Desde la retaguardiaMiquel Segura

La mayonesa de la revolución popular versión Baleares no les acaba de cuajar

Un amigo mío que vive cerca de la plaza de España me llamó para decirme que no son más de treinta y con una pinta de no haber comido caliente en toda la semana que tira de espaldas. «Puedes estar seguro -aseveró- que a esos nadie les alquila un piso ni aunque sea a tres mil euros por semana»

Los viejos de cuando yo era joven hubiesen dicho a propósito de Sánchez que «tiene el santo de cara». Pero yo sé que no son los santos sino los mil y pico asesores que le pagamos usted y yo, caballero. Tampoco cabe olvidar el olfato que tiene el truhán para la política. Salió lo de esa señora Mari Carmen y el tío vio la ocasión, que la pintan calva.

--Ese asunto tiene para hacer un buen caldo mediático. Montarme un gran pifostio con el tema, a ver si conseguimos que unos y otros, incluido el rey, se olviden de lo de Ceuta.

Fue dicho y hecho. Los bajos fondos del sanchismo funcionaron a las mil maravillas y nació un nuevo 15-M. Oportunistas y aprovechados es lo que le sobra a la izquierda, así que el bello Pedro volvió a dominar el relato, que es lo suyo. Al mismo tiempo ordenó a sus delegaciones provinciales que hicieran la propio; había que armar lío desde el campo de Gibraltar hasta Puigcerdá, a ver si esa derechona capitalista de piel de buitre se entera de una vez de con quién se la está jugando.

Luego leí que, para animar un poco a las turbas callejeras, alguien quería montar una cenita en la plaza que preside el buen rey Jaume I, lo que le falta a aquella zona

En Palma, como era de esperar, la cosa no les ha salido del todo bien. Negueruela no domina los asuntos de la plebe con chancletas, el gallego está hecho de otra pasta. «Ro», tan fina ella, no es apta para bajar a los infiernos, así que se tuvo que recurrir a sus otrora aliados de la extrema izquierda. Dicen que madò Farta, que en sus horas libres se quita la máscara de calavera con la que sale a la calle, prometió ayudar. «Todo sea por fastidiar a los propietarios de pisos y chalés», parece ser que dijo.

Pero la mayonesa de la revolución popular no les acaba de cuajar. Un amigo mío que vive cerca de la plaza de España me llamó para decirme que no son más de treinta y con una pinta de no haber comido caliente en toda la semana que tira de espaldas. «Puedes estar seguro -aseveró- que a esos nadie les alquila un piso ni aunque sea a tres mil euros por semana». Luego leí que, para animar un poco a las turbas callejeras, alguien quería montar una cenita en la plaza que preside el buen rey Jaume I. Es lo que le falta a aquella zona para ahuyentar a transeúntes y paseantes y convertirla en un remedo de la playa del Trampolín. Como dijo aquel «progresamos adecuadamente».

También viene en ocurrir que Margalida Prohens es más lista que el hambre y enseguida vio venir la jugada. Su argumento en sede parlamentaria fue el mismo que me aportó mi amigo: «Esa concentración ahuyenta a los que podrían ofrecer viviendas en alquiler». Total, que hemos empezado un otoño de lo más animado, y la presidenta lo sabe. Ella no tiene mil asesores pero se va apañando, al menos de momento.

La guinda de esos días es el aumento del índice de precios al consumo, que en septiembre ha rozado el 5%, una auténtica salvajada. Son los combustibles, estúpido, que van a provocar una nueva tractorada. Y ojo, que los agricultores y ganaderos no son como los acampados. Que se prepare el Poncio porque ellos sí que tienen cuajo.

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