Quintanar del Rey gana el Grand Prix 2026

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El reino español del champiñón conquista también el Grand Prix

Quintanar del Rey, un municipio conquense de 7.508 habitantes, se impuso a Polinyà en una final decidida por una sola palabra y descubre ahora al país la sorprendente industria que crece bajo sus campos

Quintanar del Rey llegó a la última prueba del Grand Prix con un punto menos que su rival y terminó saliendo del plató como campeón de España. Después de más de dos horas de caídas, carreras y pruebas imposibles, todo quedó en manos de una palabra.

Polinyà afrontó El Diccionario con 24 puntos frente a los 23 del equipo conquense. El fallo del municipio barcelonés en la respuesta definitiva entregó el trofeo a Quintanar del Rey y desató la celebración de una localidad que llevaba todo el verano volcada con el programa.

El equipo, apadrinado en la final por el humorista Miguel Maldonado, culminaba así una participación memorable. Ya había sorprendido en su primera aparición al alcanzar 42 puntos, la mejor puntuación de la fase clasificatoria, y había convertido a Fernando Miguel Alarcón, conocido como «Culete», en uno de los personajes más queridos de la edición.

Sin embargo, el pueblo que acaba de conquistar el concurso de Ramón García ya reinaba mucho antes lejos de los focos. Su verdadera corona se cultiva entre humedad, oscuridad y toneladas de compost.

Un reino nacido bajo tierra

Quintanar del Rey tiene 7.508 habitantes, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística. Es uno de los grandes motores económicos y demográficos de La Manchuela y una excepción dentro de una provincia especialmente castigada por la despoblación.

Buena parte de esa fortaleza se explica por un producto aparentemente humilde: el champiñón. Las antiguas cuevas utilizadas por los vecinos para conservar vino comenzaron también a emplearse para cultivar hongos, que encontraban bajo tierra las condiciones de oscuridad, humedad y temperatura necesarias para crecer.

Aquella actividad artesanal terminó transformándose en una potente industria agroalimentaria. Las viejas cuevas han dejado paso a modernas naves climatizadas, plantas de compostaje y sistemas capaces de mantener la producción durante todo el año.

Quintanar del Rey se encuentra en el corazón de una comarca que constituye una de las mayores potencias del champiñón de España. Castilla-La Mancha produce cerca de 80.000 toneladas anuales y aproximadamente 50.000 salen de la provincia de Cuenca y de esta zona de La Manchuela. La región concentra alrededor de la mitad de toda la producción nacional.

El municipio alberga además el Centro de Investigación, Experimentación y Servicios del Champiñón, desde el que se desarrollan estudios para combatir enfermedades, mejorar los cultivos y modernizar un sector que genera empleo estable en numerosos pueblos de la comarca.

El siguiente paso pretende llegar hasta Europa. Productores e instituciones trabajan en la creación de la Indicación Geográfica Protegida Hongos de La Manchuela, una figura destinada a distinguir el origen y la calidad de sus champiñones y setas.

Viñedos hasta donde alcanza la vista

El champiñón no es el único tesoro que rodea Quintanar del Rey. El paisaje está cubierto también por extensos viñedos que alimentan una importante actividad bodeguera vinculada a la Denominación de Origen Manchuela.

El río Valdemembra atraviesa un territorio salpicado de viñas, olivares y almendros. En el casco urbano sobresale la iglesia de San Marcos Evangelista, patrón de la localidad, junto a ermitas como las de San Antón, San Pedro, Santa Lucía y la Inmaculada Concepción.

Hasta el nombre del pueblo está unido al trabajo agrícola. Su origen se encuentra en las antiguas quinterías, pequeñas construcciones de barro, paja y carrizo donde se refugiaban los agricultores que trabajaban lejos de sus casas. Aquellos asentamientos provisionales fueron creciendo hasta dar lugar a una población estable que en 1561 consiguió independizarse de Villanueva de la Jara y obtener el título de villa.

Quintanar del Rey ya puede presumir de haber levantado el trofeo del Grand Prix. Pero detrás de la Vaquilla, los troncos locos y aquella última palabra se encuentra una historia aún más sorprendente: la de un pueblo que convirtió sus antiguas cuevas en uno de los grandes reinos agroalimentarios de España.

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