La guerra para combatir la litiasis renal úrica
Ciencia
Dos moléculas baleares conquistan a los urólogos estadounidenses contra los cálculos renales y su «dolor de parto»
Tras casi tres décadas de investigación, la Asociación Americana de Urología incorpora a sus recomendaciones el fitato y la teobromina, dos sustancias naturales patentadas por científicos de la UIB
Quien ha sufrido un cólico renal suele tener una referencia para explicar el dolor: un parto. La comparación se repite desde hace años aunque los desenlaces no puedan ser más distintos: uno acaba en vida; el otro, en una piedra que el cuerpo intenta convertir en residuo cuanto antes. Entre medias está el dolor agudo, casi siempre insoportable. Pero así como la medicina encontró hace tiempo maneras de reducir el sufrimiento durante el alumbramiento -anestesia epidural, por ejemplo- con las piedras del riñón, algunos científicos persiguen una solución anticipatoria, es decir, que no lleguen a formarse. En eso llevan casi 30 años unos investigadores de la Universidad de las Islas Balears (UIB).
Dos de las sustancias sobre las que han trabajado, el fitato y la teobromina, acaban de alcanzar una frontera poco habitual para una investigación nacida en un laboratorio universitario de Mallorca. La nueva guía de gestión médica de la litiasis renal de la Asociación Americana de Urología (AUA) las ha incorporado por primera vez entre sus recomendaciones.
Fitato y teobromina: ¿qué son?
Las moléculas 'estrella' son naturales, una está presente en numerosos alimentos vegetales y la otra, en el cacao. Lo que hicieron los investigadores de la UIB fue descubrir y estudiar su capacidad para interferir en los procesos de cristalización que terminan formando determinados cálculos renales y desarrollar aplicaciones que después han sido patentadas.
«Es poco frecuente que algo de aquí aparezca allí», admite Félix Grases, director del grupo de cálculo renal de la UIB. Para un investigador acostumbrado a medir resultados en experimentos y publicaciones científicas, la incorporación dispara la dimensión: «Es muy satisfactorio porque reconocen el efecto de estos productos».
La Asociación Americana de Urología es una de las organizaciones científicas de referencia de la especialidad. Sus guías son utilizadas por urólogos y otros profesionales y sus recomendaciones terminan influyendo en protocolos y documentos médicos más allá de Estados Unidos.
Tres décadas de estudio mallorquín
El camino hasta allí empezó en los años noventa. El grupo de la UIB comenzó entonces a estudiar los fitatos porque guardaba una propiedad altamente interesante: su capacidad para inhibir la cristalización de sales cálcicas.
La piedra no aparece de repente en el riñón. Antes ha ocurrido algo a una escala que el ojo no puede apreciar. Determinadas sustancias presentes en la orina comienzan a cristalizar, esos cristales pueden crecer y, bajo determinadas condiciones, acabar formando un cálculo. Si se consigue interferir en ese proceso, se puede dificultar la formación de la piedra.
Primero hubo pruebas in vitro. Después llegaron los estudios con ratas. Más tarde, con personas. Los resultados permitieron mantener abierta una línea de investigación que acabaría teniendo ramificaciones inesperadas: en 2010 el grupo comprobó también el interés del fitato en relación con la osteoporosis.
Con la teobromina el recorrido fue menos directo.
Los investigadores buscaban una sustancia capaz de actuar sobre otro problema: los cristales de ácido úrico, responsables de la litiasis úrica. Las primeras pruebas no funcionaron.
Antonia Acosta, investigadora principal del grupo de Litiasis Renal y Calcificación Patológica de la UIB, lo resume sin adornos: los resultados «no fueron positivos».
Siguieron buscando.
En 2007 dieron con la teobromina, un compuesto natural del cacao. Las investigaciones posteriores mostraron que podía inhibir la cristalización del ácido úrico. El hallazgo abrió una vía que el grupo continuó desarrollando y que acabaría generando patentes y aplicaciones relacionadas con la prevención de este tipo de cálculos.
La incorporación del fitato y la teobromina a las recomendaciones estadounidenses coloca parte de ese trabajo delante de médicos que probablemente nunca han pisado Mallorca. Ahí está lo excepcional de este avance clínico con marca mallorquina.