El río Tajo a su paso por Peralejos

El río Tajo a su paso por Peralejos de las truchas

Cinco pueblos frescos donde escapar del calor este verano en la ardiente Castilla-La Mancha

Sierras, vegas, vegetación o manantiales que convierten determinadas zonas en auténticos vergeles

La frase «Hace un calor que te achicharras» la inventaron en Castilla-La Mancha. El abad Vallemont, físico, teólogo, numismático y erudito en general francés del XVII y XVIII, dijo: «Cuando Dios hizo el Sol lo puso sobre Toledo y Adán fue su primer rey».

Uno piensa en La Mancha y lo primero que ve son esos campos en reverberación mientras escucha el canto de las cigarras: la melodía implacable del bochorno. Pero en su inmensa variedad en casi todos los ámbitos, la región atesora maravillas naturales y lugares donde no llega el ardor de la canícula.

Molina y Riópar

Castilla-La Mancha también es capaz de mantener a raya a la calina porque en Castilla-La Mancha hay de todo: sierras, vegas, vegetación o manantiales que convierten determinadas zonas en auténticos vergeles o al menos en localidades y localizaciones donde el relente es un metafórico «apagafuegos».

La clásica Molina de Aragón, «la Siberia de Guadalajara», es un ejemplo. El mayor frío del invierno es también el mayor fresco del verano. Un fresco que se puede decir que es frío, con temperaturas medias de veinte grados en julio y agosto, y mínimas (medias) de diez.

Molinicos y Peralejos

Riópar, al pie de la bella sierra de Alcaraz, en Albacete, tiene cerca el río Mundo, con su especial nacimiento, el conocido y espectacular «reventón», un microclima de humedad y bosques, un diverso y rico mundo vegetal que baja las temperaturas como en un oasis.

Igual que en Molinicos, situado entre las sierras de Alcaraz y del Segura, acariciado por los vientos de Andalucía, de Levante, de Murcia y, por supuesto, de La Mancha. Otro refugio climático en la extrema Albacete, húmedo y seco donde las montañas hacen de natural refrigerante.

Retuerta del Bullaque

Peralejos de las truchas, en Guadalajara, rara vez alcanza los treinta grados de temperatura en verano, y, sin embargo, es absolutamente frecuente que por las noches bajen de diez: un contraste sobresaliente para bañarse en las piscinas del Tajo por el día y dormir con manta por la noche.

Hay otros pueblos similares en el Alto Tajo y en Albacete, pero por no dejar de lado la ardiente Ciudad Real, se va citar la curiosidad de Retuerta del Bullaque, un lugar situado entre el llano de La Mancha y la montaña de los Montes de Toledo, donde los bosques hacen de parapeto contra el cercano Llano en llamas y donde las noches son suaves.

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