Restos de una de las Reales Fábricas de RióparTurismo Castilla-La Mancha

El sueño de un austriaco en Riópar para fundar con Carlos III las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz

La historia de la primera fábrica de bronce y latón en España y la segunda en el mundo

Riópar es sin lugar a duda uno de los rincones más reconocidos de Castilla-La Mancha. Su bonito emplazamiento natural acompañado de sus famosos ‘Chorros’ del río Mundo, pone a la localidad albaceteña en la mirilla de los turistas. Pero Riópar es lugar antiguo. Desde la llegada de los romanos dos siglos antes de la muerte de Cristo hasta la actualidad, sus tierras han sido pobladas sin descanso como lugar estratégico cargado de bienes tan preciados en la época como el agua. Con este elemento como uno de los protagonistas de la siguiente historia, se descubre uno de los capítulos más honorables y desconocidos del valle.

Un avance industrial previo a las revoluciones que fue la envidia de muchos lugares, pionero en España y segundo en el mundo con la creación de las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz. Un motor económico totalmente novedoso en la época que llegó de la mano del sueño de un austriaco nacido en Viena conocido como Juan Jorge Graubner.

Un austriaco en Riópar

Escultura en honor de Juan Jorge Graubner en RióparLa Carrasca

El joven emprendedor austriaco llegó a Madrid en 1758 para nutrirse de conocimientos y expandir sus ideas sobre metalurgia y maquinaria, en la antesala a la Primera Revolución Industrial. Trece años después de su llegada, Graubner viajó a Riópar en 1771 ante el rumor de la existencia de una mina rica en calamina. De esta roca se extrae el cinc, por el cual en su mezcla con el cobre da lugar al latón.

A su regreso a Madrid, el austriaco llega entusiasmado ante tal hallazgo y comienza a idear diferentes proyectos que le acabarían llevando hasta el rey en la época, Carlos III. A su llegada a la Corte, Graubner se percató de la buena suerte que iba a correr, ya que Carlos III, alejado de tendencias anteriores, era un monarca ilustrado que rápidamente supo detectar los beneficios que las ideas de este austriaco podían traer para España.

Desde esta reunión, el proceso fue rápido y en 1772 se le concedieron a Graubner los permisos, franquicias y gracias correspondientes para explotar el lugar que se pondría en marcha ya en 1773 con la oficialidad del 19 de febrero por medio de la Real Cédula.

De esta manera, surgen en España las primeras fábricas de producción y elaboración de cobre y latón. Además, son las segundas del mundo en esta disciplina solo por detrás de las de Goslar (Hannover, Alemania).

El fin de Riópar Viejo

Panorámica de Riópar ViejoMundo Aventura Riópar

La explotación se divide en dos fábricas. La primera es creada junto al arroyo del Gollizo, se le da el nombre de San Juan y se destina a la creación de objetos de latón. Por su parte, la segunda, queda enclavada a tres kilómetros, justo donde se encuentra la mina para trabajar el cobre labrado y extraer el cinc en la llamada San Jorge. Una por cada nombre del austriaco.

Finalmente, en 1781 se terminan las obras de la Presa del Laminador que da lugar al movimiento de la rueda y a las máquinas de martinete de cobre, poniendo la guinda al complejo industrial ideado prácticamente una década antes. La creación de estas fábricas trajo consigo un cambio inesperado e histórico que cambiaría Riópar para siempre. El núcleo tradicional del pueblo se encontraba a más de media hora de las explotaciones, por lo que Graubner decidiría crear un asentamiento junto a la fábrica de San Juan.

Poco a poco y debido a las mejores condiciones que suscitaba esta nueva población moderna, las gentes empezaron a mudarse a San Juan hasta que finalmente comenzó a denominársele como Riópar, quedando la antigua población con el nombre de Riópar viejo.

A finales del siglo XIX, las fábricas cuentan con hasta trescientos operarios entre los que se encuentran varias mujeres. Este complejo industrial pasó por varias manos a la muerte de Graubner en 1801. Entre las más destacadas, aflora el nombre de Josefa Fernández de Folgueras, que en 1821 recibió la potestad del lugar para honrar la memoria de su padre, que sirvió como general en Filipinas donde fue asesinado.

Reconocimiento mundial

Real Fábrica de Riópar en la actualidadTurismo Castilla-La Mancha

El reconocimiento y fama del lugar, no solo se debe a su condición de pionero, ya que los trabajos atesoraban una gran especialización y calidad para la época. Así lo muestran diferentes reconocimientos obtenidos por todo el mundo. Las Reales Fábricas de Riópar han recibido medallas de oro, plata y bronce en diferentes Exposiciones Internacionales, a saber por orden cronológico. Madrid (1850), Londres (1862), Filadelfia (1876), París (1878) o Barcelona (1888), entre muchas otras. También destaca el galardón con la gran medalla de oro que le concedió el Consejo Superior de la Sociedad Científica Europea de París.

La fábrica se dedicaba a trabajos y creación de objetos de todo tipo como cuberterías, elementos de ferretería, estampación, orfebrería religiosa, trofeos deportivos o incluso la fabricación de cartuchos Rémington, siendo los primeros en 1869.

Las fábricas cerraron finalmente en 1996, pero el pueblo sigue ligado a su tradición metalúrgica. En 2010 se les otorgó la declaración de Bien Cultural y en la actualidad pueden visitar algunos de los edificios restaurados respetando la estética de la época para descubrir cómo se trabajaba el metal en las Reales Fábricas de Riópar. Allí también podrán disfrutar de una exquisita colección de catálogos de fabricación, maquinaria, moldes y objetos elaborados en las instalaciones. Más allá de las fábricas, todavía quedan restos en Riópar de centrales eléctricas, canales, puentes o balsas que pertenecían a esta industria.

El sueño de un austriaco traducido en progreso desde un pequeño núcleo rural que se dio a conocer al mundo gracias también al acierto de Carlos III y a la gran calidad de los trabajos obtenidos en las Reales Fábricas de Riópar.