Familia y autoridades de Calvià, durante el descubrimiento de la placa
Empresario emblemático
Mallorca homenajea a Klaus Graf, uno de sus alemanes ilustres
El municipio de Calvià le dedica una calle en Puerto Portals, el proyecto que marcó su huella en la isla
La broma -que a muchos escama-ees que Mallorca es el decimoséptimo estado (Bundesländ) de Alemania. Hay tantos germanos viviendo, de vacaciones y haciendo negocios en la isla; es tal la repercusión de Sa Roqueta en los medios de comunicación alemanes, que resulta imposible explicar el presente y el pasado relativamente reciente de Mallorca sin mirar hacia el Estado teutón. Pero las relaciones entre pueblos no las construyen las estadísticas ni el PIB sino las personas. Y si hay un nombre que resume décadas de vínculos, afectos y proyectos comunes entre Alemania y Mallorca, ese es el de Klaus Graf.
Nacido en Baviera en 1930 y fallecido en Palma en marzo de 2014, Graf perteneció a esa generación de empresarios europeos que levantaron auténticos imperios internacionales, en su caso, en el sector industrial. No fue un magnate mediático ni un personaje habitual de las revistas del corazón. Al contrario. Quienes lo conocieron coinciden en describirlo como un hombre reservado, metódico y obsesionado con el trabajo. Un alemán, alemán. Le interesaban más los balances que las portadas. Sin embargo, la influencia que ejerció sobre Mallorca fue enorme.
Su carrera empresarial estuvo ligada al acero. Durante décadas fue una figura clave en el crecimiento del grupo Teka, una compañía nacida en torno a la fabricación de productos de acero inoxidable que acabaría convirtiéndose en una multinacional presente en decenas de países. Bajo su liderazgo, la empresa diversificó su actividad hacia los electrodomésticos, la grifería y el equipamiento para cocinas y baños, al tiempo que consolidaba una posición dominante en el mercado internacional de barriles de acero inoxidable para la industria cervecera. A comienzos de la pasada década, el grupo empleaba a miles de trabajadores repartidos por varios continentes y facturaba más de mil millones de euros al año.
Mallorca, su paraíso
Pero, aunque sus negocios se extendían por Europa, Asia y América, Mallorca ocupó siempre un lugar singular en su vida. Había llegado a la isla en los años sesenta, cuando el turismo comenzaba a transformar la economía balear y los grandes cambios urbanísticos todavía estaban por llegar. Graf encontró en lai isla un lugar donde prosperar y también disfrutar.
La mujer e hija de Klaus Graf, Corina, descubren la placa
La mejor expresión de esa huella lleva el nombre de Puerto Portals. Cuando el puerto abrió sus puertas en los años ochenta, la náutica de recreo vivía una profunda transformación y el Mediterráneo empezaba a consolidarse como uno de los grandes escenarios internacionales del lujo. Graf comprendió antes que muchos que Mallorca podía desempeñar un papel protagonista en ese proceso. Inspirado en modelos como Puerto Banús, imaginó un puerto deportivo que fuera mucho más que una infraestructura para embarcaciones. Quería crear un espacio capaz de combinar actividad náutica, restauración, comercio y vida social.
Con el tiempo, Puerto Portals acabó convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocibles de la Mallorca contemporánea. Allí atracan embarcaciones de gran eslora, se celebran regatas internacionales, se organizan eventos de alcance global y se mezclan residentes, turistas y empresarios llegados de medio mundo. Para unos representa el escaparate más visible del lujo mallorquín; para otros, la demostración de cómo la isla supo integrarse en las grandes redes económicas y turísticas internacionales. En cualquier caso, resulta imposible explicar la evolución reciente de Calvià sin detenerse en aquel proyecto.
Un 'calvanier' emblemático
La relación de Graf con el municipio fue, sin embargo, mucho más amplia. También estuvo detrás del desarrollo del Hotel Son Caliu, uno de los establecimientos históricos de la zona y durante décadas punto de encuentro de visitantes europeos atraídos por la creciente reputación turística de Mallorca. Desde su residencia junto al mar, cuentan quienes lo trataron, mantenía una rutina casi inalterable. Observaba con atención sus negocios, seguía los detalles de cada proyecto y dedicaba buena parte de su tiempo a supervisar personalmente las iniciativas en las que participaba.
Su influencia tampoco se limitó a la costa. En el interior de la isla protagonizó uno de los proyectos de recuperación patrimonial más singulares de las últimas décadas: la rehabilitación de Biniagual, un pequeño 'llogaret' (aldea) del término municipal de Binissalem que adquirió progresivamente hasta devolverle la actividad agrícola y vinícola. Aquella operación, que algunos interpretaron como un gesto romántico y otros como una apuesta empresarial, contribuyó a preservar uno de los conjuntos rurales más singulares de Mallorca y anticipó el interés que años después mostrarían otros inversores europeos por las grandes fincas de la isla.
Graf nunca buscó convertirse en una figura pública. Apenas concedía entrevistas y rara vez protagonizaba titulares. Sin embargo, su nombre aparecía una y otra vez detrás de algunas de las iniciativas económicas más relevantes de Mallorca. Su capacidad para detectar oportunidades de negocio y su visión internacional le permitieron actuar como puente entre la isla y una parte importante del empresariado alemán. De alguna manera, encarnó esa relación privilegiada que durante décadas ha unido a Mallorca con Alemania: una mezcla de inversión, turismo, residencia y afecto por un territorio que muchos alemanes han acabado sintiendo como propio.
La calle bautizada con el nombre del empresario, en Puerto Portals
Quizá por eso no resulta extraño que, doce años después de su muerte, el Ayuntamiento de Calvià haya decidido dedicarle una calle en Portals Nous. El acto de descubrimiento de la placa reunió esta semana a familiares, amigos, residentes y representantes institucionales en un lugar estrechamente ligado a la historia del empresario. Entre los asistentes se encontraba su hija, Corinna Graf, que hoy dirige Puerto Portals y continúa al frente del proyecto impulsado por su padre.
Durante el homenaje, el alcalde de Calvià, Juan Antonio Amengual, destacó «la importancia económica, social y de proyección» que tuvo Klaus Graf para el municipio y definió Puerto Portals como «un legado de valor incalculable». Personas con legados infitos.