Socorro a Mesina

Socorro a Mesina

La desconocida epopeya de los corsarios de Mallorca que frenaron a Cataluña y Francia en el Mediterráneo

La pequeña flota balear pasó de vigilar a los piratas berberiscos a convertirse en el cuerpo auxiliar de la Armada de Felipe IV: asediaron Marsella, socorrieron Orán y combatieron la rebelión catalana en el siglo XVII

El reinado de Felipe IV comenzó con España inmersa en la Guerra de los Treinta Años, donde Mallorca además de aportar efectivos a los ejércitos reales también participó con recursos navales. Desde la entrada francesa en la guerra en 1635 el mar Mediterráneo se había convertido en otro escenario de lucha donde la Escuadra de Mallorca participó como cuerpo de corsarios al servicio de la monarquía. Los bergantines fueron las embarcaciones más utilizadas para llevar a cabo las acciones de corso por su velocidad y maniobrabilidad debido a su reducido tamaño y a la combinación de la navegación a vela y a remo.

A partir de 1640 los corsarios y los soldados mallorquines también lucharon contra los catalanes que se habían rebelado contra el rey Felipe y que además habían reconocido a Luis XIII de Francia como su soberano, con el único título posible y válido, el de conde de Barcelona. El corsarismo mallorquín que hasta esas fechas había servido para proteger las costas isleñas y vigilar a los berberiscos, a partir de la guerra de Cataluña pasó a ser un cuerpo auxiliar de la Armada. La práctica de corso era una actividad legal amparada en la «Ordenanza General de Corso» de 1621 donde se indicaba «que con licencia mia quisieren armar por su cuenta Navios de alto borde para andar en la costa de la mar dellos, en busca de Navios enemigos, assi de Turcos y Moros»; aunque no se trataba de ninguna novedad ya que estaba legalizada desde hacía siglos tanto en Castilla y como en Aragón.

Finalizado el alzamiento catalán en 1652, aunque no la guerra contra la Francia de Luis XIV, el reino de Mallorca recibió el agradecimiento real: «he querido significaros la acceptacion y memoria que me queda de todo y daros muchas gracias por la demostracion y firmeza con que habeis continuado vuestras asistencias y socorros». Con la rendición de Cataluña los corsarios mallorquines concentraron sus efectivos en seguir saqueando y atacando naves francesas.

El principal objetivo de los mallorquines era el puerto más importante del Mediterráneo occidental, Marsella. El balance de las acciones mallorquinas contra Cataluña y Francia, que habían merecido las anteriores felicitaciones del rey Felipe, las expuso nuevamente el lugarteniente Vicente Ram, conde de Montoro, en febrero de 1655: «pasan de trescientas las presas con que los corsos se han hecho en el tiempo que aquí dura la guerra de Cataluña y han sido temidos por mar los mallorquines de franceses y catalanes que ningunos otros vasallos de vuestra majestad».

Al año siguiente la intrepidez de los corsarios mallorquines llegó al punto de entrar hasta el mismo puerto galo: «entraron hasta la cadena del puerto de Marcella donde hicieron frente algunos días sin dar lugar en ellos que entrase ni saliese en aquel puerto ninguna embarcación y queriendo atreverse dos patrones con sus saetias francesas las apresaron la una cargada de trigo y la otra de aceite».

Paz y nuevo rumbo

Pero la firma de la paz con Francia en 1659, que supuso la renuncia de Luis XIV a sus derechos sobre Cataluña y selló el relevo de la hegemonía española en Europa frente al auge de Francia, para los mallorquines significó la práctica detención de ataques a naves francesas, aunque continuaron contra naves de otros países europeos que hacían ruta hacía países islámicos y contra turcos y musulmanes.

