Participantes en la concentración con motivo de la huelga de Escuelas Infantiles
Las educadoras de 0 a 3 años se levantan en Castilla-La Mancha: «Somos docentes, no cuidadoras»
Seguimiento cercano al 60% en una huelga que denuncia ratios desbordadas, sueldos precarios y falta de regulación en el ciclo 0 a 3
Castilla-La Mancha ha escuchado este jueves un grito que llevaba años gestándose en silencio. Las educadoras del ciclo de 0 a 3 años han salido a la calle para exigir algo que consideran básico: dignidad, reconocimiento y condiciones justas para poder ejercer su trabajo como lo que es, una labor educativa esencial.
La huelga ha alcanzado un seguimiento del 58,6% en la región, según datos de CCOO, en una jornada que ha tenido eco en varias ciudades y capitales. No ha sido solo una protesta más. Ha sido una llamada de atención sobre una etapa clave en el desarrollo de los niños que, según denuncian, sigue tratándose como un servicio asistencial en lugar de educativo.
Ratios imposibles y sueldos que no alcanzan
Detrás de la movilización hay una realidad que las profesionales describen como insostenible. Aulas con más menores de los que pueden atender adecuadamente, ausencia de pareja educativa en muchos centros y salarios que, en algunos casos, apenas superan el mínimo interprofesional.
Las reivindicaciones son claras: bajar ratios, mejorar las condiciones laborales y establecer una regulación común que garantice los mismos estándares en todos los centros, independientemente de su modelo de gestión. Porque, como repiten, no todos los niños ni todas las educadoras están siendo tratados igual.
Una etapa educativa sin reconocimiento real
Desde CCOO Enseñanza insisten en que el ciclo de 0 a 3 años está reconocido por ley como una etapa educativa, pero en la práctica no se está desarrollando como tal. Reclaman que las administraciones den un paso adelante y garanticen una atención adecuada en una fase especialmente sensible, donde cada gesto, cada palabra y cada estímulo cuenta. Y mucho.
El problema, denuncian, es también estructural. En Castilla-La Mancha conviven distintos modelos de escuelas infantiles: centros gestionados directamente por la Junta, municipales —tanto de gestión directa como indirecta— y privados. Sin embargo, no existe una regulación homogénea que asegure las mismas condiciones en todos ellos.
Un sistema desigual que deja atrás a miles de trabajadoras
En la región hay alrededor de 620 escuelas infantiles. De ellas, solo 38 dependen directamente de la Consejería de Educación. La mayoría están en manos de ayuntamientos o del sector privado. Es precisamente en estos ámbitos donde las condiciones suelen ser más precarias.
Más de 3.000 trabajadoras —una cifra que podría alcanzar las 4.000 si se contabiliza todo el sector— están afectadas por esta situación. Un sector, además, profundamente feminizado, donde la precariedad laboral se cronifica con el paso de los años.
«Somos docentes, no cuidadoras»
En la concentración de Ciudad Real, donde cerca de doscientas educadoras se han reunido frente a la Subdelegación del Gobierno, el mensaje ha sido tan claro como contundente. Ana Elisa de la Flor, educadora en una escuela infantil de Miguelturra, lo resumía sin rodeos: «Reclamamos dignidad. Que se nos reconozca como lo que somos: docentes».
Su voz es la de muchas. La de quienes llevan años sosteniendo el sistema en condiciones difíciles, atendiendo a menores en una etapa de máxima dependencia sin los recursos suficientes.
También denuncian que las ratios más bajas que a veces se atribuyen a Castilla-La Mancha no reflejan toda la realidad. Esas condiciones, explican, solo se aplican en los centros de gestión directa de la Junta, dejando fuera a la mayoría de escuelas infantiles.
Una huelga que va más allá de un día
El sindicato ha criticado además la imposición de unos servicios mínimos que consideran «abusivos» y que, a su juicio, han limitado el derecho a la huelga en un sector que no está considerado esencial.
Pero más allá de cifras y porcentajes, lo que ha dejado esta jornada es una sensación clara: el ciclo de 0 a 3 años ha decidido dejar de ser invisible.
Porque lo que está en juego no es solo el futuro laboral de miles de educadoras, sino la calidad de la educación en una de las etapas más decisivas de la vida.