Fray Gabriel de la MagdalenaImagen creada con IA

El médico toledano que curaba en secreto y acabó quemado vivo a fuego lento en Japón

Fray Gabriel de la Magdalena dejó su oficio de cirujano en Sonseca, viajó a Asia y soportó torturas y dos años y medio de cárcel antes de morir el 3 de septiembre de 1632

El hombre que terminó sus días en una hoguera japonesa había nacido 65 años antes en Sonseca, un pueblo de Toledo situado a miles de kilómetros del lugar de su ejecución. Se llamaba Gabriel Tarazona Rodríguez, aunque la historia lo recuerda por el nombre que adoptó al ingresar en la Orden Franciscana: Fray Gabriel de la Magdalena.

Este 3 de septiembre se cumplen 394 años de la muerte de aquel médico toledano que decidió permanecer en Japón cuando la persecución contra los cristianos convirtió su labor en una actividad clandestina. Fue encarcelado, sometido a terribles tormentos y quemado vivo a fuego lento. Después, sus cenizas fueron arrojadas al mar para impedir que quedaran reliquias.

De cirujano en Sonseca a misionero en Asia

Gabriel nació en octubre de 1567 y fue bautizado el día 22 de ese mismo mes en la parroquia de Sonseca. Era hijo de Pedro Tarazona e Isabel Rodríguez y, antes de abrazar la vida religiosa, estudió y ejerció como médico y cirujano en su localidad natal.

Su vida cambió cuando tenía alrededor de 30 años. Abandonó su profesión e ingresó como hermano lego en la rama alcantarina de los franciscanos. No tardó en ofrecerse para participar en las misiones que la orden desarrollaba en territorios asiáticos.

En junio de 1601 salió de Sevilla rumbo a Filipinas, donde llegó en mayo del año siguiente. Allí volvió a utilizar sus conocimientos médicos para atender a los enfermos. A comienzos de 1606 recibió un nuevo destino mucho más peligroso: Japón.

Fray Gabriel trabajó en los hospitales de Osaka y posteriormente desarrolló su actividad en Nagasaki y sus alrededores. Su fama como médico fue creciendo hasta el punto de que nobles y personajes poderosos reclamaban sus servicios.

Años escondido para continuar curando

La situación de los cristianos se volvió cada vez más peligrosa. Cuando las autoridades japonesas endurecieron la persecución y ordenaron la expulsión de los misioneros, Fray Gabriel decidió permanecer en el país.

Se escondió y continuó atendiendo enfermos y desarrollando su labor religiosa de manera clandestina. Aquella vida oculta se prolongó durante años, hasta que fue descubierto y detenido en 1630.

La reputación médica del franciscano sobrevivió incluso a su encarcelamiento. La Archidiócesis de Toledo recoge que el propio gobernador llegó a sacarlo de prisión para que atendiera tanto a su familia como a él mismo. El episodio fue relatado por Fray Gabriel en una carta enviada al guardián del convento de San Francisco de Manila.

Aguas hirvientes y una hoguera

El religioso fue recluido en la cárcel de Omura durante dos años y medio. Para obligarlo a renunciar al cristianismo, fue sometido al tormento de las aguas sulfurosas e hirvientes de Unzen.

La tortura no consiguió que apostatara. Finalmente, el 3 de septiembre de 1632 fue quemado vivo a fuego lento en Nagasaki junto a otros cristianos. Tenía 65 años.

Mientras esperaba su ejecución escribió una frase que ha llegado hasta nuestros días: «Denos el Señor mucho de su divino amor». Después de su muerte, las autoridades arrojaron sus cenizas al mar para evitar que sus restos pudieran ser venerados.

Imagen de Fray Gabriel de la Magdalena en Sonseca, ToledoAyuntamiento de Sonseca

La Iglesia reconoció oficialmente su martirio en el siglo XVII y el papa Pío IX lo beatificó el 7 de julio de 1867. Su festividad se celebra precisamente cada 3 de septiembre y Sonseca continúa recordando a uno de sus vecinos más extraordinarios, el cirujano toledano que atravesó medio mundo y pagó con su vida la decisión de no abandonar a los cristianos de Japón.