Castillo de Alaró

Historia

El secreto de los castillos roqueros de Mallorca: la épica resistencia borrada por el catalanismo

Los peñascos de Alaró, Santueri y Pollensa vertebraron durante dos milenios la lucha contra los invasores y la memoria identitaria de la isla

Los castillos roqueros mallorquines de Alaró, Santueri y Pollensa simbolizan la resistencia isleña a las invasiones de Mallorca desde la romana hasta la aragonesa. Siempre han sido el refugio de los mallorquines, fueran honderos o cristianos o musulmanes, que no se querían someter al invasor. Como en todas las conquistas que ha sufrido Baleares, cada nuevo dominador se concentraba básicamente en la capital y controlaba las tres elevaciones rocosas, por lo que daba por dominada la isla y a su población. Solo hubo una dominación total que cambió por completo el devenir de la historia de Mallorca, y que fue la conquista romana, que supuso el control total de la isla y la romanización de la población.

Quizás el episodio más famoso relacionado con los castillos roqueros es la encarnizada resistencia de Guillermo Cabrit y Guillermo Bassa en el castillo de Alaró. La oposición mallorquina a la invasión aragonesa de 1285 que desposeyó a Jaime II del reino insular siempre ha estado presente en la memoria del pueblo mallorquín en las figuras de Cabrit y Bassa, que junto a Ramón Llull y Santa Catalina Thomás, representan la trinidad histórica de la devoción identitaria mallorquina. Debido a esta identificación con la mallorquinidad, el catalanismo descalifica esta hazaña tratándola como una leyenda fruto de la invención mallorquina. Lo mismo sucede con la denuncia de Ramón Llull ante la usurpación aragonesa. El catalanismo la oculta. El sabio mallorquín, además de decidir no pisar Mallorca, ni ninguna tierra aragonesa hasta que se produjera la devolución del reino a Jaime II, denunció la usurpación en su obra Blanquerna. El personaje de Jaime II proclamaba que «ara som sdevengut pobre e som en menysepreu de les gents per un rei ergullos, injuriós qui, per son gran poder e per avarícia m’ha tolta ma terra».

La historia del sitio aragonés al castillo de Alaró quedó recogida en el Breviario Mayoricense del siglo XV. En él se relataba cómo un mensajero del invasor se dirigió al castillo donde se entrevistó con los santos Cabrit y Bassa para pedir la rendición del castillo en nombre de «Anfós d'Aragó i Mallorca jurat com a rei i hereu». Los mallorquines le respondieron, desestimando de forma satírica la autoridad del monarca aragonés al compararle con un «anfós» (mero en mallorquín): «No coneixem an es reialme altre rei que el rei En Jaume de Mallorca, i perdonau-me anfós ès un peix que se menja amb aioli a tot arreu.» Cuando Anfós d’Aragó recibió la respuesta de Cabrit exclamó: “¿Cabrit, dieu? Bona caça! Doncs, com cabrits juro rostir-vos per escarment del traïdor! “. Después de la rendición del castillo en diciembre de aquel año 1285 los dos mallorquines fueron asados vivos en la plaza de Alaró.

Nuevamente los castillos roqueros sirvieron a los mallorquines para defender su reino ante la definitiva invasión aragonesa de mayo de 1343 protagonizada por Pedro IV de Aragón. Otra vez debemos destacar la importante resistencia del pueblo mallorquín en la fortaleza del Temple de la capital balear y en los castillos de Alaró, Santueri y Pollensa., que el catalanismo vuelve a ocultar.

Conquista romana

La historia de nuestros castillos se remonta a la conquista romana cuando todavía eran unos simples promontorios rocosos sin ningún tipo de construcción. En la primavera del año 123 a. de C. el cónsul romano V Cecilio Metelo zarpó rumbo a Baleares, que las conquistó con relativa facilidad a pesar de la resistencia de una parte de su población. Aquellos honderos que no se quieren someter, según relataba el historiador romano Floro, se dispersaron y se refugiaron en unos túmulos del interior de la isla: «dilapsique in proximos tumulos quaerendi fuerunt ut vicerentur» («y habiéndose dispersado por los peñascos cercanos, tuvieron que ser buscados para poder ser vencidos»). Esos peñascos a los que se refería Floro, identificados tradicionalmente con las construcciones megalíticas que son los talayots, según el doctor en historia Pau Marimón, serían las elevaciones rocosas donde más adelante se construirán los castillos roqueros de Alaró, Santueri y Pollensa. Para un romano las construcciones talayóticas se identificarían como «turris» y no «tumulos»

Durante el Bajo Imperio las debilitadas fronteres romanas ya no eran ningún obstáculo para la penetración de los pueblos germánicos de francos, alanos, suevos, visigodos, vándalos… Como consecuencia de la creciente militarización del Imperio debido a la entrada de los invasores germánicos se tomaron medidas defensivas extraordinarias. En el caso concreto de Mallorca, que aún no sufría la presencia ni la presión de los bárbaros, se produjo la ocupación de las zonas más elevadas e inaccesibles de Mallorca: los túmulos de Alaró, Santueri y Pollença. Esos peñascos roqueros se habían convertido en los principales puntos estratégicos desde donde se dominaba la isla y se controlaba su perímetro marítimo.

