Academi
CRÓNICAS INCORRECTAS
La lengua balear frente a la norma sagrada
Hablar de sa 'llengo baléà' no es una excentricidad, es la denominación más longeva desde la época romana
Hace unas semanas, en unión de destacadas personas de diferentes ámbitos profesionales, tuve el honor de ser nombrado académico de número de la Reyal Acadèmi de Sa Llengo Baléà. S’Acadèmi es una institución cultural con más de 40 años de antigüedad que obtuvo en 2024 el reconocimiento de «Real» otorgado por el Rey Felipe VI de España, y que se dedica a investigar, recopilar, pulir y sistematizar (tiene publicada una importante Gramàtica Normativa de’s Baléà) el idioma balear tal como ha sido hablado por los habitantes de las islas desde tiempos remotos.
Aunque hoy llame mucho la atención por la oposición frontal del poderosísimo lobby oficial catalanista, la denominación llengo baléà no es una elección espontánea, ni frívola, ni injustificada. En un dictamen científico de S’Acadèmi elaborado el 5 de octubre de 2005 por quien fue su presidente, el ya fallecido catedrático y filólogo algaidí Juan Vanrell Nadal, se explica que la lengua hablada en nuestras islas «fue conocida con la denominación de lengua balear desde la época romana (al dividir los romanos, en el siglo IV, Hispania en seis provincias -una de las cuales era la Baleárica- nuestra lengua pasó a llamarse Balearico eloquio) hasta el siglo XII, y posteriormente fue llamada lengua mallorquina hasta el siglo XIX, porque las Balears conformaron durante ese periodo el Reino de Mallorca».
Por tanto, hablar de llengo baléà no representa ninguna excentricidad, ni histórica, ni sociológica, ni cultural, ni científica. Es la denominación que durante más siglos se ha utilizado para caracterizar nuestra lengua propia (hasta la adopción de los principios uniformadores elaborados por Pompeu Fabra, a comienzos del siglo XX, que cambiaron su nombre por el de llengua catalana). Y nadie debería estar legitimado para criticar que una institución privada y financiada por sus socios -el repelús que causa en toda la clase política y en los ambientes universitarios y oficiales resulta fácilmente explicable- dedique esfuerzos y medios a recuperar, estudiar y documentar el habla original de los habitantes de las Illes Balears, que cuenta además con una gramática de casi dos siglos, muy anterior a la primera gramática catalana.
Hasta la desafortunada redacción de nuestro Estatuto de Autonomía se apartó de la defensa nominal de nuestra lengua vernácula tal como sí supieron lograr los valencianos
Vivimos tiempos dominados por una marea uniformadora que ha colonizado hasta el tuétano el mundo de la educación, de la política, de los medios de comunicación y de las Administraciones públicas. Cosa que no existe, por ejemplo, en el ámbito del castellano, pues existen y se fomentan varias decenas de Academias que recogen las variedades idiomáticas de todos los países hispanohablantes. Hasta la desafortunada redacción de nuestro Estatuto de Autonomía se apartó de la defensa nominal de nuestra lengua vernácula tal como sí supieron lograr, por ejemplo, los valencianos.
Hablar hoy en ambientes públicos de sa llengo baléà parece, aparte de una heroicidad, un verdadero anatema. Pero seguimos viviendo la diglosia -en el sentido verdadero del término («conflicto entre dos variantes de la misma lengua»), definido en 1959 por el lingüista americano Charles A. Ferguson, unos de los fundadores de la sociolingüística- de que la gente de nuestras calles habla de forma muy diferente de la que le imponen la educación y las administraciones oficiales, y también de la que utilizan los medios de comunicación públicos como IB3.
Resulta llamativo el entusiasmo de nuestros gobernantes para apoyar a entidades minoritarias como la Asociación para la recuperación del Ferreret o la Asociación Gente Feliz (por poner dos ejemplos reales) y el desprecio que muestran hacia la Reyal Acadèmi de Sa Llengo Baléà por investigar los orígenes y sistematizar la gramática de nuestra habla secular balear. Es importante destacar que, habiendo sido invitadas con antelación al reciente acto académico, todas las autoridades mallorquinas (Govern, Consell, Parlament y Ayuntamiento) declinaron su asistencia por motivos de «agenda».
La gente de nuestras calles habla de forma muy diferente de la que le imponen la educación y las administraciones oficiales...
Debe quedar bien claro que toda lengua es patrimonio exclusivo de sus usuarios. Nunca un coto cerrado que justifique imposiciones de quienes, bajo evidentes intereses políticos y económicos, se atribuyen sobre ella competencias «científicas». Otros científicos y entidades -como Sa Fundació- también estudian, de forma rigurosa y meritoria, la evolución de nuestra lengua insular. No los despreciemos por vivir al margen del credo mayoritario, esa religión intimidante que Joantoni Horrach Miralles y Joan Font Rosselló definieron bien al escribir su descriptivo ensayo Sa norma sagrada.