Cargas policiales durante una manifestación contra la saturación turística, a 26 de julio de 2026, en Palma Tomàs Moyà
Manifestación antiturismo 26-J
La Policía acredita con imágenes de drones la «masa hostil» que acorraló a los agentes y obligó a cargar en Palma
El atestado judicial documenta el uso de adoquines, palos y un clavo industrial contra los agentes en una emboscada que dejó cinco agentes heridos y agresiones a turistas
Policías agredidos con piedras, botellas, latas, un clavo de grandes dimensiones y hasta con el mástil de una bandera. La Policía Nacional ultima el atestado que remitirá de forma inminente al Juzgado de Instrucción de Palma para defender la proporcionalidad y justificación de las cargas ejecutadas tras la manifestación contra la saturación turística del pasado 26 de julio en Palma.
El atestado Policial describe a una «masa hostil» que envolvió por completo a la patrulla hasta arrastrarla hacia la avenida Antoni Maura. Allí, con el rostro cubierto, un grupo de violentos se lanzó contra el dispositivo arrojando piedras, latas y botellas, dando golpes con el palo de una bandera y hostigando sin miramientos a los turistas que se cruzaron en su camino. Fue esta espiral la que obligó a los mandos del operativo a ordenar las cargas para recuperar el control.
El informe, respaldado por grabaciones aéreas de la Unidad de Drones y material rastreado en redes sociales, demostraría que la actuación antidisturbios fue la respuesta obligada ante el arrinconamiento extremo de los agentes y la irrupción de un grupo violento dispuesto a quebrantar el orden público.
La desembocadura de la protesta
Pese a que la protesta discurrió con normalidad en casi todo su trazado, la situación dio un vuelco al llegar al punto final en Ses Voltes. Los agentes avisaron a la organización de que era inviable evacuar la marcha hacia el espacio de lectura del manifiesto, donde pretendían introducir a 25.000 manifestantes en una ubicación con un aforo de 1.500.
La Policía planteó que realizaran el acto en el exterio para evitar una masa aplastante pero los organizadores se negaron. Ante la insistencia de acceder al recinto inicialmente previsto, se acordó establecer tres filtros policiales para una entrada paulatina.
Los promotores se negaron y clamaron por megafonía que las Fuerzas de Seguridad estaban bloqueando arbitrariamente el paso. Una consigna que movilizó a la multitud, desbordó el cordón defensivo de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) y arrolló el vallado a la fuerza.
La tensión escaló inmediatamente hasta desencadenar los primeros encontronazos físicos con las fuerzas de seguridad. Los agentes quedaron acorralados en la estrecha pasarela flanqueada por el muro histórico y el estanque, una situación de aislamiento entre Antoni Maura y Ses Voltes que exigió la rápida intervención de unidades de apoyo
Un grupo de violentos encapuchados se escudó en la marcha pacífica para lanzar piedras y botellas a escasa distancia. Las imágenes recogen cómo una joven embestía la línea policial blandiendo un palo de tres metros.
El balance de la contención resultaron heridos cinco agentes. Las pruebas fotográficas unidas a la causa documentan el hallazgo de adoquines y un clavo industrial lanzados directamente contra las líneas de casco.
La violencia desatada en los aledaños del paseo Sagrera alcanzó también a peatones ajenos a la convocatoria. Los investigadores recogen el episodio en el que varios exaltados increparon y agredieron a una pareja de turistas que caminaba por los alrededores. Cuando la mujer intentó documentar el ataque con la cámara de su teléfono móvil, un manifestante se lo arrebató de un golpe seco, estrellándolo contra el suelo.