Casa contenedores

Casa contenedoresGetty Images/iStockphoto

Esta es la casa que una familia de Toledo ha tenido que inventarse para poder vivir

Ante la imposibilidad de alquilar o comprar una vivienda, Matías y Eva han levantado su propio hogar con cuatro contenedores marítimos, dos hijas y una idea clara: no rendirse

No soñaban con una casa distinta. Soñaban con una casa posible. Cuando el alquiler se volvió inasumible y la compra una puerta cerrada, Matías Hernández y Eva María Alonso entendieron que el problema no era encontrar vivienda, sino acceder a ella. Así comenzó un proyecto que hoy levanta curiosidad, debate y admiración: construir su propio hogar con contenedores marítimos en Cabañas de la Sagra (Toledo).

Cuatro contenedores. Dos plantas. 128 metros cuadrados. Y dos hijas pequeñas, Alejandra y Valentina, esperando un lugar al que llamar casa.

Cuando el mercado no deja espacio

Antes de los contenedores hubo frustración. Intentos fallidos de alquilar. Precios imposibles. La sensación de estar atrapados.

«¿Cómo es posible que crear un hogar cueste el 70% del sueldo de dos personas?», se pregunta Matías. La reflexión no nace del discurso político, sino de la experiencia diaria. La de una familia joven que tuvo que volver a vivir con los padres de ella porque no había otra opción realista. Lejos de resignarse, decidieron buscar una salida. No una ideal. Una viable.

Una casa inventada, pero completamente legal

Desde el principio tuvieron algo claro: no querían problemas en el futuro. «Lo mejor es hacerlo todo bajo normativa, aunque te cueste dinero», explica Matías. Por eso el proyecto cuenta con arquitecto, licencia municipal y todos los permisos necesarios.

La burocracia, reconoce, ha sido una de las partes más duras. «Todo lo que sea papeleo en este país es un horror», resume. Pero no estaban dispuestos a renunciar a la legalidad por ahorrar tiempo.

La vivienda, insisten, no es una rareza: «Es una casa completamente normal, solo que con estructura de hierro en vez de hormigón».

«Algunos la llaman cuatro latas, a nosotros nos parece un hogar»

La construcción no ha pasado desapercibida. Hay vecinos que observan con curiosidad, otros con escepticismo y algunos que la despachan como «cuatro latas». A Eva no le molesta. Ella ya ve el resultado final: las escaleras, la cocina, el baño, los espacios donde crecerán sus hijas. Porque esta casa no es una provocación arquitectónica. Es una respuesta.

Compartir para ayudar

Lo que empezó como un proyecto íntimo acabó convirtiéndose en un canal seguido por miles de personas. En YouTube documentan cada avance, cada error y cada aprendizaje.

«Nosotros empezamos viendo a gente que nos ayudó mucho. Pensamos que también podíamos ayudar», explica Matías.

Y ocurrió algo inesperado: comenzaron a escribirles familias, parejas y personas solas que se encuentran en la misma situación. Muchas más de las que imaginaban. «Gente que quiere hacer algo parecido y te pide consejo. Procuro contestar a casi todo el mundo».

El mensaje que más repiten es sencillo y honesto: «Hay muchas alternativas. Nada es fácil, pero si se lucha, se pueden hacer grandes cosas».

El día que se cierre la puerta

Aún no viven allí. Pero ya se imaginan dentro. «Estamos deseando que llegue. No nos lo podemos ni imaginar», confiesa Matías.

El primer plan no será estrenar muebles ni colgar cuadros. Será una barbacoa. «Para toda la gente que nos está ayudando. Para agradecerles lo que han hecho por nosotros».

Cuando se le pide una palabra para definir este momento, no duda: felicidad.

Un espejo de un problema mayor

Matías habla sin rodeos cuando piensa en el problema de la vivienda en España. Cree que muchos responsables viven lejos de la realidad cotidiana. «A veces parece que viven en un mundo paralelo», dice.

Su historia no es excepcional por extravagante, sino por reveladora. Porque muestra hasta qué punto formar un hogar se ha convertido en un reto estructural.

«Nunca bajéis los brazos»

Si tuvieran que lanzar un mensaje a quienes están atrapados entre alquileres imposibles y sueldos que no alcanzan, sería este: «Que se animen a crear su proyecto. En familia todo es más fácil. Y que nunca bajen los brazos. Siempre hay una salida».

Hoy, entre acero, aislamiento y planos, Matías y Eva se sienten orgullosísimos de sí mismos. No porque su casa sea diferente. Sino porque, cuando el sistema no les dejó espacio, decidieron inventarlo.

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