Valverde de los Arroyos
Estos son los municipios de Castilla-La Mancha en los que no vive ningún niño
La despoblación avanza en la región y deja sin menores de 16 años a 81 municipios
Hay pueblos en Castilla-La Mancha donde el tiempo parece haberse detenido. Donde el sonido más habitual no es el recreo de un colegio, sino el viento entre las fachadas de piedra. Donde no hay cumpleaños infantiles, ni mochilas colgadas en los respaldos de las sillas, ni columpios que chirríen al atardecer. En esos pueblos ya no vive ningún niño.
La cifra impresiona por su crudeza: 81 municipios de Castilla-La Mancha no tienen hoy ningún vecino menor de 16 años. Son casi el 9 % de los 919 pueblos que conforman la región. Un dato que no es solo estadística, sino un retrato fiel de uno de los grandes desafíos del territorio: la despoblación y el envejecimiento extremo del mundo rural.
Un problema que viene de lejos… y no se detiene
La despoblación no es una novedad en la España interior. Décadas de éxodo hacia las ciudades, falta de oportunidades laborales, servicios limitados y envejecimiento progresivo han ido vaciando pueblos enteros. Castilla-La Mancha conoce bien ese proceso, pero los últimos datos del Consejo General de Economistas confirman que la herida sigue abierta.
No se trata únicamente de que haya pocos niños. En estos 81 municipios no hay ninguno. Cero. Y cuando un pueblo pierde a su población infantil, pierde también buena parte de su futuro inmediato.
Guadalajara, epicentro del envejecimiento rural
El mapa del problema es muy desigual y señala con claridad a una provincia: Guadalajara. De los 81 pueblos sin niños en toda Castilla-La Mancha, 55 están en territorio guadalajareño, lo que supone el 67 % del total regional.
La magnitud es aún más reveladora si se mira en proporción: de los 288 municipios que tiene la provincia, casi uno de cada cinco no cuenta con menores. Una cifra que explica por qué Guadalajara es considerada, con mucha diferencia, la provincia más envejecida de la comunidad.
Le sigue Cuenca, con 24 municipios sin niños, cerca del 30 % del total regional. Aunque el número absoluto es menor, el impacto también es profundo en una provincia marcada históricamente por la pérdida de población.
En Toledo, la estadística se reduce a dos pueblos en esta situación, mientras que Albacete y Ciudad Real logran mantenerse fuera de este listado, sin ningún municipio completamente huérfano de infancia.
Más que números: pueblos que se quedan sin relevo
La ausencia de niños va mucho más allá de una pirámide poblacional invertida. Es el primer aviso de una cadena de consecuencias difíciles de frenar. Sin niños no hay escuela. Sin escuela, las familias jóvenes no llegan. Y sin familias, los servicios se reducen, el comercio local desaparece y la vida comunitaria se apaga poco a poco.
En muchos de estos pueblos, la población está formada casi en su totalidad por personas mayores. Vecinos que han resistido al paso del tiempo, que mantienen abiertas casas, huertos y tradiciones, pero que miran con preocupación un futuro sin relevo generacional.
Los nombres propios del silencio
Detrás de la cifra hay nombres concretos. Municipios pequeños, llenos de historia, enclavados en parajes naturales únicos. En Guadalajara, la lista es larga y significativa: Ablanque, Chequilla, Mazarete, Somolinos, Valverde de los Arroyos, Tortuero, Semillas, Villaseca de Henares o Cincovillas, entre muchos otros.
Cincovillas
En Cuenca, aparecen pueblos como Solera de Gabaldón, Uña, Zafrilla, Santa María del Val, Lagunaseca, La Cierva o Fresneda de la Sierra. En Toledo, Illán de Vacas y Navalmoralejo completan un listado que impresiona por lo que representa.
Illán de Vacas, Toledo
Son localidades que en verano recuperan algo de pulso con visitantes y antiguos vecinos, pero que el resto del año viven una calma que no siempre es elegida.
Un reto que marcará el futuro de la región
La lucha contra la despoblación es una de las grandes prioridades declaradas del Gobierno regional, pero los datos evidencian que el reto sigue siendo enorme. Incentivar la llegada de familias, garantizar servicios básicos, facilitar vivienda y empleo y apostar por el medio rural como un lugar viable para vivir son desafíos que no admiten soluciones rápidas.
Porque cuando un pueblo pierde a sus niños, no solo pierde habitantes: pierde la idea misma de futuro. Y Castilla-La Mancha, con su vasto territorio rural, se enfrenta a una pregunta decisiva: cómo evitar que el silencio termine imponiéndose definitivamente en demasiadas plazas.