Perros de presa, estafas alemanas y el temido Comte Mal: el pasado de un exclusivo hotel mallorquín

La gran 'possessió' Son Nét de Puigpunyent esconde leyendas de bandoleros y cumbres feudales donde tres señores comían al borde del abismo antes de convertirse en un exclusivo hotel

Una de las estancias interiores

Hay muchas historias alrededor de Son Nét y también leyendas. Resulta imposible seleccionar una entre ellas pues todas se entremezclan y se confunden en un amasijo de documentos y tradiciones en los que encontramos personajes que ya aparecieron en el devenir de otras fincas. Pero hay un denominador común: Puigpunyent, sus agrestes territorios que fueron escenario de luchas de bandidajes, de historias siniestras con secuestros, asesinatos, de ignotas vidas de sencillas gentes: pastores, carboneros, y roters. Incluso en sus avatares más recientes -la finca es ahora un hotel de gran lujo- son Nét no pudo ser ajeno a episodios que trascienden la crónica amable y curiosa. Hay mucho que contar sobre esta gran possessió y, sobre todo, de lo que acaeció en sus extensas tierras que llegaron a ocupar un tercio del término municipal de Puigpunyent.

Las casas, como las personas, pueden ser víctimas de desgracias o silenciosas destinatarias de cuidados y atenciones que trascienden épocas y generaciones. Cuando el cronista visitó son Nét, la finca ya era propiedad de David Stein, quién la había convertido en la niña de sus ojos. Quedaban atrás años tumultuosos en los que la propiedad estuvo en manos de un alemán sin escrúpulos que a punto estuvo de destrozar uno de los patrimonios rurales más bellos de Mallorca. Ese hombre acabó en la cárcel por estafa y la finca pasó a ser propiedad del señor Stein, quien realizó unas obras de reforma que le devolvieron su antiguo esplendor.

Un venerable sacerdote, don Francesc Llinàs, me abrió las puertas de su casa y de la para mi inextricable historia de son Nét. Cuando visité la finca, a comienzos de la década de los 90, don Francesc tenía 82 años y una memoria envidiable. De su mano caminé los primeros pasos de un camino cuyo recorrido total daría para un libro. Son Nét nació del agrupamiento de dos antiguos predios: Hortalutx y sa Granada. Ramon Rosselló Bover encontró un documento datado en 1280 en el que figuraban noticias de ambas propiedades. La etimología de Hortalutx es diferente en función de la grafía: si se escribe con hache o sin ella. En el primer caso significaría «huerto del bosque», mientras que en el segundo debería leerse como «sol naciente».

Los abruptos montes que lo rodean guardan todavía muchas historias de violencia y saqueos. La Mallorca más oscura, con sus secretos que ya nunca podrán ser revelados

Un hito importante en la agitada historia de son Nét lo encontramos en 1521. Por aquellos días las luchas entre los «Canamunt» y «Canavall», cuyos ecos han llegado hasta nuestros tiempos en forma de celebraciones vecinales de Palma, el valle de sa Granada fue escenario de unos disturbios que alteraron seriamente la paz de aquellas tierras. Los enfrentamientos entre dos familias de Andratx, los Vich y los Alemany, partidarias respectivas de las facciones rivales de Palma, se saldaron con un fallecido y un montón de heridos. El alcalde del lugar, movido seguramente por motivos políticos, supo «ponerse de perfil», cómo diríamos ahora, y no informó a las autoridades capitalinas de los graves disturbios, que pronto quedarían diluidos en el hecho más sanguinario y terrible de la historia mallorquina: la Guerra de las Germanies.

Más adelante en el tiempo encontramos un personaje singular, el del donzell Pere Pacs. Se trata de un miembro de la pequeña nobleza de Mallorca -de ahí su tratamiento- que vivía habitualmente en Palma, en la calle «de ses Carasses». Estamos a mediados del siglo XVII, cuando el doncel Pacs tenía en son Nét, que era de su propiedad, a un vecino muy peligroso. Nada menos que a Ramon Burgués-Zaforteza.Pacs-Fuster de Vilallonga, más comocido por el sobrenombre de «Es Comte Mal». Por aquel entonces el término de Puigpunyent y alrededores estaba dominado por tres grandes fincas: Galatzó, son Nét y son Fortuny. Según la tradición, en la cumbre de Galatzó había una gran mesa en la que se sentaban a comer y a parlamentar los señores de las tres posesiones. Allí estaban, juntos, pero cada uno de ellos sentado en los límites de su extensa propiedad.

El comte Mal, de cuya vida y leyenda hablaremos más extensamente en un reportaje dedicado a la finca de Galatzó, era un personaje de mucho cuidado: cruel, vengativo que aspiraba a un dominio total sobre tierras y familias. Pere Pacs y él pudieron ser parientes, aunque históricamente es dificil de demostrar ya que encontramos ese nombre en referencias que no tienen nada que ver con esta época y esa historia. Pacs administraba su extensa finca con criterios que hoy llamaríamos «de rentabilidad». Explotaba personalmente sus mejores y más feraces tierras al tiempo que cedía en arrendamiento las más alejadas de las casas.

Es muy posible que la construcción original, que por poco destruyó para siempre el alemán, date de los tiempos del doncel, del que las crónicas hablan como de un personaje de talante tranquilo y bondadoso que, sin embargo, tuvo que enfrentarse toda su vida a un ambiente de violencia que era muy propio de los abruptos territorios de Puigpunyent. En 1520, un siglo antes de que Pere Pascs fuese el señor de aquellas tierras, cuando la finca pertenecía a un tal Guillem Nét, tres bandoleros de nombre Francesc Sabater, Bartomeu Nadal y Joanot Palou, asaltaron la finca de sa Granada precedidos por una jauría de perros de presa. Hubo graves daños personales y una gran destrucción.

Afortunadamente, hoy son Nét es un paraíso de paz y sosiego solo al alcance -eso sí- de quienes pueden pagárselo. Pero los abruptos montes que lo rodean guardan todavía muchas historias de violencia y saqueos. La Mallorca más oscura, con sus secretos que ya nunca podrán ser revelados.