Vista de Cuenca

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Cuenca en un día: el plan perfecto que tiene historia, paisajes, relax y comida inolvidable

En la ciudad castellanomanchega se pueden pasar un día o muchos. Es pequeña y encantadora y su provincia es grande e igualmente encantadora y llena de tesoros y secretos

En Cuenca se puede pasar un día o muchos. Es una ciudad pequeña y encantadora y su provincia es grande e igualmente encantadora y llena de tesoros y secretos que ya no lo son tanto.

Si uno no es conquense (o incluso si lo es), este podría ser un día perfecto (no precisamente como el día perfecto para el pez plátano que escribió Salinger) en la ciudad amurallada y más allá de sus muros.

Cualquiera diría que todo pende de las Casas Colgadas, pero siguen siendo la imagen más característica de la ciudad. Hay que verlas, incluso visitarlas por dentro: contienen el interesante Museo de Arte Abstracto español mientras por las ventanas se observan los balcones y el precipicio sobre la hoz.

Por el interior se pueden recorrer los laberintos encaramados entre los rascacielos medievales llenos de rincones secretos o la calle Alfonso VIII con sus casas de colores. Más allá de la ciudad encastillada, se puede salir y ver por el Puente de san Pablo, el puente-viga de acero y madera que llega al Parador construido en 1902 que cruza el Huécar y salva su hoz.

La muy especial catedral de santa María y san Julián es otro de los destinos en una mañana tranquila. Un paseo sin prisas que en este caso encuentra el gótico singular de este templo cuya fachada principal parece un escenario donde Cuenca es la platea.

Quizá ya sea la hora de comer y como (casi) todo pende de las Casas Colgadas el restaurante del mismo nombre es una buena elección, aunque otra (más económica) es el mesón que también se llama Casas Colgadas. Un poco moderno y tradicional, respectivamente, para disfrutar, descansar y continuar la aventura de un día perfecto.

La jornada que bien puede continuar fuera de la ciudad, por ejemplo en la Ciudad Encantada, o bien dentro en la sobremesa, por qué no con merienda incluida en las terrazas de la Plaza Mayor o en el Café de la catedral, antes de emprender el regreso a casa.

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