Batalla de Almonacid de 1809 contra los francesesBoceto de Pilar Navamuel

El día que 50.000 soldados desataron una carnicería a las puertas de Toledo y Almonacid llegó hasta París

La batalla del 11 de agosto de 1809 dejó más de 6.000 bajas, frustró el intento español de recuperar Madrid y convirtió el nombre de un pequeño pueblo toledano en trofeo del ejército napoleónico

A las cinco y media de la mañana, cuando comenzaba a amanecer sobre los campos de Toledo, los primeros disparos rompieron la calma de Almonacid. Más de 50.000 soldados ocupaban los cerros, los olivares y las llanuras que rodeaban el pueblo. En pocas horas, aquel paisaje se convertiría en uno de los campos de batalla más sangrientos de la Guerra de la Independencia.

Ocurrió el 11 de agosto de 1809. El combate dejó más de 6.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, pero, pese a su magnitud, Almonacid ha quedado relegada a una página casi olvidada de la historia española.

Su nombre, paradójicamente, resulta hoy más visible en el Arco de Triunfo de París que en la memoria de muchos españoles.

El último intento de recuperar Madrid

La batalla fue el desenlace de una ambiciosa ofensiva para recuperar Madrid. Tras los combates de Talavera de la Reina, el Ejército de La Mancha, dirigido por el general Francisco Javier Venegas, avanzó hacia Toledo para presionar a las fuerzas francesas.

Napoleón no se encontraba en España. Combatía en Austria, pero había dejado la Península en manos de su hermano José Bonaparte y de algunos de sus mejores mandos. El propio José I estuvo presente en Almonacid junto al general Jean-Baptiste Jourdan.

Venegas confiaba en enfrentarse a unas fuerzas francesas mucho menores. Sin embargo, durante la madrugada del 11 de agosto apareció frente a sus posiciones un ejército formado por unos 26.000 soldados de infantería, cerca de 4.000 jinetes y 40 piezas de artillería bajo el mando del general Horace Sébastiani.

El Ejército de La Mancha disponía de más de 20.000 hombres, aunque las cifras varían según las fuentes. En total, más de 50.000 combatientes quedaron frente a frente a las puertas de Toledo.

El castillo y los cerros decidieron la batalla

Las tropas españolas se desplegaron alrededor de Almonacid, con posiciones en el cerro del Castillo, el cerro Santo, Utrera y los Cerrojones. Desde las ruinas de la fortaleza, levantada sobre una altura que domina toda la comarca, podía contemplarse el gigantesco campo de batalla.

Sébastiani comprendió rápidamente que la clave estaba en la izquierda española. Ordenó que las divisiones polaca y alemana atacaran los Cerrojones, defendidos inicialmente por los batallones de Bailén y Jaén.

Los españoles rechazaron las primeras acometidas, pero la superioridad francesa terminó imponiéndose. Las columnas imperiales avanzaron protegidas por una artillería mucho más potente, mientras otras unidades envolvían el flanco.

Los refuerzos enviados por Venegas llegaron demasiado tarde. Los franceses conquistaron las alturas y comenzaron a castigar el centro y la derecha españoles. Las tropas intentaron reorganizarse junto al castillo, pero la lluvia de proyectiles convirtió cualquier resistencia en una misión casi imposible.

El valor de los soldados no pudo compensar los errores del mando. La división del general Gaspar de Vigodet, menos castigada durante las primeras horas, consiguió cubrir la retirada y evitó que el Ejército de La Mancha fuera completamente destruido.

Más de 6.000 bajas en una jornada

Las estimaciones más prudentes sitúan las pérdidas españolas en torno a los 4.000 hombres: aproximadamente 2.500 muertos y heridos y otros 1.500 prisioneros. Las bajas francesas rondarían las 2.300, entre unos 300 muertos y cerca de 2.000 heridos.

Los franceses persiguieron a los españoles hasta las proximidades de Mora, pero el agotamiento, el calor de agosto y la resistencia de la retaguardia frenaron su avance. Los supervivientes continuaron hacia Madridejos, Herencia y Sierra Morena, mientras numerosas unidades se dispersaban durante la huida.

La derrota puso fin al intento de recuperar Madrid y dejó gravemente debilitado al Ejército de La Mancha. La victoria tuvo tanta importancia para la propaganda imperial que el nombre de Almonacid terminó grabado entre las batallas conmemoradas en el Arco de Triunfo de París.

Almonacid en el Arco del Triunfo de ParísEscapada Rural

Más de dos siglos después, el castillo continúa vigilando los mismos cerros. Bajo sus laderas se enfrentaron dos ejércitos, murieron centenares de hombres y un pequeño pueblo toledano entró para siempre en la historia de Europa.