Jovellanos
El día que Mallorca se levantó contra Napoleón y en mallorquín
La rebelión del 28 de mayo de 1808 unió el sentimiento patriótico con la defensa de un habla propia que era reivindicada por figuras como Jovellanos
Con los nefastos reyes Carlos IV y Fernando VII, a principios del siglo XIX España se había convertido en un satélite del poderoso emperador francés Napoleón Bonaparte. Los vertiginosos acontecimientos que acaecían en la Península llegaban al reino de Mallorca con demora, pero con los mismos efectos que en el resto de las provincias españolas.
Cuando a mediados del mes de mayo de 1808 aún se celebraba en el reino de Mallorca al nuevo rey Fernando, las noticias que llegaban de Madrid eran muy desalentadoras y contradictorias: Fernando se encontraba en la localidad francesa de Bayona «reunido» con Napoleón, el pueblo de Madrid se había levantado el día 2 de mayo contra los franceses, el general francés Joaquín Murat era el lugarteniente del reino y la corona de España estaba en manos de Napoleón. Como en el resto del territorio español, en el reino de Mallorca esas noticias provocaron las primeras reacciones de indignación, a la vez que se dieron las primeras declaraciones en favor de un levantamiento.
El clima de descontento y de desconcierto de la capital mallorquina, ya de por si enrarecido debido a las revueltas del mes de abril contra los familiares del impopular ministro de hacienda, el mallorquín Cayetano Soler, se fue extendiendo por toda la isla. En el resto de la isla a partir del conocimiento de las noticias de la Península se impuso un estado de tensión contra la autoridad. Durante tres días hubo conflictos en Muro, Llubí, Sa Pobla, Andratx y Buñola, encarcelándose a los payeses levantados. El comandante general del reino Juan Manuel Vives luchó para mantener el orden, aplicando las instrucciones emanadas desde Madrid de colaborar con los franceses. Pero cuando día 28 de mayo llegaron a Mallorca las noticias de la sublevación valenciana en favor del rey Fernando se desencadenó el definitivo levantamiento mallorquín contra los franceses.
Diez años atrás, Soler, letrado del ayuntamiento de Palma y magistrado de la Audiencia, había entablado amistad con el Secretario de Estado Francisco de Saavedra, que le recomendó a Godoy. El mallorquín fue nombrado Secretario de Hacienda. Durante una década, contribuyó al saneamiento de la economía española, en déficit debido a las constantes guerras. El ministro mallorquín puso en marcha un ambicioso plan de reforma agraria, fiscal y territorial enfocado en liberalizar el suelo y sanear la colapsada deuda pública. Redujo el gasto público con la subida y el establecimiento de nuevos impuestos, como el del vino, que fue muy impopular en Mallorca.
Como era habitual, Soler, siguiendo la línea absolutista de Godoy, había promocionado a sus parientes a cargos de la administración mallorquina para lo que no estaban preparados, aumentado, de esta manera la antipatía hacia él y sus familiares entre los mallorquines. El historiador Pedro Xamena recordaba como «dos cuñados suyos fueron nombrados Regente de la Audiencia y Administrador General de las Rentas; parientes suyos eran también el fiscal, el intendente, el delegado del banco y la Consignación, además de dos canónigos».
La alta nobleza y el clero, que se oponían a las reformas ilustradas de Godoy y Soler, reunidos en el partido fernandino, aprovecharon el clima antifrancés para organizar una revuelta popular utilizando al príncipe de Asturias Fernando como el salvador de la patria, que culminó en el motín de Aranjuez del 17 de marzo de 1808. La revuelta cumplió sus objetivos, aunque lo peor estaba por llegar. Se proclamó al rey Fernando y cayeron Godoy y su gobierno, entre el que se contaba Soler. El pueblo mallorquín centró su indignación contra la política del depuesto Godoy en los familiares de Soler. Entre los días 20 y 23 de abril tuvieron lugar revueltas al grito de «muria Godoy, muria Soler» quemándose los retratos de Soler existentes en el ayuntamiento de Palma.
