Pedro Mercedes trabajando en una de sus piezas
El horno del siglo XV donde Pedro Mercedes convirtió la alfarería en arte alabado por el mismo Picasso
El alfarero conquense se erige como símbolo artístico gracias a su técnica pionera del raspado con ornamentos íberos y mitológicos
La alfarería ascendió a los cielos del arte en las manos del ceramista Pedro Mercedes. La primera luz de sus días le iluminó en Cuenca a su nacimiento en 1921. El oficio se le presentó por unas segundas nupcias y tras abandonar la misión de convertirse en torero.
Picasso y el propio Mercedes, coincidían en poseer un talento especial, reconocido por ambos recíprocamente y por todo aquel amante del arte. El misterio de su artesanía y nuevas técnicas infunde suficientes motivos para su merecido reconocimiento, pero además cabe destacar el trabajo de toda una vida cocido en un horno 'morisco' del siglo XV.
Una historia de cincuenta años dedicados a la pasión de dar formas inimaginables con las manos a un pedazo de barro. Su habilidad para impregnar la habilidad artística en una alfarería puramente artesanal, le llevó a cultivar la pionera técnica del raspado con la que reflejaba su profunda inspiración mitológica e íbera.
El deslumbrar de la alfarería
Botijo obra de Pedro Mercedes
Hijo de un asentador de fruta, su padre Tomás lo embarcó a temprana edad en el camino para ser torero. Desde muy pequeño y apoyado también por su padrino conocido por 'Pelaspigas', el niño participa en el paseíllo de la inauguración de la Plaza de Toros de Cuenca en el año 1927, cuando contaba con seis años de edad.
El sueño del toreo no iría a mayores y la desgracia en muerte de su padre en 1929 traería, con su posterior padrastro, la esperanza de una dedicación que marcaría por completo el resto de su vida. Encarnación, su madre, se casaría en segundas nupcias con Florentino Marchante, alfarero de profesión. El todavía niño quedó prendado en un flechazo, desde la primera ocasión en que presenció a su padrastro tornando una pieza de barro.
Encandilado por la recién descubierta artesanía, abandonó el colegio en 1933 y poco después aprendería del escultor y pintor conquense, Fausto Culebras, que le enseña la cara artística de la cerámica, desconocida entonces para Mercedes. A partir de un botijo en 1934, comienza la obra del genio alfarero y la construcción de una personalidad genuina palpable en sus piezas. Guiado por la innovación y de la mano del arte, comienza a rayar el barro en una técnica creada por él mismo en la que se sirve de un clavo y una navaja para dar lugar a un método que transformó por siempre la alfarería.
Al principio el color negro protagonizaba sus creaciones para raspar poco a poco hasta llegar a desnudar el propio tono del barro y sacar a la luz las formas de un imaginativo sinigual. A la iluminación por la pasión del arte se sumaría en 1940 el otro gran amor de su vida, su mujer Angustias. La pieza que faltaba en el puzle llegó para aplicar la lógica en el cóctel del mundo fantástico ideado por Mercedes.
Un horno con cuatrocientos años de historia
Horno del alfar de Pedro Mercedes datado del siglo XV
Felizmente casado, llegó la hora para que el taller tome forma y en 1948 se lanzaría a la compra de una alfarería ubicada en la ribera del Júcar, barrio de San Antón y conocida por los locales como 'Las Ollerías'.
Un lugar que aparece referenciado en documentos del siglo XV como el 'Fuero de Cuenca', en el que el rey de Castilla, Alfonso VIII, regula la profesión de los olleros que se dedican a la artesanía del barro, dando forma a utensilios normalmente cotidianos. El barrio de los alfares cumplía como ubicación ideal por su cercana presencia de leña para los hornos y cubierta del viento por el cerro de 'La Majestad.
De todos los alfares de tradición original musulmana, tan solo queda en Cuenca y seguramente en toda España, el de Pedro Mercedes. Allí continuó ideando creaciones y remodela la figura ancestral del toro ibérico, a lo que suma el reflejo de héroes, dioses o diferentes representaciones de animales que terminan por definir su mundo mágico.
De su capacidad artística da cuenta cualquier persona interesada en tal ámbito, pero a Pedro Mercedes no solo lo alagó el público. Multitud de intelectuales y artistas se interesaron por su obra, incluso el encumbrado Pablo Picasso recibió algunas de sus piezas sentenciando: «Un mismo duende nos ha rozado a mí y al alfarero de Cuenca».
Toro Ibérico bordado obra de Pedro Mercedes
El horno cesó su fuego en 1988 ante el empeño de Mercedes de continuar el trabajo de forma tradicional y sin aventurarse en las nuevas tecnologías. Continúo haciendo trabajos en cobre por afición a modo de grabados hasta el fin de sus días, que se apagaron en 2008.
El interés por guardar el lugar de trabajo de un pionero en el arte de la alfarería, desembocó en unas excavaciones en 2014, donde se hallaron restos arqueológicos para confirmar que el fuego del horno, donde Pedro Mercedes dio luz al arte, estaba perenne desde el siglo XV.
Parte de la colección del alfarero pasa a manos de la Junta de Castilla-La Mancha en 2002 y finalmente, se logra crear en 2010 el 'Museo Pedro Mercedes', que rinde homenaje a un pionero de su arte. Un don definido a la perfección por el aprendiz del 'cacharrero', José Martínez: «Pedro yo hago el cuerpo de los cacharros, para que tú les pongas el alma». La historia del poder de una imaginación única, que sintió el flechazo de la alfarería, le fue fiel y la elevó a los grandes escaparates artísticos sin abandonar la sencillez de aquel niño que iba para torero y que terminó dando forma al barro hasta convertirlo en legendarios toros ibéricos.