Yacimiento Arqueológico de Malamoneda, Hontanar, ToledoCultura de Castilla-La Mancha

La aldea muerta de Toledo donde cien tumbas rodean un castillo solitario

Malamoneda se esconde en Hontanar, un municipio de solo 139 habitantes, y conserva más de 5.000 años de historia entre vestigios romanos, visigodos, musulmanes y cristianos

En el corazón de los Montes de Toledo existe un lugar donde las tumbas emergen de la tierra y las ruinas de un castillo continúan vigilando una aldea desaparecida. No hay calles concurridas ni grandes carteles que anuncien su presencia. Solo caminos rurales, naturaleza y las huellas dejadas por diferentes civilizaciones durante miles de años.

Este escenario se encuentra en Hontanar, un pequeño municipio toledano de apenas 139 habitantes, según las cifras oficiales de población correspondientes a 2025. Dentro de su extenso término municipal se oculta Malamoneda, uno de los conjuntos arqueológicos más completos y enigmáticos de Castilla-La Mancha.

El yacimiento se levanta en el valle del río Cedena, a los pies de la Sierra del Puerco y rodeado por el paisaje abrupto de los Montes de Toledo. Allí conviven los restos de un antiguo poblado, una necrópolis excavada directamente en el granito, varias construcciones defensivas y las ruinas de una fortaleza medieval.

Cien sepulturas abiertas en la piedra

El elemento más impresionante de Malamoneda es su necrópolis. Alrededor de un centenar de tumbas antropomorfas, muchas de ellas con forma de bañera, aparecen talladas sobre grandes bloques de granito repartidos por la zona norte del yacimiento.

Su imagen resulta sobrecogedora. Algunas sepulturas conservan perfectamente el hueco destinado a albergar el cuerpo, mientras que otras se confunden con las rocas y la vegetación. Aunque están vinculadas inicialmente al periodo hispanorromano, continuaron utilizándose durante épocas posteriores.

En el lugar también se han encontrado epígrafes funerarios romanos grabados sobre piedras graníticas. Son testimonios de una ocupación mucho más antigua de lo que podría sugerir el poblado medieval que hoy domina el paisaje.

De hecho, los primeros habitantes conocidos de este territorio se remontan al Paleolítico. En los alrededores del río Cedena y del arroyo de Malamoneda se han localizado herramientas de cuarcita que evidencian la presencia humana en tiempos prehistóricos.

Después llegarían las culturas hispanorromana, visigoda y musulmana, seguidas por las comunidades cristianas medievales. El enclave permite recorrer más de 5.000 años de historia en un único espacio.

Un castillo para proteger el poblado

Junto a las tumbas y las ruinas de las antiguas viviendas todavía se alzan los restos del castillo de Malamoneda. Esta sobria fortaleza del siglo XIII fue concebida como refugio para una pequeña guarnición y como punto defensivo del poblado surgido tras la conquista cristiana.

Castillo de Malamoneda, Hontanar, ToledoTurismo de Castilla-La Mancha

En el entorno también sobresale un torreón medieval fechado entre los siglos XII y XIV. La construcción conserva restos de matacanes y mantiene parte de su estructura elevada, dibujando una silueta solitaria sobre el despoblado.

Las fuentes históricas mencionan, además, la posible existencia de una iglesia o ermita dedicada a Nuestra Señora de Gracia desde, al menos, 1526.

Malamoneda fue perdiendo población desde finales del siglo XVI, aunque algunas construcciones continuaron ocupándose parcialmente hasta el siglo XX. Durante esta última etapa, el lugar aparece denominado como Malamonedilla.

Una visita libre en plena naturaleza

Hoy, el silencio ha sustituido a quienes vivieron allí. Permanecen las piedras de las viviendas, las tumbas abiertas en el granito y el castillo de Malamoneda, convertido en el último vigilante de la aldea.

El acceso al conjunto es libre y gratuito, aunque el enclave no dispone de infraestructuras turísticas ni de señalización interpretativa específica. Para visitarlo se recomienda utilizar calzado resistente, llevar agua y respetar escrupulosamente los restos arqueológicos, sin mover piedras ni subirse a los muros.

Hontanar guarda así uno de los secretos más fascinantes de la provincia de Toledo: una aldea en la que ya no queda ningún vecino, pero donde cien tumbas excavadas en la roca continúan contando la historia de quienes la habitaron.