Foto de familia II Premios de Literatura Puy du Fou España, Toledo

Foto de familia II Premios de Literatura Puy du Fou España, ToledoVirginia Seseña

Puy du Fou, el parque con nombre francés y alma española que está reescribiendo la historia de España

Más de 1.300 autores, un premio literario sin trampas y un discurso que encendió al público convierten a Toledo en el epicentro de una nueva forma de sentir, contar y defender la historia de España

Hay noches que no se cuentan. Se quedan. En la piel, en la memoria, en la sensación de haber vivido algo que va más allá de un acto cultural.

Eso fue lo que ocurrió ayer en Puy du Fou España. No fue solo una gala. No fue solo literatura. Fue una forma de volver a mirarse como país.

Más de mil personas, cientos de escritores y una emoción compartida que no necesitaba explicaciones: la historia de España no es un relato muerto. Está viva. Y tiene quien la escriba.

Más de 1.300 historias… y una verdad incómoda

1.363 obras presentadas. El dato impresiona. Pero lo importante no es la cifra. Es lo que hay detrás.

Más de mil personas que han decidido escribir sobre España. Sobre su pasado. Sobre sus luces y sus sombras. Sobre lo que somos. Lodo de lo que fuimos.

Y hacerlo, además, en un certamen donde no importa quién eres. Solo importa lo que escribes y cómo lo escribes.

El presidente del jurado, Antonio Pérez Henares, lo dejó claro con una frase que resume el espíritu de estos premios «limpios»: «Aquí solo se mide una cosa: el genio, el ingenio y el talento». Sin nombres. Sin contactos. Sin atajos. Solo literatura.

Olivier Strebelle: «No somos un museo, queremos emocionar»

El consejero delegado del parque, Olivier Strebelle, subió al escenario del Corral de Comedias para recordar que Puy du Fou no pretende ser un museo ni un espacio académico. Quiere algo distinto. Y lo es. Quiere emocionar. Y lo hace. Vaya, sí lo hace.

«Somos un homenaje a nuestras raíces, a la historia y a la belleza de contarla», explicó ante un auditorio entregado. Y ahí está la clave de todo.

Porque lo que ocurre en este parque no termina cuando acaba el espectáculo. Empieza después. Cuando quien lo vive siente la necesidad de entender más, de profundizar, de volver a su historia. Por eso nacen estos premios. «Sentíamos que debíamos dar voz a quienes escriben la historia», afirmó. Y esa voz, ayer, llenó Toledo.

El discurso que encendió el orgullo

Cuando Antonio Pérez Henares tomó la palabra, la gala dejó de ser solo literatura. Se convirtió en algo más profundo. En una reflexión sobre lo que somos. Sobre lo que algunos —según sus palabras— quieren que olvidemos, despreciemos o incluso que nos avergüence: nuestra historia.

Y entonces llegó la idea que lo sostuvo todo: «Una patria no es solo una bandera o un himno. Una patria también es su literatura, su lengua, sus cuadros, sus monumentos… todo aquello que nos hace sentir que pertenecemos a algo». No fue solo un discurso. Fue una declaración.

Una forma de recordar que cuando se desprecia la historia, en realidad se está despreciando a quienes vinieron antes.

Y en ese contexto, lanzó la frase que quedó grabada -a pluma y espada- en la noche: «Este parque, con nombre francés y alma española, está haciendo historia de España».

Toledo respondió con un aplauso largo. De esos que no son solo cortesía. De esos que nacen desde dentro. Orgullosos.

La historia que cruzó el océano… y conquistó Toledo

Después llegó el momento esperado. El silencio previo. La respiración contenida. Y un nombre. Inés Cardoso Albarracín.

Desde Las Palmas de Gran Canaria, su obra «La traición de Tenesoya» se alzó con el primer premio.

Un relato que rescata la conquista de Canarias desde una mirada íntima, centrada en una princesa atrapada entre dos mundos.

Secuestrada por los castellanos. Convertida en símbolo. Envuelta en una decisión que la historia no ha logrado explicar del todo.

Cinco historias, una misma raíz

Junto a la ganadora, otros cuatro relatos recorrieron distintas épocas: la Hispania romana, el Siglo de Oro, las expediciones marítimas, la Edad Media. Historias distintas. Tiempos distintos. Pero un mismo escenario. España.

Porque lo que se celebró en Toledo no fue solo talento literario. Fue memoria. Fue identidad. Fue la necesidad de contar quiénes somos sin pedir permiso.

Un parque que ya no solo cuenta la historia

Con cerca de dos millones de visitantes al año, Puy du Fou España ya ha demostrado que la historia puede emocionar. Pero ahora ha ido más allá. Ya no solo la representa. La impulsa. La escribe. La pone en manos de quienes tienen el genio, el ingenio y el talento para contarlo de nuevo.

El principio de algo que va a crecer

La gala terminó. Las luces se apagaron. Pero lo importante no desapareció. Se quedó. En la certeza de que hay una nueva generación escribiendo la historia de España sin complejos.

En la sensación de que el pasado no es una carga, sino una raíz. Y en la intuición de que, en Toledo, en un parque con nombre francés y alma española, está empezando algo que va mucho más allá de la literatura. Porque la historia, cuando se siente, deja de ser pasado. Se convierte en identidad.

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