Pero inevitablemente los bárbaros llegaron a Baleares. En el año 455, las tropas de Genserico conquistaron la provincia autónoma Insularum Balearum junto con las otras importantes bases marítimas comerciales de Sicilia, Córcega y Cerdeña, incorporándose a la provincia vándala de Sardiniae. Aunque su peso demográfico era reducido, los vándalos lograron dominar todo el archipiélago. Se establecieron principalmente en Palma y Pollentia y, emulando la estrategia romana, aseguraron el control de los vitales castillos roqueros de Santueri, Pollença y Alaró.

Después de ochenta años regresó al poder romano a Baleares, aunque del Imperio de Oriente, pasando a formar parte de la provincia africana Mauritania Secunda. En el año 533 el general Belisario había conquistado Cartago y un año más tarde cayeron todas las islas mediterráneas del Imperio vándalo. Para proteger la frontera occidental del Imperio, en especial, de visigodos y francos, se reforzaron las fortificaciones de las provincias fronterizas ante una previsible disminución de su población. En Mallorca la defensa se articuló con la construcción de castillos en los estratégicos peñascos de Alaró, Santueri y Pollença.

El castillo de Alaró

Después de la desaparición del Imperio de Oriente del Mediterráneo occidental a principios del siglo VII, en Baleares, se configuró una autoridad propia, el muluk, el rey de Mallorca, denominado así por las fuentes musulmanas. Baleares pasó a ser independente durante dos siglos. Fue en el año 902 cuando Isam Al-Jawalani se apoderó de Baleares con poca oposición por parte de la mayoría de la población mallorquina, que vio como desembarcaba un nuevo dominador. Sólo encontró la lógica resistencia de las autoridades mallorquinas establecidas en la capital y que el geógrafo musulmán Al-Zuhri identificó como rum (cristiano). Un grupo de rum se refugió durante más de ocho años, hasta 910, en la fortaleza inexpugnable del castillo de Alaró, hisn al Rum (el castillo de los cristianos), tal como lo relataba el geógrafo musulmán Al-Zuhri: «En esta isla se encuentra una gran fortaleza construida en un lugar con el nombre de Hisn Al Rum alto y yermo, sin igual en el mundo habitado (…) los Rum se hicieron fuertes en esta fortaleza durante ocho años y cinco meses después de su conquista, sin que nadie pudiera hacer nada contra ellos; sólo la falta de víveres les obligó a salir». Los musulmanes al igual que vándalos y romanos mantuvieron y potenciaron la estructura defensiva basada en esas fortificaciones, en vistas a controlar las comunicaciones.

Tres siglos más tarde fueron los sarracenos quienes se refugiaron de los cristianos de Jaime I de Aragón durante la campaña de la conquista de 1229. Ibn Shayrí, tío del walí de Mallorca Abu Yahya, conocedor del avance cristiano y de la previsible caída de la capital, debido fundamentalmente a la ayuda que recibía Jaime I de los mallorquines, como Ben Habet y los suyos, salió de Medina Mayurka acompañado de parte de la población almohade para refugiarse en el castillo de Pollensa y resistir a los invasores.

Las fuentes musulmanas relataban cómo los Rum encabezados por Ben Habet además de ayudar a las tropas aragonesas también apostataron por convertirse al cristianismo, regresando de esta manera a la fe de sus antepasados. Decidido a ayudar a los conquistadores, Ben Habet se dedicó a convencer a sus seguidores de cooperar con los cristianos y también de abrazar la fe cristiana de sus antepasados. La crónica musulmana explicaba que sin la ayuda de Ben Habet, señor de Pollensa, Inca y Alfabia, gobernador de toda la parte foránea de esta isla, probablemente la conquista hubiera durante más tiempo o no hubiera triunfado.

Hacía poco más de dos décadas que los almohades habían invadido Mallorca. Después de su trascendental derrota en Las Navas de Tolosa (1212), muchos de ellos se refugiaron en la isla. Llegaron a una Mallorca donde su población musulmana no almohade (rum, almorávide, andalusí, árabe y bereber) no veía con buenos ojos al walí Abu Yahia, debido a su política de confiscaciones de tierras e inmuebles llevados a cabo contra ellos. Los almohades que acababan de llegar maniobraron para que el walí le beneficiara con las tierras de los mallorquines. No ha de extrañar que Ben Habet y los suyos prefirieran ayudar a Jaime I y así poder regresar a la fe cristiana de sus antepasados.