Chorimorci
El bocadillo de nombre imposible que arrasa cada septiembre en la Feria de Albacete
El chorimorci une chorizo y morcilla dentro de una barra de pan y se ha convertido en uno de los grandes rituales gastronómicos de la celebración
Hay una palabra que durante diez días se escucha en Albacete con la misma naturalidad que cabalgata, templete o Puerta de Hierros. Es chorimorci, el nombre de un bocadillo tan contundente como sencillo que ha terminado convertido en uno de los símbolos gastronómicos de la Feria.
No necesita una receta complicada ni una presentación sofisticada. Su fórmula se descubre en el propio nombre: chorizo y morcilla recién cocinados, colocados dentro de una barra de pan. Una combinación pensada para afrontar una jornada que puede comenzar a mediodía y terminar cuando ya ha vuelto a salir el sol.
Diez días sin descanso
La Feria de Albacete se celebra cada año del 7 al 17 de septiembre y está declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional. El ambiente se concentra alrededor del histórico Recinto Ferial, conocido popularmente como la Sartén o los Redondeles.
Entre casetas, atracciones, conciertos y puestos ambulantes, la comida tiene sus propias reglas. Hay gambas cocidas, caracoles, torreznos, berenjenas de Almagro y toda clase de tapas, pero pocos bocados despiertan tanta curiosidad entre quienes llegan por primera vez como el chorimorci.
Para los albaceteños no necesita explicación. Para el visitante, en cambio, su nombre suele provocar una pregunta inevitable. La respuesta aparece al abrir el pan: una mitad ocupada por el chorizo y otra por la morcilla, aunque cada puesto introduce sus propias proporciones y maneras de prepararlo.
Un bocado para recuperar fuerzas
El chorimorci está ligado especialmente a las noches largas de Feria. Se come deprisa, sin cubiertos y a cualquier hora. Su contundencia explica que muchos lo consideren el mejor remedio para recuperar fuerzas después de recorrer las carpas y los redondeles.
No es el único ritual comestible de estos días. También resulta habitual terminar la comida con Miguelitos de La Roda acompañados de café o sidra.
Antes del dulce, sin embargo, manda el bocadillo. El chorimorci se ha ganado un lugar en la memoria colectiva sin necesidad de recetarios ni campañas publicitarias. Su fuerza reside precisamente en su sencillez.
Cada septiembre, cuando se abre la Puerta de Hierros y Albacete vuelve a vivir diez días prácticamente sin descanso, el chorizo y la morcilla regresan al interior del pan. En ese momento, el bocadillo de nombre imposible deja de ser una curiosidad y vuelve a convertirse en Feria.