Wamba renunciando a la coronaRibera y Fernández, Juan Antonio

¿Quiénes fueron Wamba y Recesvinto? Dos reyes visigodos esperan respuesta del Papa para su entierro

La profanación de sus tumbas a manos de los franceses durante la Guerra de la Independencia propició la reubicación de los restos de los monarcas en la arqueta presente en la catedral de Toledo

La Península Ibérica no entendería la conformación de su actual identidad y administración política y social, sin los diferentes pueblos que han pasado por sus tierras. Mil años antes del nacimiento de Cristo, los primeros en asomarse a las costas peninsulares fueron los fenicios, seguidos por los griegos (800-600 a.C.) que descubrieron un territorio habitado por tartesos, celtas, íberos y la mezcla de los últimos.

Poco después, llegarían cartagineses y en el 218 a.C., durante el contexto de la Segunda Guerra Púnica, se asentaría el pueblo romano motivado por un Imperio al que sumarían la Hispania Romana. Al igual que haría siglos después el Imperio Español en América, los romanos levantaron ciudades, acueductos, calzadas y demás avances presentes en Roma. Además, instauraron en torno a circos, coliseos y anfiteatros, el eje del entretenimiento de un pueblo que también recibió el latín.

Ya en el siglo V, el Imperio Romano de occidente firmó su definitiva caída, dando lugar a la invasiones germánicas de suevos, alanos y vándalos, que no encontraron oposición en la llamada Hispania. En el año 711, el rey Rodrigo sería traicionado por los seguidores de Witiza y los musulmanes se adentrarían en la Península dejando en Asturias el último reducto de la resistencia, que daría lugar al proceso de Reconquista con Don Pelayo. Desde este momento, hasta el colofón de la toma de Granada y el descubrimiento de América en 1492, se escribe uno de los capítulos más valorados y considerados para la constitución de España.

Un período más que repetido y estudiado, así como la época de Al-Ándalus, que opacan casi por completo, a los casi trescientos años de presencia visigoda. Parecieran que no estuvieron ahí. En la catedral de Toledo, descansan los restos de dos de los reyes visigodos, Recesvinto y Wamba, que esperan un entierro digno. Una caja con el nombre de ambos sigue «en calidad de depósito, con carácter transitorio», desde la desaparición de la ermita de Santa Leocadia (1845), tras seiscientos años de entierro cristiano por el traslado de los restos en el siglo XIII, por orden de Alfonso X 'El Sabio'. Una carta ha llegado a destino del Papa, León XIV, con el anhelo de darles la sepultura merecida

Recesvinto y Wamba

El Rey Recesvinto pintado por Antonio Gisbert Pérez hacia 1854. El cuadro se encuentra en el Congreso de los DiputadosMuseo del Prado

Los dos monarcas esperan su entierro en un presunto depósito momentáneo en la catedral de Toledo. Sus restos son testigo de la presencia visigoda en la Península y el reinado de ambos coincide con el período de ocaso previo a la invasión musulmana. De ellos, el primero en ocupar el tropo fue Recesvinto, cuyo reinado se extendió del 653 al 672. Pese a que gobernó junto a su padre, destacó por sus diferencias políticas, siendo el hijo de una postura mucho más dura con los judíos y cercano a la Iglesia.

Recesvinto se destacó por su interés legislativo y cuenta de ello trae la promulgación de su Código, por el cual amparaba bajo las mismas reglas a los pueblos visigodos e hispanorromanos. Además, desarrolló novedosas iniciativas como la relacionada con el tesoro, por la cual trató de evitar que la riqueza particular de los monarcas no aumentase a costa del pueblo. Finalmente, en la localidad de Gérticos (actual Wamba), falleció de manera natural. En tal lugar y año, Wamba fue nombrado su sucesor, quedando allí enterrados los restos de Recesvinto.

La coronación tuvo lugar en Toledo, la capital, para que no lo consideraran ilegítimo al trono. Su reinado se encuentra en los últimos momentos de vida del reino visigodo en la Península, por lo que el período de su mandato estuvo marcado por revueltas, como la de la Galia, así como frentes con los musulmanes, a quienes frenó años antes de su entrada. Wamba también tuvo que lidiar con luchas internas protagonizadas entre nobles. En el norte combatió a los vascones en su intención de tomar Cantabria.

Una conspiración acabaría con su reinado. Los visigodos tenían por norma y traición, la obligación de poseer una larga cabellera. Un narcótico nublaría su sentido y los conspiradores cortaron su melena. Ocho años más tarde, en el 688, murió en un monasterio que por entonces se ubicaba en Pampliega (Burgos). Recesvinto y Wamba fueron rescatados del olvido con la Reconquista y enterrados cristianamente por orden de Alfonso X 'El Sabio' en la desaparecida ermita de Santa Leocadia en Toledo.

Una carta al Papa para el entierro real

Arqueta con los restos de los Reyes Recesvinto y WambaEl Debate

En la ermita toledana, ya desaparecida del callejero de la ciudad, los restos de Wamba y Recesvinto descansaron durante seiscientos años. Uno desde el antiguo Gérticos y el otro en Pampliega, fueron reubicados por Alfonso X 'El Sabio' a lo largo del siglo XIII.

La llegada de las tropas francesas a Toledo, en el tiempo de las invasión del ejército de Napoleón, dejaría las tumbas de los reyes visigodos profanadas. La victoria española en la Guerra de la Independencia (1808-1814) propició que en 1845 los restos fueran recogidos en una urna aterciopelada en su interior. Su destino fue la catedral de Toledo, «en calidad de depósito, con carácter transitorio».

El historiador Jorge Miranda y el despacho de abogados del exalcalde de Toledo, Joaquín Sánchez Garrido, han enviado una carta al Papa, León XIV, en la que piden que dé por «finiquitado y rescindido» el acuerdo por el que la Catedral toledana mantiene, en calidad de depósito, los restos de los reyes visigodos Wamba y Recesvinto, a fin de que ambos monarcas sean inhumados y «obtengan el merecido descanso que la doctrina de la Iglesia predica y propugna para todos los muertos, con la decencia y respeto que se merece toda persona».

Ambos lamentan que hayan pasado 181 años desde ese momento «sin que sus restos volvieran a ser sepultados, permaneciendo pendientes de que el mencionado depósito fuera levantado para retornar a ser inhumados a la espera piadosa de la resurrección y juicio final».

Por ello, solicitan al Papa que «proporcione las instrucciones, a quienes correspondan, para dar por finiquitado y rescindido dicho compromiso, al no existir motivo objetivo alguno que justifique su continuidad en el tiempo y su semi ocultación a la comunidad cristiana que permita poder mostrar sus respetos». Así, creen que 2026 puede «constituir el final de una situación esperpéntica» y que el Patrimonio Cultural Español «asuma la responsabilidad que le es consustancial e inherente y proporcione los honores y dignidades protocolarias que correspondan a dos reyes españoles en su retorno a la inhumación».