Imagen de la carta dejada en el lugar del primer asesinato
El mayor asesino en serie de Castilla-La Mancha que sembró el terror en Madrid en los 2000
Se le llamó «el asesino de la baraja» porque dejaba una carta al lado de sus víctimas
Lo ocurrido en Madrid entre enero y julio de 2003 parecía una película, pero era real. Luego lo fue: documental y cientos de titulares. Pero en el ínterin se convirtió en pesadilla y en caso único en España entre los asesinos en serie.
Nunca antes unos crímenes habían provocado semejante sensación de miedo entre la población por la incertidumbre de no saber cuando podían ocurrir, ni tampoco habían llenado tantos programas de televisión, noticiarios, páginas de periódico y análisis.
Una carta en el lugar de los crímenes
El asesino dejaba una carta junto a los cadáveres después de dispararles sin motivo con una pistola. No había modus operandi, sino el libre arbitrio criminal que admitió tras su detención que buscaba la fama por tan macabro medio.
Los ingredientes de una historia que se pueden reconocer en cualquier guion al uso. En enero de 2003 mató de un disparo en la cabeza al conserje del número 89 de la calle de Alonso Cano de Madrid de un disparo en la cabeza a corta distancia. Dicen que el hombre le estaba dando de comer a su hijo de dos años.
En el lugar del crimen dejó un as de copas. La noticia fue rápidamente difundida por la ausencia de móvil y por la carta encontrada, todo lo que indicaba la posibilidad de que pudiera repetirse. Así sucedió un mes después. El 5 de febrero mató a dos personas.
La primera, un empleado de limpieza que se encontraba en una parada de autobús del barrio de la Alameda de Osuna, en Madrid. Por la tarde disparó a otras tres personas en un bar, dos de ellas murieron y la tercera, la propietaria del establecimiento, logró sobrevivir.
Otro mes después, en Tres Cantos, el asesino disparó en la cabeza a un ecuatoriano que se encontraba con una mujer. Cuando intentó dispararle a ella a bocajarro, el arma se le encasquilló y la mujer pudo escapar. El asesino, esta vez fallido, porque el hombre logró sobrevivir, dejó otra carta, un dos de copas, sobre el cuerpo del hombre herido e inconsciente.
Once días después, el 18 de marzo, mató a un matrimonio en Arganda del Rey. Fueron las últimas víctimas, seis en total, del que ya era el tristemente célebre «asesino de la Baraja» para toda España y que aterrorizó Madrid, mayormente, durante los siete meses trancurridos desde el primer asesinato hasta su entrega voluntaria el 3 de julio.
Sin trastornos mentales
Lo hizo en estado de embriaguez en lo localidad ciudadrealeña de Puertollano a un policía local. Lo declaró todo, hasta el detalle que se desconocía de un punto hecho con rotulador en el dorso de las cartas. Se llamaba (se llama) Alfredo Galán, nacido en Puertollano en 1977, quien fue militar destinado en Bosnia, donde compró la pistola con la que cometió sus crímenes.
No se halló en el transcurso de las investigaciones y del juicio ningún trastorno mental, a pesar de recibir tratamiento psiquiátrico por ansiedad y neurosis. Fue condenado a una pena histórica de 142 años de reclusión para terminar de conformar una sucesión de acontecimientos y circunstancias más propios de la ficción que de la realidad.