La campana cuenta con casi tres metros de diámetro y catorce toneladas de pesoJuan Ig. Llana Ugalde

La Campana 'Gorda' de Toledo: La más grande de España y casi del mundo aguantó solo dos meses sin romperse

La Campana de San Eugenio cuenta con casi tres metros de diámetro y catorce toneladas de peso, formando parte del mayor conjunto de campanas de una catedral en España

El sonido de las campanas ha sido utilizado desde tiempos milenarios por diferentes civilizaciones que se servían de su sonido para dar cuenta de sucesos a sus gentes. En sus orígenes, cuando ya la empleaban egipcios, griegos, romanos y algún pueblo asiático, solía tratarse de pequeñas campanillas de mano, que daban cuenta de una llamada de atención a alguien en concreto o advertían para la congregación de una reunión.

Actualmente, destacada por su índole religiosa en el cristianismo, las campanas suponen uno de los métodos más eficaces para enviar mensajes a los vecinos de un lugar. Su toque se diferencia claramente en sentimientos de alegría o tristeza, con el repicar para una celebración o el solemne sonido pausado de una defunción. En la antigüedad, la cotidianidad de los incendios también las presentaba como una voz de alarma para manifestar, a la mayor rapidez, posible el peligro del fuego acontecido.

Su llegada a la tradición cristiana se remonta al siglo V, momento en el que pasaron a formar parte de la liturgia y que llega hasta la actualidad. La introducción de este elemento, convertido en fundamental, se atribuye a San Paulino de Nola. A principios del siglo, el obispo de Nola, mandó fundir las campanas para emplazarlas en las iglesias. Su elaboración tuvo lugar en Campania (Nápoles) y de ahí tomaría el nombre.

De todos modos, su uso no era global al cristianismo y comenzó a extenderse por decisión del papa Sabino. Desde el año 604, se ordenó la colocación de campanas en las iglesias para llamar a la oración. A partir de este momento, las campanas están presentes como elemento esencial de la cristiandad, presentando motivos, frases y decoraciones bíblicas, además de la cruz, presente en muchos casos, en la parte visible desde la calle.

La campana de Toledo en honor a San Eugenio

Campana 'Gorda' de ToledoJosé María Gómez Gómez

Conocida comúnmente como ‘Gorda’ por los toledanos, su nombre real responde a ‘Campana de San Eugenio’. En una ciudad con grandeza, su campana no podía ser menos. Catorce toneladas responden al peso de la campana, llegando a casi dieciocho con las maderas y demás elementos que la sostienen.

El año 1755 retumbó por primera vez bajo el campanear del prodigio de bronce alzado en lo alto del campanario de la Catedral Primada de Toledo. La campana se construyó bajo mandamiento del arzobispo-cardenal de Toledo, por entonces, Luis Antonio de Borbón, hermano de Carlos III e hijo de Felipe V.

El encargo recayó sobre el cántabro Alejandro Gargollo y Foncueba, que no escatimó en el empleo de materiales venidos de Bilbao y fundidos en el lugar donde se halla la Iglesia de San Justo (Toledo).

Como homenaje al primer obispo de Toledo se la llamó Campana de San Eugenio, para que el primer predicador siguiera propagando su mensaje a través del sonido de la inmensa campana. Para subirla al campanario se precisó de la fuerza de hasta veintiséis marineros, según relata Luis Moreno en su libro Toledo: sucesos, anécdotas y curiosidades.

Servidos de maromas y cuerdas de cáñamo, la campana comenzó la ascensión a la torre. La expectación era máxima. Todo Toledo andaba pendiente de la correcta obra de colocación de la que sería campana de orgullo de un pueblo. Además, se llevó a cabo una especie de rampa con raíles por la que circulaba la campana con excelso cuidado tirada de bueyes.

La operación se completó en unas cuatro horas y contó con la protección del Santísimo y de la Virgen del Sagrario expuestos durante una misa cantada en favor del buen destino de la tarea.

Una leyenda alejada de la verdadera decepción

Campana 'Gorda' de Toledo y detalle de su fracturaCatedral de Toledo

La campana por fin contemplaba el mundo desde las alturas de la Catedral Primada. Todo estaba listo para que su sonido de bronce partiera el cielo llamando a los toledanos. La espera concluyó y las gentes presenciaron un suceso para la historia.

La campana retumbó al golpe del badajo de bronce y puso a temblar la ciudad, se escuchó a varios kilómetros de distancia y acabó fracturando multitud de vidrios de la ventana. Tal era su potencial sonido. Eso cuenta la leyenda, pero la realidad dista un buen trecho de esa gloriosa primera campanada

La decepción estaba servida. La campana no sonaba como era esperado y sus vibraciones arrojan fallos graves de fabricación. La campana más grande de España se iba a rajar de un momento a otro, al igual que el orgullo de los vecinos toledanos, que durante casi tres años habían esperado la venida al mundo de la maravillosa campana.

Por mantener viva la grandiosidad de la obra, pronto se culparía al badajo de bronce, de un peso y tamaño acorde a la inmensa campana. Sacar pecho de la proeza hecha badajo, trató de curar las heridas surgidas de una pésima fundición. Los metales no habían casado correctamente y tan solo dos meses después, la campana presentó una grieta de gran tamaño, todavía constatable.

Se cree que su definitiva rotura llegó con el anuncio de la festividad de Santa Leocadia. La pésima aleación de los metales quedaba totalmente presentada y el campanero cántabro, seguramente no recibió muchos más encargos, ya que denegó cumplir la cláusula del contrato que le obligaba a fundirla si el rendimiento no era el deseado.

Pese a la enorme raja, la campana siguió sonando con un tono obligatoriamente característico y desde entonces con un badajo de hierro menor a las pretensiones de sus obradores. Hasta los años sesenta los campaneros la hacían sonar mediante una palanca articulada y desde 1992 suena puntualmente gracias a una especie de martillo a motor, que queda en nada, en comparación a las expectativas que se tuvieron en su momento.

Aun así, la grandilocuencia del proyecto mantiene a la famosa campana entre las tres de mayor tamaño del mundo. Solo es superada por 'Tsar Kolokol' de Moscú, de doscientas toneladas, y la alemana de la Catedral de Colonia llamada de San Pedro con un total de veinticuatro toneladas.

La campana se puede visitar desde 2011, con la remodelación que habilita una correcta visita. Tan solo se precisa de pagar la entrada para acceder a la torre y contemplar la gigantesca campana. Las intenciones no se correspondieron con el saber hacer del artesano. Pese a ello, la ‘Campana Gorda’ es orgullo de Toledo. La grandeza de la ciudad se equipara a la de su campana, aunque el sonido no acompañe, su silencio también cuenta parte de la historia.