Mausoleo de Llanes
El mausoleo romano que se ahoga en Cuenca: el grito desesperado de un alcalde para salvar siglos de historia
Un monumento único del siglo IV, amenazado por el agua, el abandono y los retrasos, podría perder años de inversión pública en Albendea
En mitad de la Alcarria conquense, donde el silencio del campo guarda historias que casi nadie escucha, hay un monumento que resiste desde hace más de 1.600 años. O al menos lo intenta.
El Mausoleo de Llanes, en el término municipal de Albendea, no solo es una de las construcciones funerarias más singulares de la Hispania tardorromana. Es también, hoy, un símbolo de fragilidad. De cómo el paso del tiempo, la burocracia y el agua pueden poner contra las cuerdas a siglos de historia.
El alcalde de la localidad, Luis Enrique Pérez, lo resume sin rodeos: una llamada de auxilio. Porque el deterioro avanza y el margen para reaccionar se estrecha.
Un legado romano convertido en misterio
Para entender lo que está en juego hay que viajar al siglo IV. Allí nace este edificio, concebido como mausoleo vinculado a una villa romana cercana, probablemente perteneciente a una familia de alto estatus que decidió construir su lugar de descanso eterno en este enclave privilegiado .
Lo que hoy queda en pie es solo una parte de aquel complejo, pero suficiente para intuir su singularidad: una estructura con tres ábsides semicirculares en torno a un espacio central, levantada con piedra tobácea y ladrillo, y una cripta subterránea de enorme valor arqueológico .
Esa cripta no es un elemento más. Es, de hecho, única en su entorno geográfico y guarda una de las claves del monumento: su reutilización a lo largo de los siglos. Porque el mausoleo no murió con Roma.
De tumba a baptisterio… y a ermita olvidada
Tras su uso funerario original, el edificio fue transformándose con el paso del tiempo. En época visigoda, su cripta se convirtió en un espacio para bautismos por inmersión, adaptando el lugar a nuevas prácticas religiosas .
Después llegarían siglos de cambios: posibles usos durante la dominación musulmana, su conversión en ermita cristiana tras la Reconquista y, más tarde, un lento declive que lo transformó en refugio de pastores o simple ruina en el paisaje .
Ese tránsito constante —de tumba a templo, de templo a abandono— es lo que convierte al Mausoleo de Llanes en un enclave excepcional. Un lugar donde cada piedra cuenta varias historias superpuestas. Pero ahora todas ellas corren peligro.
El agua, el enemigo silencioso
Las lluvias de los últimos meses han agravado un problema que no es nuevo: la humedad. La cripta, el corazón del mausoleo, ha sufrido inundaciones que amenazan su estabilidad y dificultan cualquier intervención.
El agua, paradójicamente, siempre ha estado presente en este enclave. La vega donde se asienta, cerca del río Escabas, ha sido históricamente fértil… pero también vulnerable. Hoy esa misma condición juega en su contra.
Los trabajos de restauración, que se han desarrollado en varias fases durante los últimos años, están prácticamente paralizados. Y cada día que pasa sin actuar, el deterioro avanza.
115.000 euros en el aire
A la amenaza física se suma otra, menos visible pero igual de peligrosa: la económica.
El Ayuntamiento dispone de una subvención de 115.000 euros de la Diputación. Un dinero que, si no se ejecuta a tiempo, deberá devolverse. Y con él, se esfumaría parte del esfuerzo invertido en recuperar el monumento. El problema es que las obras no avanzan.
Las discrepancias entre técnicos, los informes pendientes y los imprevistos —como la aparición de restos óseos en la zona— han ido bloqueando el proyecto hasta dejarlo en un punto muerto.
El resultado es un escenario que preocupa al consistorio: un monumento deteriorándose y una inversión pública en riesgo de desaparecer.
Un futuro que podría cambiarlo todo
A pesar de la situación, en Albendea no han dejado de mirar hacia adelante.
El alcalde está convencido de que el Mausoleo de Llanes tiene potencial para convertirse en un referente del patrimonio arqueológico regional. Un destino cultural capaz de atraer visitantes y situar al municipio en el mapa, como ya ha ocurrido con otros yacimientos de la provincia. Pero para eso, insiste, hace falta una decisión.
Que las administraciones actúen. Que los técnicos encuentren soluciones. Que las obras se retomen antes de que sea demasiado tarde. Porque lo que está en juego no es solo un edificio. Es la memoria de un lugar que ha sobrevivido a imperios, religiones y siglos de abandono… y que ahora, en pleno siglo XXI, lucha por no desaparecer bajo el agua y el silencio.