Era tal la importancia la práctica del corso para los mallorquines que en la Relación verdadera de lo que han obrado las tres Esquadras de navios de guerra del Reino de Mallorca se relataron las hazañas de los corsarios mallorquines desde septiembre de 1658 hasta mayo de 1659. La práctica del corso se había convertido en un importante recurso económico; era un negocio complementario al comercio, que reportaba importantes ingresos para la Universidad de Mallorca, el Real Patrimonio, los armadores, los marineros, además de las mismas mercancías apresadas. En la «Relación verdadera» se relataba como el reino de Mallorca decidió armar tres escuadras, a las que se añadió una cuarta fruto de una captura de «tres navios moros».

Las cuatro escuadras mallorquinas navegaban por todo el Mediterráneo occidental desde Mallorca hasta Córcega y Cerdeña, y hasta Málaga, Portugal y Orán, ejerciendo la práctica del corso. Durante su periplo atacaron principalmente «baxeles ingleses» y embarcaciones sarracenas, con importantes botines que era vendidos en el puerto de Málaga. El relato finalizaba con el retorno de las escuadras mallorquinas «cargados al topo de sedas, algodon y lenceria y se puede prometer sucessos mas felices con el favor de Dios, que declaradamente favorece los designios desta Nacion Mallorquina».

Ya durante el reinado de Carlos II se iniciaron cuatro nuevas guerras contra la Francia de Luis XIV a partir de 1667, lo que supuso el comienzo de nuevas actuaciones de los corsarios mallorquines al servicio del rey contra embarcaciones y puertos franceses, además de sarracenos y turcos. Con motivo de las acciones mallorquinas contra naves francesas en la segunda guerra contra Francia, vio la luz otra «Relació vertadera», de las actividades de diversos patrones mallorquines como Joseph Gibert, Miquel Coll, Tomàs Tort o Pere Fletxes, sobre «lo que han pres los mallorquins així a los turcs, com a los inimics de la Corona d’Espanya, los francesos des de la publicació de les guerres entre estas dos Corones». Los patronos mallorquines eran los protagonistas y héroes del relato: «o valerosos mallorquins! si ni Hércules contra dos, com vosaltres contra set».

Socorro en Orán

Durante la segunda guerra el ataque francés a Mesina en 1674 en apoyo a la rebelión que estalló en la ciudad siciliana con el objetivo de expulsar a los españoles de Italia abrió un nuevo frente de guerra para la Escuadra de Mallorca que fue contratada para asistir al bloqueo del puerto siciliano. Y así lo hicieron los mallorquines comandados por el capitán Fletxes, interceptando la ayuda francesa a los sublevados sicilianos. Además de destinar efectivos para la campaña de Mesina, la corona española también debía hacer frente al ataque otomano de 1677 a la plaza de Orán, deseada por los turcos para expandirse en el Magreb. Como en otras ocasiones se encomendó a los mallorquines el socorro de la plaza norteafricana. El lugarteniente Pardo envió cinco naves de la Escuadra de Mallorca, con el trabajo de impedir «por todo lo possible los navíos y demás embarcaciones que van y vienen con vastimentos a los que estan sobre el sitio de Oran».

Después de una tercera guerra en que Mallorca había enviado tropas al continente, llegó el cuarto conflicto contra Francia en 1690. El lugarteniente Baltasar Pardo promovió las acciones mallorquinas en el Mediterráneo en forma de más licencias de corso dadas a patrones de embarcaciones contra los franceses. Por otra parte, Mallorca se preparó para la defensa del reino tras recibir las noticias de los bombardeos franceses de Barcelona y Alicante. Durante esos años hubo juntas de guerra y revistas de gente de armas, y numerosas alarmas cada vez que se divisa un buque enemigo, además de las levas realizadas para luchar en el continente. Durante la cuarta guerra los franceses invadieron de nuevo Cataluña, llegando a ocupar militarmente la ciudad de Barcelona en 1697 tras un prolongado asedio. El conflicto concluyó ese año con la Paz de Ryswick. Francia devolvió Barcelona, Cataluña y Luxemburgo, además de la mayoría de las plazas ocupadas en Flandes.

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