El president de la Generalitat, Carles Puigdemont durante una reunión con el político Pedro Sánchez en Barcelona.
15/03/2016
Barcelona

Pedro Sánchez y Carles Puigdemont en 2016GTRES

Con un Parlamento tan pequeño como el de Castilla-La Mancha Sánchez no hubiera podido gobernar en España

Los solo 33 diputados en las Cortes castellanomanchegas hacen muy difícil obtener representación, en contraste con el Congreso

El Parlamento de Castilla-La Mancha es el más pequeño de España junto al de La Rioja, con 33 diputados, si exceptuamos a Ceuta y Melilla, con 25 cada una. La diferencia es que Castilla-La Mancha es una inmensidad territorial y de población en comparación a las otras tres regiones españolas.

Una circunstancia que hace del territorio gobernado por Emiliano García-Page una rareza en el conjunto del país, con consecuencias notables, por no decir sobresalientes, en cuestiones de representación política, motivadas por cuestiones de evidente cálculo político.

Su ley electoral solo permite un máximo de 35 diputados que suenan irrisorios al lado de los 135 de Madrid y Cataluña, o los 109 de Andalucía. También frente a los 99 de la Comunidad valenciana, los 67 de Aragón o los 81 de su «hermana» Castilla y León, por no seguir con otras cifras paradigmáticas en comparación.

Solo tres partidos en las Cortes

Hay una reforma estatutaria pendiente, cuya Comisión el PSOE de la región ha convocado para después de Semana Santa y desbloquear la negociación con el PP, los dos únicos partidos, sin nadie más, quién si no, implicados en el asunto. Dicho proyecto de reforma, que no se aplicaría en cualquier caso hasta la próxima legislatura, en 2027, elevaría el número de diputados a 55.

Pero ahora son 33. Fue durante el Gobierno de María Dolores de Cospedal, el único del PP en la historia de la Comunidad, cuando se redujo el Parlamento a esta cifra. Las razones «oficiales» fueron que la crisis obligaba a dicha reducción como ejemplo para la sociedad. Nunca ha habido en las Cortes castellanomanchegas más de tres partidos con representación, incluso en los tiempos, desde su constitución en 1983, en que hubo 44, 47 y 49 diputados, según las distintas reformas, respectivamente.

La realidad es que la situación actual hace extremadamente difícil el acceso al Parlamento, puesto que partidos con porcentajes de voto en torno al 8 o 9 % no pueden superar con él el umbral del convento de san Gil, lo que en otras regiones da sobradamente para obtener representación. Por ejemplo, con menos de un 6 %, Podemos e IU tienen cuatro diputados en el Parlamento extremeño, y en el mismo lugar Vox con un 8 % obtuvo cinco en las últimas elecciones.

En la Comunidad de Madrid, el partido de Santiago Abascal suma 10 diputados con solo un 7 %. En Aragón hay hasta cinco partidos con representación autonómica con porcentajes por debajo del 5 %. La CUP en Cataluña tiene actualmente 4 diputados, precisamente con un 4 % de los votos. Pero estas proporciones son gigantescas en comparación al Congreso, a la representación obtenida por los partidos en el Parlamento Nacional, y más aún si se tiene en cuenta, en contraste, la influencia y la importancia que tienen algunos (ley electoral de por medio), en relación a su exiguo porcentaje del total, mayormente los socios de Gobierno.

Solo PP, PSOE, Vox y Sumar con hipotética representación

ERC tiene 7 diputados en la Cámara Baja con el 1,89 % de los votos. Bildu tiene 6 con el 1,36 %. Junts tiene 7 con el 1,6 %, y el PNV suma 5 con el 1,1 %. Estos son los partidos que dieron su apoyo a la investidura de Sánchez, que perdió las elecciones con 121 diputados, frente a los 137 del PP. Si España fuera Castilla-La Mancha y en función de los porcentajes referidos, los únicos partidos con representación en el Congreso hubieran sido PP, PSOE, Vox y Sumar, y Sánchez, en esta situación, no hubiera podido gobernar.

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