Estatua de Álvar Fáñez

Estatua de Álvar Fáñez

La «tierra de Álvar Fáñez»: Capitán de Alfonso VI, defensor y protector de la frontera de Castilla

Símbolo de la Reconquista a la sombra del Cid Campeador, Fáñez defendió los liberados territorios cristianos durante más de treinta años con presencia reseñable en la frontera entre Cuenca y Toledo

Casi ocho siglos de historia marcaron la reconquista cristina para herir finalmente de muerte la invasión musulmana en lo que se decidieron a llamar Al-Andalus. En 1492, la toma de Granada puso el punto y final a la ocupación. La victoria cristiana, fecundada en la unión de Castilla y Aragón, alzó a los Reyes Católicos como símbolo inmortal de España.

Ese mismo año, Colón pisaría el Nuevo Mundo confirmando el poder real que comenzaría a exportar lengua, religión y tradiciones en un Imperio sin precedentes, tanto en extensión como en un saber hacer alejado de las colonias británicas y francesas.

Más de setecientos años de lucha incesante contra los pueblos musulmanes, erigieron héroes cristianos y firmaron batallas todavía hoy recordadas por los libros de historia. La importancia de algunos de los reyes protagonistas de la Reconquista y sus caballeros, elevan su sombra hasta tal punto, que dejan en el cajón del olvido algunos personajes esenciales para el éxito del poder cristiano.

El Cantar de mio Cid confecciona la obra exponencial del mayor héroe de la Reconquista. Rodrigo Díaz de Vivar todavía en la actualidad hace resonar su nombre como pieza clave y símbolo de caballería y defensa de los territorios. Sus hazañas traspasan siglos y se presenta imposible excluirlo de la constelación de héroes nacionales.

En dicho cantar, uno de sus parientes y amigos cobra también protagonismo. Álvar Fáñez fue compañero de armas del Cid y cobró especial importancia en el corazón de la meseta sur. Su valiente entrega a la guerra y pundonor en la defensa de las nuevas fronteras trazadas por los cristianos, lo presenta como un personaje indispensable de la historia española. En concreto, destaca su trabajo entre las actuales provincias de Guadalajara, Toledo y Cuenca. Más allá de la batalla, ocupó un papel esencial en la repoblación de los territorios, tarea sin la cual, la Reconquista habría sido imposible.

Evidencias históricas

Representación Cid Campeador

Representación Cid CampeadorJesús Helguera

La antigüedad de los sucesos, en un proceso donde los reinos cristianos estaban inmersos en un juego de tronos, sumado a la toma de territorios ocupados por los árabes, contribuye a la creación de leyendas. Por ello, resulta interesante mencionar algunas de las apariciones documentales de Álvar Fáñez para posteriormente resaltar el empeño dedicado en vida a la defensa de la potestad cristiana.

El capitán es considerado por muchos el más valiente de los guerreros de la Reconquista, solo opacado por la figura del Cid Campeador. Los archivos de la época dan fe de más de treinta años dedicados a la ardua empresa de batallar contra los almorávides, para conquistar y repoblar sus territorios.

Sus aventuras se desarrollaron en tiempos de Alfonso VI de León, rey protagonista de la toma de Toledo como golpe clave en el devenir de la Reconquista. Su mención más añeja, aparece en las cartas de arras que el Cid dio a Jimena en 1074 y en las que se refiere a él como su sobrino. De la mano de la realeza, Álvar Fáñez recibe en 1076 dos diplomas de Alfonso VI, que asciende a catorce menciones hasta 1107.

Más allá de su aparición en el Cantar de mio Cid, Menéndez Pidal extrajo de sus estudios sobre la época, la probable presencia de Fáñez cabalgando junto al Cid en los años de su destierro entre 1079 y 1084. En 1086, Alfonso VI le reclutó para defender los territorios liberados de los ataques almorávides.

Álvar Fáñez defensor de frontera

Alfonso VI conquista Toledo el 25 de mayo de 1085. Banco de la Plaza de España de Sevilla

Alfonso VI conquista Toledo el 25 de mayo de 1085. Banco de la Plaza de España de Sevilla

Las peculiaridades de aquellos tiempos, dificultan situar el nacimiento del capitán, pero la mayoría de las fuentes lo sitúan en tierras de Burgos, quizá en Vivar, lo que confirmaría su parentesco con el Cid. Los avatares del tiempo ordenaron caballero a Álvar Fáñez y marchó al sur para enfrentar a los reinos de taifas musulmanes.

Tras la toma de Toledo, pasó al elenco de confianza de Alfonso VI y las crónicas dan cuenta de sus cabalgadas hacia la defensa de territorios, así como un papel político de importancia. El rey le otorgó la misión de defender Toledo como punto elemental entre la Meseta Norte y el Valle del Tajo. Desde ahí estuvo al mando de diferentes campañas contra los almorávides en las actuales provincias de Cuenca, Guadalajara y Toledo.

A la vez que consolidó el territorio cristiano bélicamente, fue audaz estratega fortificando puntos de importancia como Hita, Zorita de los Canes o Brihuega. Conocedor total de la idiosincrasia de la Reconquista, alzó la voz a los pueblos del norte creando un efecto llamada que aseguró los nuevos territorios recuperados.

Mozárabes, mudéjares y cristianos viejos ocuparon y crearon nuevas localidades todavía pobladas. Entre sus grandes gestas consta su participación en la conquista de Toledo, Medina del Campo, Horche o Mondéjar, entre todos. Antes de llegar al amparo de Alfonso VI, fu gobernador en Valencia en 1085, año en que conquistó Horche. Al siguiente día, arriesgó la vida de sus tropas para traspasar las murallas de Guadalajara y tomarla en favor de los reconquistadores. Tras innumerables hazañas, pasó al lado político y gubernamental a la muerte de Alfonso VI, otorgándole Urraca I el título de señor de Peñafiel, además de tenente y jefe militar de la importante ciudad de Toledo.

Álvar Fáñez perdió la vida finalmente en 1114 en la rebelión de Segovia, en la que evidentemente tomó parte por defender a Urraca I. Un personaje histórico, orgullo de una nación que revivió de ocupación musulmana, pese a vivir siempre a la sombra del Cid. Su capacidad de organizar frentes de defensa gracias a su valorado liderazgo militar, consiguió asentar finalmente una frontera que se había mantenido inestable durante años. El hecho de que apostara por la repoblación con tal ahínco, sitúa la transición entre reconquista y construcción de la nueva sociedad española que estaba por venir.

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