Page no es el mejor sino el único: la imagen del desierto que Sánchez ha dejado a su paso en el PSOE
La encuesta de Target Point para El Debate sitúa al presidente castellanomanchego como el que mejor resultado obtendría en unas elecciones generales para el PSOE sin Sánchez
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page (Foto de ARCHIVO)
Algo parecido a lo de Atila, el rey de los hunos, del que decían que por donde pasaba no volvía a crecer la hierba, es lo que parece haber sucedido en la época de Sánchez como líder del PSOE y como presidente del Gobierno.
Hay quien llegó a decir hace años que la verdadera motivación del presidente era destruir lo poco socialdemócrata del Partido Socialista que quedó después de Zapatero, el Atila original que todavía cabalga.
Más allá de suposiciones y al menos con encuestas, la que trae este lunes El Debate de Target Point, Emiliano García-Page sería el líder socialista que «obtendría un mejor resultado» en el supuesto de que hubiera «unas nuevas elecciones generales sin Pedro Sánchez al frente del PSOE».
Lo es para los encuestados (independientemente de las preferencias personales) con un porcentaje menor del 24 %, un mundo en comparación a lo que va por detrás, donde aparece en segunda posición Salvador Illa y su pírrico 9 %.
A partir del presidente de la Generalidad de Cataluña, el paisaje se convierte en un páramo de candidatos quemados por el sol de Sánchez: Óscar Puente, Margarita Robles, Pilar Alegría... que no pasan del 5 %.
Es el desierto de los candidatos a una posible sucesión en un partido plagado de secundarios, más bien de extras (se diría que ni siquiera se permiten los secundarios), que no solamente no hagan sombra a Sánchez, sino que le sirvan de parapeto o de escudo.
Pero el «rey» está ya desnudo y la encuesta lo demuestra. El niño del cuento de Andersen lo ha dicho, lo ha hecho ver y ya pocos creen que Sánchez está vestido. El argumento del cuento es que un rey es engañado para creer que lleva ropa invisible para los tontos, y los súbditos fingen verla por miedo a que les tomen por tontos, hasta que un niño señala la verdad.
Aquí el «rey» no es el engañado, sino el engañador, quien ha hecho tontos a los votantes que siempre creyeron que estaba vestido. España es el niño y Page es casi el único «rey» con ropa que muy probablemente no quiera el trono (probablemente nunca quiso), ni mucho menos en el desierto sanchista surgido tras la hecatombe que aún está por descubrirse.