Una de las casas de Deià, con tremendas vistas al mar
Recursos hídricos
El pueblo de Mallorca que aplica un año más las restricciones de agua más severas de la isla
Deià vuelve a reforzar las limitaciones al consumo de agua en 2026 para evitar cortes de suministro, después de varios veranos marcados por restricciones, camiones cisterna y suspensiones del servicio en algunas zonas del municipio
Probablemente sea uno de los pueblos más icónicos, fotografiados y exclusivos de Mallorca. Enclavado en plena Serra de Tramuntana, Deià ha sido durante décadas refugio de artistas, escritores, músicos y grandes fortunas atraídas por su paisaje, su tranquilidad y sus espectaculares vistas al Mediterráneo. Por sus calles han pasado figuras internacionales como el escritor británico Robert Graves, que fijó allí su residencia y convirtió el municipio en un referente cultural, mientras que personalidades como Richard Branson, propietario del hotel La Residencia, han contribuido a reforzar su imagen de destino de lujo. Tampoco han faltado celebridades, músicos y actores que han encontrado en Deià un lugar donde escapar de los focos. Sin embargo, detrás de esa imagen de glomour existe una realidad mucho menos idílica que cada verano vuelve a situarse en el centro del debate local: la falta de agua potable.
Mientras los visitantes disfrutan de uno de los rincones más exclusivos del Mediterráneo, el municipio lleva años enfrentándose a una crisis hídrica recurrente que le ha obligado a aplicar algunas de las restricciones al consumo más severas de Mallorca. De hecho, pocos municipios de la Isla acumulan tantos antecedentes de limitaciones, prohibiciones e incluso cortes de suministro como Deià.
Cerrojazo todo el año
La situación ha vuelto a quedar patente este 2026. El Ayuntamiento ha anunciado la publicación de un nuevo bando para reforzar las limitaciones al uso del agua potable y recordar a vecinos y visitantes que las restricciones aprobadas el pasado verano continúan plenamente vigentes. El alcalde, Joan Ripoll, ha insistido en que la prohibición de determinados usos no es una medida estacional, sino una norma que se mantiene durante todo el año. Entre las actividades prohibidas figuran el lavado de vehículos, la limpieza de terrazas o el rellenado de piscinas con agua de la red municipal. El objetivo es reducir el consumo y evitar que se repita una situación como la vivida en 2025, cuando el municipio tuvo que recurrir nuevamente a cortes de suministro.
Aquellos episodios todavía permanecen muy presentes en la memoria de los residentes. Durante el verano de 2025 el Ayuntamiento se vio obligado a suspender el suministro de agua en distintas zonas del municipio en días alternos. La medida afectó especialmente a Llucalcari y a varias urbanizaciones y áreas residenciales alejadas del núcleo urbano. Según los datos facilitados entonces por el Consistorio, el consumo semanal alcanzaba los 3.300 metros cúbicos de agua y cerca del 37 % del abastecimiento debía garantizarse mediante camiones cisterna. La situación puso de manifiesto hasta qué punto el sistema de abastecimiento dependía de recursos externos para mantener el servicio durante los meses de máxima demanda. Hoteles, viviendas particulares y establecimientos turísticos tuvieron que recurrir a depósitos propios para sobrellevar las restricciones.
Problema histórico
Pero los problemas no comenzaron en 2025. Dos años antes, en agosto de 2023, Deià ya había protagonizado uno de los episodios más graves de su historia reciente en materia de abastecimiento. El entonces alcalde, Lluís Apesteguia, llegó a reconocer públicamente que el municipio apenas disponía de agua suficiente para mantener el suministro. La Font des Molí, una de las principales fuentes de abastecimiento, aportaba entonces únicamente unas 170 toneladas diarias frente a un consumo que rondaba las 600 toneladas. La diferencia obligó al Ayuntamiento a comprar agua de forma masiva mediante camiones cisterna. Se necesitaban alrededor de 18 camiones diarios y el gasto semanal superaba los 13.000 euros. La partida presupuestaria destinada a este fin estaba prácticamente agotada, por lo que el Consistorio decidió cortar el suministro a grandes consumidores, hoteles y diversas zonas periféricas para garantizar el abastecimiento del núcleo urbano.
Aquellas medidas se sumaron a las restricciones ya vigentes, que prohibían llenar piscinas, regar jardines, lavar coches o limpiar fachadas y terrazas. Además, el Ayuntamiento advirtió de posibles sanciones para quienes realizaran consumos considerados abusivos.
Lejos de resolverse, la situación volvió a repetirse en 2024. El Consistorio aprobó nuevas limitaciones al uso del agua después de constatar una nueva bajada de los niveles de la Font des Molí y del pozo des Verger. Una vez más, Deià tuvo que recurrir al transporte de agua desde Palma para complementar el suministro local. El Ayuntamiento reconocía entonces que se trataba de una situación que se repetía prácticamente cada verano.
Y los antecedentes son todavía más antiguos. Ya en 2022 se aprobaron restricciones específicas para prohibir el llenado de piscinas, el riego de jardines y el lavado de vehículos con agua potable. En aquel momento el Ayuntamiento atribuía la presión sobre los recursos hídricos al incremento de población durante la temporada turística y a la recuperación de la actividad económica tras la pandemia. También entonces fue necesario importar agua desde Palma para reforzar unas captaciones que mostraban signos evidentes de agotamiento.
La conclusión es que, en un pueblo inundado de lujo, exclusividad y turismo de alto nivel, el verdadero protagonista de cada verano sigue siendo un recurso mucho más básico: el agua.