También se liberó al ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos, preso en el castillo de Bellver. Previamente estuvo desterrado en la cartuja de Valldemossa donde redactó su «Memoria sobre la educación pública» en la que abogaba por la enseña en lengua castellana en lugar de en latín, y dado que la escribió en Mallorca proponía que «se aplicasen los principios de la gramática general a nuestra lengua mallorquina y se diese a los niños una cabal idea de su sintaxis. Siendo la que primero aprenden, la que hablan en su primera edad». Cuando las autoridades de Madrid se enteraron de que Jovellanos seguía intelectualmente activo y escribiendo obras de calado político y social, como la Memoria, consideraron que gozaba de demasiada libertad. Como castigo, el 5 de mayo de 1802 fue trasladado al castillo de Bellver.
En esa época la lengua de Mallorca seguía siendo la mallorquina y no la catalana. Durante el siglo XVIII la llegada de funcionarios castellanos a Mallorca había propiciado que se redactasen diccionarios para que estos pudieran entender el mallorquín, como el «Diccionario de los vocablos de la lengua mallorquina y su correspondencia en la española y latina» de fray Antonio Balaguer de 1760. Pero curiosamente esos mismos mallorquines que lucharon por su rey Fernando, serían traicionados por el monarca años más tarde cuando eliminó la Universidad de Mallorca, lo que supuso la entrega de la cultura y lengua mallorquina a los intelectuales catalanes y catalanistas congregados en Barcelona.
Pero a pesar del triunfo del motín de Aranjuez, España seguía en manos francesas. El verdadero alzamiento popular había llegado el 2 de mayo en Madrid, lo que significó una terrible represión por parte de las tropas francesas de Murat. Semanas más tarde, con la llegada de las noticias procedentes de Valencia, el reino de Mallorca se había decantado definitivamente por el levantamiento. El 28 de mayo, la multitud que no hacía ni un mes que había provocado revueltas contra el ministro Soler, se dirigió hacia el palacio de la Almudaina, portando un retrato de Fernando VII. Allí residía el comandante general Vives, quien una vez reunido con las fuerzas vivas de la capital, y después de superar la disparidad de opiniones, apoyó el sentimiento patriótico del pueblo mallorquín de levantarse contra Napoleón. La decisión fue firme y día 30 se constituyó la Junta Suprema de Gobierno de Mallorca.
La Junta presidida por Vives asumió todos los poderes del reino con el objetivo de buscar la ayuda de la flota inglesa y conservar el reino bajo dominio del rey Fernando. La Junta asumió el gobierno interior de Mallorca, la defensa y también la economía. Una de las primeras medidas tomadas por la Junta consistió en realizar el recuento de las fuerzas militares que disponía el reino. También se procedió a anular las imposiciones tan impopulares sobre el vino del ministro Soler y detener la desamortización de bienes eclesiásticos.
Durante los días de junio que siguieron al levantamiento mallorquín, los ánimos exaltados pasaron a orientarse contra los franceses establecido en Palma, la mayoría comerciantes y refugiados que habían escapado de la Revolución Francesa. La actuación del comandante general Vives evitó que la situación pasara a mayores, organizando patrullas y trasladando a los franceses al castillo de Bellver. Entre los ciudadanos franceses se encontraba el astrónomo François Aragón, que había llegado a Mallorca para medir el meridiano cero, pero que sí consiguió huir haciéndose pasar por isleño tal como relató en sus memorias: «Nadie me reconoció, ya que yo hablaba el mallorquín».
Como es natural en el resto de las provincias españolas tuvieron lugar movimientos contra Napoleón y se constituyeron juntas contra el poder francés. Fue la de Sevilla la impulsora del texto considerado como la declaración formal de guerra de día 6 de junio de 1808. En vista de los acontecimientos en pocos meses el secular enemigo que era Inglaterra se volvió aliado de España contra la Francia napoleónica. Había comenzado la Guerra de la Independencia Española, que para el catalanismo es la Guerra del Francés.