Alarcón, Cuenca

Alarcón, CuencaGetty Images

El diminuto pueblo-isla de 173 habitantes que esconde una de las iglesias más insólitas de España

Alarcón se alza sobre un peñasco rodeado por las hoces del Júcar y guarda en un antiguo templo 1.500 metros cuadrados de pintura contemporánea

Hay pueblos que se descubren poco a poco y otros que sorprenden incluso antes de cruzar su primera puerta. Alarcón (Cuenca) pertenece al segundo grupo. Esta diminuta localidad conquense se levanta sobre un peñasco encajonado entre las gargantas del río Júcar, que rodea buena parte del casco urbano y le da el aspecto de una isla suspendida sobre el paisaje.

La única carretera de entrada conduce hasta una estampa que parece detenida en la Edad Media: un castillo dominando las alturas, murallas, torres defensivas y un conjunto de calles empedradas en el que actualmente viven apenas 173 personas.

Sin embargo, la mayor sorpresa de Alarcón no está en su imponente fortaleza ni en los miradores abiertos sobre las hoces. Se encuentra detrás de la sobria fachada de una antigua iglesia desacralizada que guarda uno de los conjuntos pictóricos más singulares de España.

Una iglesia convertida en una gigantesca obra de arte

En la plaza del Infante Don Juan Manuel, frente al Ayuntamiento, se encuentra la antigua iglesia de San Juan Bautista. El exterior apenas anticipa lo que espera al visitante dentro: paredes, bóvedas y rincones cubiertos por más de 1.500 metros cuadrados de pinturas murales contemporáneas.

El artista Jesús Mateo comenzó a transformar el templo en 1994. Su intervención convirtió el edificio en un enorme lienzo habitado por figuras humanas, formas animales, raíces, manchas de color y referencias al cosmos, la naturaleza y la creación. La obra cuenta con protección de la UNESCO desde 1997 y hoy forma parte del Centro de Arte Contemporáneo de Alarcón.

El efecto resulta especialmente llamativo por el contraste. Los arcos de piedra y la arquitectura histórica permanecen visibles mientras las pinturas se extienden por el interior con tonos intensos y formas que parecen moverse sobre los muros.

Donde el visitante espera encontrar retablos e imágenes religiosas aparece un universo artístico completamente diferente. El resultado es un diálogo poco habitual entre un templo levantado a finales del siglo XVI y una obra contemporánea que envuelve casi todo su interior.

Una fortaleza cercada por el Júcar

Al salir de la iglesia, Alarcón recupera inmediatamente su aspecto medieval. Para alcanzar el núcleo urbano hay que atravesar varias puertas y defensas de un recinto amurallado que se conserva en muy buen estado.

Sobre el conjunto se alza el castillo, cuya enorme torre del homenaje protagoniza la silueta de la localidad. La fortaleza domina el meandro del Júcar y actualmente alberga un Parador de Turismo, instalado allí desde 1964.

El recorrido también permite descubrir las iglesias de Santa María, Santo Domingo de Silos y la Santísima Trinidad, además de antiguos palacios, casonas nobiliarias y torres que recuerdan la importancia estratégica que tuvo la villa durante siglos. Alarcón alcanzó un especial esplendor después de su conquista cristiana por Alfonso VIII en 1184 y llegó a contar con fuero y extensos dominios.

Pero es la mezcla entre esos dos mundos la que convierte a este pequeño pueblo de Cuenca en un lugar difícil de olvidar. Por fuera, una fortaleza de piedra cercada por el río. Por dentro, una antigua iglesia transformada en una explosión de arte moderno. Todo ello concentrado en un pueblo-isla de solo 173 habitantes.

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