Castillo Riba de Santiuste, Sigüenza, Guadalajara

Castillo Riba de Santiuste, Sigüenza, GuadalajaraAntonio Patiño Mañas

El castillo del siglo IX que sobrevivió a las tropas de Napoleón y hoy casi nadie visita

Fue fortaleza andalusí, frontera de guerra medieval y hoy resiste aferrado a un risco, ajeno al turismo masivo

Hay castillos que se dejan ver desde la autovía, domesticados por paneles marrones y visitas guiadas. Y luego están los otros. Los que no se ofrecen. Los que exigen desviarse, subir despacio y mirar dos veces. En ese segundo grupo habita el Castillo de Riba de Santiuste, una fortaleza que parece suspendida en el tiempo, aferrada a un risco de la provincia de Guadalajara, como si todavía tuviera algo importante que vigilar.

No es un castillo famoso. No protagoniza postales ni listas virales. Y, sin embargo, pocas fortalezas de Castilla-La Mancha concentran tanta carga histórica, tanto misterio y tanta belleza áspera como esta. Su silueta, alargada y severa, emerge de la roca con una naturalidad inquietante. No parece construida: parece brotar del paisaje.

Un origen andalusí en la frontera del miedo

El castillo de Riba de Santiuste hunde sus raíces en el siglo IX, cuando esta franja del territorio era una frontera viva y peligrosa entre dos mundos. De origen andalusí, formó parte de una compleja red defensiva musulmana levantada para controlar pasos naturales, valles estratégicos y rutas de comunicación en la Serranía de Guadalajara. No era un castillo ornamental, sino una pieza militar pensada para resistir, alertar y sobrevivir.

Desde lo alto del peñón, la vista domina kilómetros de terreno. Quien controlaba esta altura controlaba el movimiento del enemigo. Por eso, durante décadas, Riba de Santiuste fue un enclave clave en el tablero de la Reconquista. Hasta que el equilibrio se rompió.

Castillo de Riba de Santiuste

Castillo de Riba de SantiusteMiguel Ángel M

En 1085, la toma de Toledo por Alfonso VI cambió para siempre el mapa político de la península. A partir de ese momento, la fortaleza pasó a manos cristianas y su función defensiva se reconfiguró, aunque nunca perdió su carácter fronterizo ni su condición de lugar disputado.

Piedra, obispos y guerras olvidadas

Tras la conquista cristiana, el castillo quedó vinculado al obispado de Sigüenza, una de las sedes episcopales más poderosas de la Edad Media. Desde entonces, Riba de Santiuste fue escenario de conflictos eclesiásticos, tensiones entre reinos y luchas internas que hoy apenas aparecen en los libros de texto, pero que dejaron huella en sus muros.

Cada reforma, cada reconstrucción, respondió más a la necesidad que al capricho. El castillo creció adaptándose al risco, alargando su planta, reforzando torreones, cerrándose sobre sí mismo. No hay simetría perfecta, porque aquí mandaba la guerra, no la estética.

Durante siglos, la fortaleza resistió el paso del tiempo y de los ejércitos. Hasta que el siglo XIX trajo consigo una devastación definitiva. En plena invasión napoleónica, las tropas francesas arrasaron el castillo, dejándolo reducido a un esqueleto de piedra. Lo que no lograron siglos de asedios lo consiguió la artillería moderna.

De ruina absoluta a resurrección silenciosa

Durante más de cien años, el castillo de Riba de Santiuste fue poco más que una sombra. Un lugar abandonado, vencido por la vegetación y el olvido. En 1973, el Estado lo subastó y pasó a manos privadas. Lejos de suponer una pérdida, aquel gesto marcó el inicio de una de las restauraciones más respetuosas y discretas del patrimonio castellano-manchego.

La recuperación fue lenta, minuciosa y fiel a la estructura original. Se consolidaron murallas, se reconstruyeron dependencias interiores y se devolvió coherencia a un conjunto que había estado a punto de desaparecer. En 1992, el reconocimiento llegó de forma oficial: el castillo fue declarado Bien de Interés Cultural, un sello que certifica su valor histórico y arquitectónico.

Castillo Riba de Santiuste

Castillo Riba de SantiusteMaría Almería

Hoy, aunque el interior no es visitable, el exterior basta para entender su grandeza. La fortaleza ha recuperado presencia sin perder autenticidad. No parece un decorado restaurado, sino un castillo que ha sobrevivido.

Un castillo de leyendas, silencio y piel de gallina

No es casual que alrededor del castillo de Riba de Santiuste circulen historias oscuras, relatos de apariciones y leyendas de tragedias. El aislamiento, la crudeza del entorno y la propia historia bélica del lugar alimentan una atmósfera difícil de explicar. Aquí el silencio pesa. Y cuando sopla el viento, no cuesta imaginar que arrastra algo más que aire.

Caminar por los senderos que rodean la fortaleza es una experiencia casi cinematográfica. Cada ángulo ofrece una perspectiva distinta, cada sombra parece esconder una historia no contada. Es uno de esos lugares donde el tiempo se diluye y el visitante se convierte en espectador de siglos superpuestos.

El castillo que no se deja conquistar por el turismo

Quizá su mayor virtud sea esa: no haberse rendido al turismo masivo. El castillo de Riba de Santiuste sigue siendo un paraíso escondido para quienes buscan patrimonio auténtico, historia sin filtros y paisajes que no necesitan artificio. Está a poco más de 90 minutos de Madrid, pero parece a siglos de distancia del ruido.

Castillo de Riba de Santiuste, Sigüenza, Guadalajara

Castillo de Riba de Santiuste, Sigüenza, GuadalajaraMiguel Ángel M

En una región repleta de fortalezas, esta sigue siendo una de las más desconocidas. Y también una de las más honestas. No promete espectáculo, pero entrega emoción. No ofrece comodidades, pero regala memoria. Hay lugares que se visitan. Y otros que se recuerdan. El castillo de Riba de Santiuste pertenece, sin duda, al segundo grupo.

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