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Don Juan Carlos, en Sangenjo

Don Juan Carlos, en una reciente imagen tomada en SangenjoGTRES

Casa Real  Don Juan Carlos: «Espero restablecer una relación armoniosa con mi hijo y volver a España, a casa»

  • «Un Rey nunca abdica»: el consejo de Isabel de Inglaterra

  • El anterior Monarca reflexiona sobre la muerte y señala la vanidad del presidente Giscard d’Estaing

Don Juan Carlos no tomó la decisión de abdicar a la ligera: reflexionó previamente. Y mucho. Sin ir más lejos, tuvo en cuenta el antecedente de Carlos V. También la advertencia de Isabel II de Inglaterra, según relata en sus memorias. «¿Cómo saber que es hora de retirarse y poner fin a su reinado? […] La última abdicación de la Corona española se remonta a 1555. Carlos V, el monarca más poderoso del siglo XVI, se retiró al monasterio de Yuste, en Extremadura. Tras una vida de batallas, cansado de las guerras intestinas que minaban su inmenso reino y agotado por problemas de salud, el Emperador renunció a todas sus prerrogativas. Abdicó en favor de su hijo Felipe II y de su hermano Fernando para poder terminar sus días en paz monástica. Ese era el único antecedente que tenía. […] La Reina de Inglaterra me repetía: ‘A King never abdicates’ (Un Rey nunca abdica). Y según mi padre, ‘el Rey se muere con las botas puestas. Si aún estuviera entre nosotros, se habría mostrado contrario a la decisión que estaba a punto de tomar».

¿Sepultura en el Escorial?

Don Juan Carlos se toma el final de su vida con filosofía e ignora los planes del Gobierno sobre su entierro y funeral. «Cuando llegue mi hora, llegará. Entonces podrán hacer lo que quieran conmigo. ¿Seré el siguiente? ¿Hay algo previsto para mi funeral? No lo sé. […] Sé que la cripta de los Reyes del Escorial está llena. Hay espacio para construir otra. ¿Qué decidirá el Gobierno? Todo está en sus manos. Es una cuestión de presupuesto y de voluntad. Por ahora, me parece que no hay nada decidido ni organizado. Lo único seguro es el tradicional proceso de la colocación en el ataúd, ¡una prueba siniestra! El cuerpo descansa durante veinticinco años en una sala llamada ‘pudridero’, donde, literalmente, el difunto se pudre. Luego, los monjes del monasterio del Escorial rompen los huesos de los restos, en presencia del jefe de la Casa del Rey. A continuación, estos huesos se colocan en una especie de urna sellada que sale de la cripta de espera para ser instalada en la necrópolis real. No es algo muy apetecible... pero así es esta tradición que se remonta a los Habsburgo. No sé si escaparé a ella, pero poco me importa. No me obsesionan este tipo de consideraciones. Sobre todo, espero tener una jubilación tranquila, restablecer una relación armoniosa con mi hijo y, sobre todo, volver a España, a casa».

Nostalgia de España

Don Juan Carlos lo admite: «No hay un solo día en el que no me invada la nostalgia. Es como si España se me hubiera pegado a la piel. Allí dejé mis mejores recuerdos y mis mayores orgullos. Pasé más de setenta años recorriéndola sin cansarme nunca. Echo de menos los desfiles militares. No solo porque fui jefe de las Fuerzas Armadas, sino porque me formé en ellas durante cuatro años. Me gusta ese ambiente, entiendo a los militares, valoro sus esfuerzos y sus preocupaciones. Fui uno de ellos».

«Los desfiles son una oportunidad para ponerlos en valor, para reencontrarnos con ellos, con su rigor y su franqueza. Solo con ver desfilar en mi mente las imágenes de las rías gallegas, la niebla que envuelve las colinas de Toledo, las saetas de la Semana Santa en Sevilla, el olor a jazmín y azahar por la noche, me emociono. Sé lo que es la verdadera nostalgia. La caza de la perdiz, que era uno de mis pasatiempos favoritos en España, no tiene nada que ver con la caza en otros países: el ambiente es jovial y alegre, el cielo está despejado y luminoso. En el extranjero, todo es más frío, tanto el clima como las relaciones humanas. En España, cada vez que se acierta un tiro, nos felicitamos y aplaudimos».

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Don Juan Carlos con Clint Eastwood en 1987 en CaliforniaEFE

Conversaciones con Clint Eastwood

Comparte con el famoso actor el mismo tono de llamada en el móvil: la banda sonora de El bueno, el feo y el malo. «La ‘dieta Nurai’ me ayudó a perder peso y mi entrenamiento físico diario me permitió mejorar mi movilidad. Sobre todo, decidí ‘no dejar pasar al viejo’ y acomodarme, como dice tan bien Clint Eastwood cuando le preguntan cuál es su secreto para mantenerse tan activo y seguir haciendo películas a más de 90 años: ‘Cada mañana, cuando me levanto, no dejo entrar al viejo. Mi secreto: mantenerme ocupado. Nunca dejo entrar al viejo en mi casa’. […] Son palabras que me llegan. Tuve la suerte de conocerlo en Estados Unidos. Estaba sentado a su lado. Mi teléfono sonó y él empezó a buscar el suyo. Nos dimos cuenta de que teníamos el mismo tono de llamada: la banda sonora de ‘El bueno, el feo y el malo’, el western de Sergio Leone de 1966 en el que él era el protagonista».

Giscard quería el Toisón de Oro: «Era un vanidoso»

Se sabía que las relaciones de Don Juan Carlos con el tercer presidente de la V República eran tensas y complicadas. También circulaba la anécdota del Toisón de Oro: el padre de Felipe VI la confirma. «El presidente francés no era precisamente modesto... Cada vez que venía, tenía la impresión de que se creía Napoleón, cuyo hermano José intentó dominar España, lo que provocó un levantamiento popular contra las tropas francesas. Al ver un cuadro de uno de mis antepasados luciendo el Toisón de Oro, la más alta distinción de la Corona española, me hizo una insinuación. Seguramente esperaba que yo se la concediera. Cada vez que lo invitaba, se mostraba muy exigente con su lugar en el protocolo. Su arrogancia, que rayaba en la condescendencia, podía obstaculizar su inteligencia. Yo necesitaba su apoyo y él me lo hacía sentir».

En las páginas de Le Figaro, Don Juan Carlos da más detalles sobre Giscard. «¡Era tan arrogante!», exclama. «Un día vino a mi casa en La Zarzuela. Vio los cuadros de mi abuelo y mi tío, con el collar del Toisón de Oro, la más alta condecoración española. Me dijo: ‘Yo también tengo derecho a ella, soy descendiente de Luis XV’. ¡Y al final no la consiguió! Preferí dársela, mucho más tarde, a Nicolas Sarkozy, en agradecimiento por la ayuda decisiva que había prestado a España en la lucha contra los terroristas de ETA’».

Podría haber, en relación con Giscard, lo mismo que dijo el semanario satírico Le Canard Enchaîné cuando pretendió descender de Luis XV: «Sí, pero por la escalera de servicio», aludiendo a la supuesta filiación por línea bastarda.

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