MUSEO - CASA DULCINEA DEL TOBOSO
La increíble casa que España protege desde hace 46 años aunque su célebre propietaria nunca existió
Una orden firmada el 25 de agosto de 1980 protegió la Casa de Dulcinea de El Toboso, vinculada por la tradición a la mujer que pudo inspirar a Cervantes
Dulcinea del Toboso nunca fue propietaria de aquella casa. En realidad, nunca fue dueña de nada porque únicamente existió en la imaginación de Miguel de Cervantes y en las aventuras de don Quijote. Sin embargo, en pleno corazón de La Mancha se levanta una vivienda que lleva su nombre y que España decidió proteger por su extraordinario valor histórico y cultural.
Tal día como hoy, el 25 de agosto de 1980, el Ministerio de Cultura firmó una orden por la que el denominado Museo Casa de Dulcinea, situado en El Toboso (Toledo), quedó incluido entre los museos declarados monumentos histórico-artísticos. La resolución fue publicada el 15 de septiembre de aquel año en el Boletín Oficial del Estado.
MUSEO - CASA DULCINEA DEL TOBOSO
Han transcurrido 46 años desde aquella decisión, que otorgó protección oficial a una de las casas más singulares de Castilla-La Mancha: una vivienda real construida alrededor de una mujer imaginaria.
La dama que solo existía para don Quijote
En las primeras páginas de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Alonso Quijano decide que, como todos los grandes caballeros andantes, necesita una dama a la que encomendar sus hazañas.
La elegida es Aldonza Lorenzo, una labradora de El Toboso a la que transforma en una princesa perfecta gracias al poder de su imaginación. También le concede un nombre a la altura de su nueva condición: Dulcinea del Toboso.
Para don Quijote, Dulcinea era la mujer más hermosa y noble del mundo. Cervantes, sin embargo, nunca permite que el lector la conozca realmente. La dama no aparece como un personaje de carne y hueso, sino como un ideal construido mediante las palabras y los deseos del caballero.
Dulcinea se convirtió así en la mujer más famosa de La Mancha sin haber existido jamás. Pero la tradición popular quiso encontrar una persona real detrás del personaje.
La mujer que pudo inspirar a Cervantes
La leyenda de El Toboso señala a Ana Martínez Zarco de Morales, una mujer perteneciente a una familia acomodada de la localidad, como posible inspiración de Cervantes para crear a Dulcinea.
No existe documentación que permita confirmar esta relación y tampoco puede asegurarse que el escritor llegase a tomarla como modelo. Se trata de una tradición transmitida durante generaciones que acabó vinculando a Ana Martínez Zarco con una antigua casona conocida como la Casa de la Torrecilla.
MUSEO - CASA DULCINEA DEL TOBOSO
Con el paso del tiempo, aquella vivienda comenzó a ser identificada popularmente como la Casa de Dulcinea. La fuerza del Quijote hizo el resto: la ficción terminó apropiándose del edificio hasta convertirlo en uno de los lugares más emblemáticos de El Toboso y de toda la ruta cervantina.
Un viaje a la Mancha del Siglo de Oro
La Casa Museo de Dulcinea se encuentra en el número 1 de la calle Don Quijote. El edificio conserva parte de una estructura del siglo XVI, aunque fue reconstruido durante la década de 1960 siguiendo las características de las grandes viviendas manchegas de la época.
La casa recrea la vida cotidiana de una familia de hidalgos o labradores acomodados durante el Siglo de Oro. Tras cruzar el zaguán, el visitante llega a un patio típicamente manchego, rodeado de galerías de madera y paredes encaladas.
En la planta baja se distribuyen los espacios relacionados con el trabajo doméstico y agrícola: la cocina, la despensa, la bodega, los corrales, el palomar, el lagar y el molino de aceite. En el piso superior se encuentran los dormitorios y otras habitaciones privadas, decoradas con muebles y objetos de época.
MUSEO - CASA DULCINEA DEL TOBOSO
Tinajas centenarias, utensilios tradicionales, aperos de labranza y piezas del antiguo ajuar permiten imaginar cómo era la vida en una casona manchega hace cuatro siglos. El museo es actualmente uno de los principales atractivos de la Ruta del Quijote.
Ahí se encuentra la gran paradoja que hace única esta casa. Nadie puede demostrar que Dulcinea viviera entre sus paredes porque Dulcinea nunca vivió en ninguna parte. Tampoco está probado que Ana Martínez Zarco de Morales fuera la mujer que inspiró a Cervantes.
Pese a ello, la literatura consiguió algo extraordinario: levantar una casa para una mujer imaginaria y lograr que, cuatro siglos después, todo un país decidiera protegerla. Desde aquel 25 de agosto de 1980, Dulcinea no solo habita en las páginas del Quijote. También tiene domicilio propio en El Toboso.