Villa Josie

Una de las fotografías de Villa Josie por ADPablo Zamora

Así es Villa Josie: la mansión manchega que mezcla Sara Montiel, melones, vida rasé y puro exceso

Un sueño que se hizo solariego, con acento manchego y corazón de manifiesto

Hay casas que se restauran y casas que se reinventan. Villa Josie pertenece a las segundas: un lugar donde lo quijotesco se vuelve pop, donde los melones se convierten en metáfora, donde Sara Montiel aparece como musa invisible. Aquí, en plena Mancha, Josie ha levantado un universo donde el «más es más» no es exageración, sino ley.

El regreso a La Mancha

José Fernández-Pacheco, más conocido como Josie, abandonó Madrid en busca de aire y raíz. «He huido del Madrid de los cogollos, del cuchitril a precio de palacio, del ruido y del geranio en el balcón», confesó. Ha vuelto a Manzanares (Ciudad Real), a la herencia de sus tías abuelas, a un caserón del siglo XVIII que dormía en silencio hasta que él decidió despertarlo a golpe de arte, paciencia y exceso creativo.

Villa Josie es, ante todo, un regreso. Pero también es una conquista: la de transformar lo heredado en vanguardia, lo local en universal. No sorprende que haya sido incluido en AD Best of España 2025, la lista de espacios más brillantes del diseño nacional.

Jabelga, melones y mosaicos Tutti-Fruti

El recorrido por Villa Josie es un viaje sensorial. El patio de columnas, corazón de la casa, se abre con suelo de mosaico Tutti-Fruti que atrapa la luz del mediodía. Las columnas, pintadas en jabelga color piedra, evocan el polvo ancestral de La Mancha, ese mismo polvo que se levanta tras el paso de un rebaño o de un Quijote moderno.

Una de las fotografías de Villa Josie por AD

Una de las fotografías de Villa Josie por ADPablo Zamora

Las puertas castellanas han sido trabajadas con un craquelado que recuerda a la piel de los melones manchegos: áspera, dulce, familiar. En los arrimaderos, Josie eligió el tono Azuer, en homenaje al río que cruza la provincia y riega memorias. Cada decisión es un guiño: nada está puesto al azar.

Entre lo artesanal y lo pop

Villa Josie también es un homenaje a la artesanía. En los vasares del comedor de verano conviven cerámicas de Talavera, Manises y Fajalauza. En la alcoba, una cama alfonsina vestida con batistas antiguas descansa bajo un techo pintado al temple por Juan Monzón Gasca. En el salón rojo, el lema festina lente recuerda que la belleza exige tiempo: apresúrate despacio.

Una de las fotografías de Villa Josie por AD

Una de las fotografías de Villa Josie por ADPablo Zamora

Los detalles se multiplican: mecanismos eléctricos de colección Garby Colonial, platos con monograma VJ, bordados locales, textiles rescatados de mercadillos. Nada es neutro, todo es relato. «Más es más» no es capricho: es dogma vital.

El eco de Sara Montiel

En Villa Josie todo respira teatralidad. Y ahí aparece inevitablemente Sara Montiel, la gran diva manchega de Campo de Criptana. Su magnetismo y su barroquismo sensual flotan invisibles por las estancias. Si Montiel llevó la copla a Hollywood, Josie lleva ahora la estética manchega a los altares del diseño internacional. Ambos, a su manera, demuestran lo mismo: desde La Mancha también se puede conquistar el mundo.

Detalle biblioteca de Villa Josie

Detalle biblioteca de Villa JosieAD

Gregorio Prieto, un espejo manchego universal

Pero Josie no solo dialoga con Sara Montiel. También lo hace con Gregorio Prieto, el pintor y fotógrafo de Valdepeñas que llevó el espíritu manchego a la vanguardia europea del siglo XX. En Villa Josie conviven algunas de sus obras, integradas con naturalidad en la puesta en escena del interiorismo. Prieto, conocido como el «poeta de la línea», fue un artista capaz de captar la sensualidad y la modernidad sin renunciar nunca a su raíz manchega.

La conexión es evidente: ambos —Prieto y Josie— han entendido La Mancha como algo más que geografía. La han convertido en un lenguaje estético y universal. Si Prieto retrató estudiantes de Oxford y escenas cosmopolitas desde su exilio sin perder la raíz, Josie levanta en Manzanares una casa que se abre al mundo sin dejar de oler a polvo, a yeso y a melón dulce.

Una de las fotografías de Villa Josie por AD

Una de las fotografías de Villa Josie por ADPablo Zamora

Ese diálogo entre el pasado y el presente convierte a Villa Josie en un nuevo puente cultural, donde lo manchego se proyecta hacia fuera sin complejos.

Vida rasé: polvo, paciencia y verdad

Josie lo ha repetido: la vida rasé consiste en no huir del polvo ni de la incomodidad. Durante la reforma soportó capas de cal, polvo infinito, el trajín de cada obra. «Si no es madera noble, la casa no la quiere», afirma. Y así, baldosa a baldosa, Villa Josie fue resucitando.

No es un palacio pensado para la ostentación, sino para la vida cotidiana. Esa vida manchega de patios donde se conversa bajo la sombra, de corredores donde vuelan golondrinas, de guisos lentos y vinos de la tierra. Villa Josie no impone: vive. Y en esa respiración se reconoce la esencia de lo manchego.

Un faro manchego para España

Villa Josie no es solo la casa de un estilista famoso: es un símbolo cultural. Una demostración de que la periferia puede ser centro, de que La Mancha no es solo molinos y Quijote, sino también diseño, arte y modernidad.

Su presencia en AD Best of España 2025 lo certifica: esta mansión solariega ya es de interés nacional. Porque recuerda que el exceso también puede ser raíz, que la tradición no se fosiliza si se la deja respirar y que la belleza manchega sigue viva, reinventándose.

Villa Josie huele a melón recién cortado, suena a copla de Sara Montiel, late con los pasos de Don Quijote y brilla con el sello inconfundible de Josie. Puro exceso. Pura vida rasé.

Temas

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas