Columnata abiertaJosé Manuel Barquero

Decrecimiento turístico... con la verdad por delante

Lo honesto sería que, antes de las elecciones del año que viene, los partidos políticos -especialmente el PSOE de Baleares- concreten las consecuencias económicas y laborales de sus propuestas

La semana pasada, la presidenta Marga Prohens se reunió en el Consolat de Mar con representantes del GOB y de Terraferida. Es positivo, y forma parte de la normalidad democrática, que las personas que encabezan las instituciones públicas se reúnan con miembros de la sociedad civil, escuchen sus demandas y, si es posible, traten de satisfacerlas. Lo que nunca se debe olvidar es la posición de unos y de otros. Prohens encabezó en 2023 una lista electoral, asumió unos compromisos durante la campaña y ganó aquellos comicios de forma holgada. Obtuvo más diputados que toda la izquierda junta, aunque no alcanzó la mayoría absoluta. Por eso, para ser investida como presidenta del Govern, Prohens necesitó los votos de los parlamentarios de Vox. Hasta el momento, el GOB y Terraferida nunca se han presentado a unas elecciones. Esta circunstancia no resta legitimidad a ninguna de sus reivindicaciones. Simplemente, sitúa sus peticiones en un plano distinto a las propuestas que realiza un partido político. Conviene aclarar este punto para dificultar el trilerismo político. Ahora te enseño la bolita, ahora te la escondo.

Este pasado verano, un diputado nacional de Vox ha publicado en sus redes sociales varios selfis en playas desiertas de Mallorca. Jorge Campos se ha retratado en algunos arenales de la isla sin que se viera un solo turista a sus espaldas. Tengo escrito no hace mucho tiempo haberme bañado en soledad en Es Trenc en pleno mes de agosto, aclarando en el mismo texto lo mucho que había madrugado. Unas horas más tarde, el parking de esa playa estaba cerrado porque no cabían más coches. El caso es que, con esas fotografías, Jorge Campos y Vox niegan que exista ninguna masificación turística en Baleares y abogan por seguir creciendo cada año en número de visitantes. A mí me parece un planteamiento irresponsable y un grave error de lectura sobre lo que está sucediendo con el modelo económico de nuestra comunidad, pero se ha de reconocer la transparencia y la sinceridad de su enunciado. Opinan que deben venir más turistas porque, según ellos, los beneficios que acarrea ese crecimiento compensan los perjuicios.

El GOB y Terraferida hacen una lectura extremadamente crítica de un modelo turístico que permitió durante décadas que los ciudadanos de Baleares mejoraran su nivel de vida, pero que hoy consideran dañino para casi todos. Por eso hablan de decrecimiento. Y lo hacen sin tapujos, con todo el derecho que les asiste para opinar, porque son dos organizaciones ecologistas que se preocupan por el medio ambiente y la conservación del territorio. No están obligados a rendir cuentas ante la sociedad, ni de los resultados de sus movilizaciones ni de las consecuencias de sus propuestas.

No debería ser así en el caso de un partido político que, como mínimo, tiene el deber moral de explicar cuáles serían las repercusiones de las medidas que plantea. El discurso de Més se dirige a un electorado menor, en el sentido de que no aspira a ser un partido mayoritario. La extrema izquierda, se vista con las siglas que se vista, lucha en Baleares por no perder el único diputado que tiene en el Parlament. Sin embargo, el PSIB, que se supone que es la alternativa al actual gobierno del PP de Prohens, tiene unas obligaciones frente al electorado que no atan al GOB ni a Terraferida.

Cuántos miles de empleos se destruirían, qué alternativas laborales se ofrecerían a los trabajadores afectados y qué pasará con el sector de la construcción o la población inmigrante que depende de esta industria

Plantear un decrecimiento turístico se traduce en la eliminación de plazas turísticas. No en eliminar las ilegales, no. Eso es cumplir con el ordenamiento jurídico. Hablamos, en primer lugar, de suprimir plazas de alquiler turístico. Lo honesto sería concretar, antes de las elecciones del año que viene, cuáles son esas licencias que se pretende a anular. En segundo lugar, y aunque nadie quiera mentar la bicha, convendría explicar a los votantes si nos sobran hoteles. Si la respuesta es afirmativa, sería conveniente definir cuáles. ¿Los de dos estrellas? ¿Los de tres? ¿Los que masifican alguna zona en particular? ¿Los pequeños? ¿Los grandes? ¿Los medianos?

Esto no son bromas. Serían propuestas electorales «valientes» que deberían acompañarse de una memoria económica sencilla. Digo sencilla porque, siendo honestos, sólo tendría que responder a unas cuantas preguntas de interés general: ¿cómo afecta ese decrecimiento a la actual oferta complementaria? ¿Cuántos miles de puestos de trabajo se destruirían? ¿Qué alternativa laboral se ofrecería a las personas que pierdan su empleo? ¿Favorecemos que se pasen al sector de la construcción o seguimos criminalizando el ladrillo? ¿Queremos que esa mano de obra poco cualificada se quede en la islas o les sugerimos que se larguen a la península, o a sus países de origen? ¿Es esta la solución que propone la izquierda al problema del aumento poblacional en Baleares?

Ya digo que estas cuestiones no tienen por qué responderlas el GOB ni Terraferida. Y si me apuran tampoco Més, una formación que por mucho que se unte de verde, no deja de ser un partido nacionalista identitario con amplios apoyos entre votantes que cobran una nómina de la Administración. Pero el PSIB, que se presenta como el partido de los trabajadores y el defensor de una política de puertas abiertas a la inmigración, sí debería explicar a los electores cómo y por dónde piensa decrecer. Me refiero al turismo, no a sus votos.

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