Las cinco «decepciones» de la izquierda con Prohens
El Govern del PP desmonta el relato del apocalipsis en Baleares y neutraliza los peores augurios de una oposición sin argumentos
Prohens se emocionó cuando recordó a su familia y su propia identidad: «Siempre será Margalida, de Can Nina»
Hace unos días, la presidenta del Govern publicaba en varios medios, incluido este, una suerte de carta a la ciudadanía en la que glosaba sus logros de estos tres primeros años de legislatura. Marga Prohens hacía un repaso de las medidas adoptadas, tratando de no caer en el triunfalismo, algo complicado cuando un político en el poder hace balance de su gestión. Supongo que, en el subconsciente, un gobernante debe pensar que para señalar los errores ya están la oposición y los medios de comunicación. En último término, serán los electores los que juzguen esa gestión el próximo mes de mayo. Los votantes del Partido Popular tendrán que valorar si Prohens ha cumplido con el programa electoral que apoyaron en las urnas. De lo que ya no quedan dudas es del gran chasco que Prohens ha supuesto para la izquierda en Baleares. Podríamos resumir en cinco esas decepciones.
Primera decepción: Prohens se empeñó en formar un gobierno en solitario, forzando la negociación con Vox para no tener que cederles consellerías. Aquella tensión hacía prever una inestabilidad continua en el Parlamento. Sin embargo, al margen de los rifirrafes dialécticos propios de esta política del zasca para TikTok, el actual Govern ha conseguido sacar adelante los presupuestos de cada ejercicio, y también sus principales iniciativas legislativas.
Segunda decepción: el Partido Popular prometió en la campaña electoral una bajada generalizada de los impuestos que se deciden en el ámbito autonómico. La izquierda esperaba con entusiasmo que Prohens se marcara un Rajoy (o un Montoro, si se prefiere) y que, al llegar al Consolat de Mar y comprobar los niveles de deuda pública en Baleares, se retractara de lo dicho y no tocara una fiscalidad asfixiante para la clase media. La cagaprisas de Prohens no tardó un mes en eliminar el impuesto de sucesiones. La izquierda criticó la medida por beneficiar a los ricos, en una muestra más de su desconexión con la realidad sociológica a la que luego piden el voto.
Tercera decepción: a estas alturas del mandato de Prohens, las calles ya deberían estar inundadas de camisetas verdes, y no de rojas en apoyo a la selección española de fútbol. La presidenta no tuvo mejor ocurrencia que nombrar conseller de Educación a un tipo que sabe de lo suyo, que trabaja a destajo y que está dispuesto a escuchar a los representantes del sector para alcanzar acuerdos. El nacionalismo lingüístico catalanista esperaba que un pirómano irrumpiera con un lanzallamas en su chiringuito educativo, y se ha encontrado a un eficaz bombero.
¿Dónde está la motosierra?, se pregunta la izquierda, que quizá confiaba en el cierre de alguna planta del hospital Son Espases
Cuarta decepción: la motosierra, ¿dónde está la motosierra?, se pregunta la izquierda, que quizá confiaba en el cierre de alguna planta del hospital de Son Espases, o de algún colegio, y lo que comprueba es que han aumentado las partidas económicas destinadas a los servicios públicos. El incremento de las listas de espera en la sanidad viene provocado por el aumento de la población, no por unos «recortes» que la oposición parecía aguardar con ansiedad.
Quinta decepción: Prohens ha olvidado aplicar las políticas depredadoras del territorio que, según la oposición, son seña de identidad en el Partido Popular. Obras faraónicas, autopistas de ocho carriles, un par de hotelazos junto a las salinas de Es Trenc… La izquierda ha puesto el grito en el cielo por una modificación legislativa de carácter técnico que, de facto, no toca el nivel de protección de uno de los espacios naturales más emblemáticos de Mallorca. Se convocó una manifestación que terminó siendo más noticia por la aparición intempestiva de una alcaldesa en bikini, desautorizada por Prohens, que por el motivo de la protesta. Hasta en eso han tenido mala suerte. Es el riesgo de agarrarse a un clavo ardiendo, que te puedes quemar.