Catedral de Toledo, Primada de España

Catedral de Toledo, Primada de EspañaGetty Images/iStockphoto

Ocho siglos de la piedra que cambió España: así comenzó a levantarse la Catedral de Toledo

Fernando III el Santo y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada colocaron el 14 de agosto de 1226 la primera piedra de la actual Catedral Primada, una obra que tardaría más de dos siglos en concluirse y que todavía guarda el pulso de la historia de España

Antes de El Expolio del Greco, antes del resplandor imposible de El Transparente y antes de que la imponente Custodia de Arfe recorriera las calles de Toledo, hubo una piedra. Una sola piedra depositada sobre un lugar que ya acumulaba siglos de fe, conquistas y memoria.

El 14 de agosto de 1226, el rey Fernando III el Santo y el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada protagonizaron el gesto que abriría una de las empresas artísticas y religiosas más extraordinarias de la historia de España: la construcción de la actual Catedral de Toledo.

Ninguno de los dos pudo verla terminada. Tampoco muchos de los canteros, artesanos y maestros que heredaron los planos. La Catedral necesitó generaciones enteras para alcanzar el cielo de Toledo. El cielo de España. Ahí reside parte de su grandeza: fue concebida por hombres que sabían que el final pertenecería a otros.

Un templo sobre siglos de historia

La primera piedra no cayó sobre un solar vacío. Bajo la Catedral actual descansaban los cimientos de la antigua basílica visigoda de Santa María, consagrada en el siglo VI y transformada después en la mezquita mayor durante la dominación musulmana. Tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, el edificio fue restituido al culto cristiano.

Casi un siglo y medio más tarde, Rodrigo Jiménez de Rada, el Toledano, quiso levantar allí un templo a la altura de la sede primada. Formado en Bolonia y París, había desempeñado un papel esencial en la preparación de la batalla de las Navas de Tolosa y llegaría a escribir De rebus Hispaniae, una de las grandes crónicas medievales de España.

Junto a Fernando III impulsó una catedral inspirada en los grandes modelos del gótico francés, pero transformada por una sensibilidad castellana propia. Sobre el lugar que reunía el pasado visigodo, musulmán y cristiano de Toledo empezó a elevarse un edificio llamado a representar a la ciudad y a España durante siglos.

Una obra que sobrevivió a sus creadores

La construcción avanzó despacio, al ritmo de una época en la que una catedral no se medía en años, sino en reinados. Maestros, arzobispos y artistas fueron dejando su huella mientras el proyecto crecía hasta alcanzar cinco naves, 88 columnas y 72 bóvedas. Sus dimensiones —unos 120 metros de largo y 60 de ancho— dan cuenta de la magnitud de aquella empresa medieval.

Las naves laterales no pudieron cerrarse hasta el siglo XIV. Después llegaron el claustro, nuevas capillas, portadas, vidrieras y sepulcros. En 1493, bajo el arzobispado del cardenal Pedro González de Mendoza, se cerró la última bóveda. Habían transcurrido 267 años desde la colocación de la primera piedra.

Pero la Catedral nunca dejó realmente de construirse. Hanequín de Bruselas, Alonso de Covarrubias, Narciso Tomé o Ventura Rodríguez añadieron nuevas capas a un edificio que reunió gótico, Renacimiento, Barroco y Neoclasicismo sin perder su poderosa unidad.

En su interior quedaron el coro tallado por Berruguete y Vigarny, las vidrieras medievales, los sepulcros de reyes y cardenales, la Custodia de Enrique de Arfe, El Expolio del Greco y El Transparente de Narciso Tomé. La Catedral se convirtió en iglesia, panteón, museo, archivo y escenario de la historia española.

Once mil piedras para tocar la historia

El octavo centenario devuelve ahora el protagonismo al gesto más sencillo: colocar una piedra. Este 14 de agosto, coincidiendo con el último día del Octavario en honor a la Virgen del Sagrario, el Cabildo entregará a los asistentes una réplica de la pieza fundacional. La Paloma Cerámicas ha elaborado una edición especial de 11.000 unidades, de alrededor de un kilo de peso cada una.

La recreación está inspirada en el cuadro de Francisco Rizi que representa a Fernando III y a Rodrigo Jiménez de Rada en el momento de iniciar las obras. La escena, pintada siglos después, ha permitido devolver forma física a aquel instante y convertirlo en un recuerdo que podrá sostenerse entre las manos.

La conmemoración va mucho más allá de ese obsequio. El VIII Centenario ha sido declarado Acontecimiento de Excepcional Interés Público y la Catedral acoge hasta el 14 de octubre la exposición Primada, un recorrido de más de 2.000 metros cuadrados que reúne más de 300 obras y algunos de los nombres esenciales del arte europeo, desde El Greco, Velázquez y Zurbarán hasta Bellini o Luca Giordano.

Una Catedral que continúa viva

Ocho siglos pueden convertir un monumento en una reliquia. No ha ocurrido en Toledo. Bajo sus bóvedas siguen celebrándose los oficios, continúa escuchándose el rito mozárabe y la Custodia sale cada Corpus por unas calles que parecen prolongar la propia Catedral. La Primada sigue siendo un organismo vivo.

Por eso, el aniversario no recuerda solamente el nacimiento de un edificio. Celebra la cadena humana que permitió levantarlo, conservarlo y transmitirlo. Los hombres que colocaron la primera piedra no conocieron la última bóveda; quienes hoy atraviesan sus puertas tampoco conocerán todo lo que esos muros presenciarán en el futuro.

El 14 de agosto de 1226 comenzó todo. Hubo un rey, un arzobispo, un proyecto descomunal y una piedra. Ocho siglos después, Toledo sigue creciendo alrededor de ella. Aquel día no empezó a levantarse solamente una catedral: comenzó a construirse una de las imágenes eternas de España.

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