Pere Joan Pons, fiel a Sánchez desde aquel «no» a Rajoy y hombre de Armengol para la Delegación del Gobierno

El nuevo delegado fue uno de los diputados socialistas que desobedecieron la orden de abstenerse en la investidura de Rajoy en 2016; diez años después, con el respaldo de Sánchez y de la líder del PSIB, pasa de la política parlamentaria a gestionar los asuntos del Estado en Baleares

Pons, en la tribuna del Congreso

Pere Joan Pons fue de los que votaron «no» cuando la dirección del PSOE había decidido que tocaba abstenerse. Era octubre de 2016, Pedro Sánchez acababa de perder la secretaría general del partido y los socialistas afrontaban una de sus crisis internas más profundas. La investidura de Mariano Rajoy había dividido al grupo parlamentario y la gestora que dirigía el PSOE había impuesto la abstención para permitir que gobernara el PP. Pons no acató la consigna. Mantuvo el «no» junto a un reducido grupo de diputados, entre ellos Milena Herrera, mientras Sánchez renunciaba a su escaño para no tener que participar en aquella votación.

Diez años después, Sánchez sigue en la Moncloa -de momento- y Pons acaba de ser nombrado delegado del Gobierno en Baleares. Entre aquella votación y su nuevo despacho hay una carrera política vinculada a dos dirigentes: el presidente del Gobierno y Francina Armengol, su principal referente en las islas. Pons fue sanchista cuando Sánchez estaba fuera de la dirección del PSOE y es armengolista desde los años en que la actual presidenta del Congreso preparaba su llegada al Govern.

Su nombramiento lleva también la firma política de Armengol, que continúa al frente del PSIB pese a haber perdido la presidencia autonómica en 2023. Su traslado a Madrid no ha supuesto una retirada de los asuntos internos del socialismo balear. Conserva la secretaría general, mantiene a buena parte de su equipo en posiciones de responsabilidad y sigue digitando candidaturas y cargos institucionales. Pons conoce bien ese entorno. Fue jefe de gabinete de Armengol cuando esta llegó al Consolat de Mar en 2015, después de haber pasado por el Consell de Mallorca y por el asesoramiento al grupo parlamentario socialista. En 2016 obtuvo escaño en el Congreso, donde permaneció hasta 2023, antes de continuar su trayectoria en el Senado. Ha trabajado en distintas administraciones, aunque buena parte de su carrera ha estado ligada a gabinetes políticos y a la actividad parlamentaria.

La Delegación del Gobierno supone ahora un cambio de funciones. También llega en un momento de movimientos internos en el PSIB, con Alfonso Rodríguez dejando el cargo para intentar recuperar la Alcaldía de Calvià y con Catalina Cladera, otra dirigente próxima a Armengol, vinculada a los planes socialistas para el Senado. Son decisiones distintas, pero coinciden en una reorganización que afecta a varios nombres del entorno de la secretaria general. En ese contexto se produce la designación de Pons, aprobada por el Consejo de Ministros. Su proximidad a Sánchez y Armengol es conocida y viene de lejos. La cuestión, a partir de ahora, será qué peso adquiere su gestión -aunque sea provisional- al frente de una institución cuyas obligaciones exceden la actividad (cómoda) orgánica del partido, porque la Delegación de Gobierno no es apretar un botón en el Congreso a las órdenes del grupo. El delegado coordina la Administración General del Estado en el territorio y ejerce responsabilidades relacionadas con la seguridad, la inmigración y la relación con otras administraciones.

En Baleares, además, esa interlocución tiene sus propias dificultades. La presión migratoria, la coordinación de los dispositivos estatales, las necesidades de las islas ante los ministerios y los conflictos competenciales requieren un trabajo que no se resuelve únicamente desde la afinidad política con Madrid.

Pons llega con formación jurídica, experiencia en las Cortes Generales y actividad internacional vinculada a la OSCE. Conoce el funcionamiento de las instituciones y los procedimientos de la política nacional. Lo que todavía no ha podido acreditar en este puesto es cómo utilizará esa experiencia en una responsabilidad de gestión territorial, sometida a incidencias y urgencias que no dependen del calendario parlamentario.

Para Armengol, su nombramiento mantiene a uno de sus colaboradores históricos en una posición relevante de la Administración del Estado en las islas. Para Sánchez, supone incorporar a esa responsabilidad a un dirigente fiel. Sanchismo en estado puro.