones y grupos de migrantes tanto en tierra como en alta mar. Sólo durante esa jornada se contabilizaron más de un centenar de personas.

El domingo concentró buena parte del flujo. A primera hora de la mañana se sucedieron los rescates al sur de Mallorca y Formentera, así como varias llegadas a Cabrera. En apenas unas horas fueron localizadas embarcaciones con decenas de ocupantes procedentes principalmente del Magreb y del África subsahariana. La cadena de intervenciones continuó durante toda la jornada, con nuevas pateras detectadas frente a Formentera, desembarcos en Mallorca y llegadas a Ibiza. Ya de madrugada, y como prolongación de ese mismo episodio, una nueva embarcación alcanzó Palma este lunes.

La ruta invisible en el tablero mediático nacional

Lo relevante no es únicamente el número. También lo es la consolidación de la ruta. Durante años, el foco migratorio estuvo puesto casi exclusivamente en Canarias o en el Estrecho. Sin embargo, la conexión entre las costas argelinas y Baleares ha dejado de ser una vía secundaria para convertirse en uno de los corredores migratorios más asentados del Mediterráneo occidental. Las estadísticas de los últimos años muestran un crecimiento sostenido de las llegadas y una capacidad organizativa cada vez mayor de las redes que operan en el norte de África.

Las islas se han acostumbrado a convivir con imágenes que hace apenas una década habrían ocupado portadas nacionales durante días: desembarcos en calas, rescates a pocas millas de la costa o grupos de migrantes caminando por zonas turísticas tras tocar tierra. Hoy forman parte del paisaje informativo local y rara vez trascienden más allá del ámbito balear.

Ese contraste es uno de los aspectos más llamativos del fenómeno. Mientras Baleares encadena fines de semana con centenares de llegadas, el debate político nacional apenas presta atención a una ruta que no deja de crecer. La respuesta institucional se centra en la gestión inmediata de cada desembarco, pero la cuestión ha desaparecido prácticamente de la conversación pública estatal.

Así comienza junio. Con 389 llegadas en apenas cuatro días y con una realidad que ya no puede calificarse de excepcional. En Baleares, la llegada masiva de pateras cuando el mar está en calma no es una emergencia puntual. Es directamente la nueva normalidad.

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